El resultado de la elección presidencial
Con bastante antelación anticipamos un resultado estrecho, contrario a todas las encuestas que durante meses venían marcando un margen amplio a favor del candidato Martín Torrijos. En un momento dado, llegamos hasta a contradecir la encuesta CID/Gallup que acogíamos en nuestras páginas.
Cuando las encuestas empezaron a cambiar de rumbo, ya teníamos días de estar advirtiendo contra la tentación de un fraude que estimábamos más probable mientras más breve fuera la diferencia entre los punteros. En particular, destacamos el riesgo de que un escrutinio cuestionable pusiera en peligro la reversión del Canal.
Hasta que llegó el gran día, con los resultados conocidos, en el que el pueblo panameño fue la suprema estrella con su comportamiento excepcional, mientras que el Tribunal Electoral, por momentos, parecía justificar todas nuestras aprehensiones.
Demoras imperdonables en la entrega de credenciales de jurados de mesa, papeletas de votación mal confeccionadas, actas firmadas en blanco antes de anotar los resultados; y lo peor, la dilación imperdonable de la divulgación de los resultados parciales, igual que ocurrió con el referéndum de la reelección, so pretexto de que se afianzara una determinada tendencia.
Para quienes observamos el desarrollo de las últimas elecciones municipales en Taiwán, antesala de formación de candidatos presidenciales en ese país, nada anormal había en que el inmenso tablero electrónico del centro de cómputo, abierto a todo el mundo, publicara los resultados segundo a segundo, partiendo de cero. Allí estuvieron presentes los invitados panameños, Francisco Sánchez Cárdenas y Mitchel Doens, que fueron testigos.
Fue precisamente la retención injustificada de información por parte del tribunal lo que propició que algunas alianzas se adelantaran a revelar resultados incipientes que pudieron dañar un proceso que pese a todo se conducía bien. Por fortuna, bastó que con algún retraso el tribunal iniciara la transmisión de los resultados parciales para que todo se normalizara.
Otro aspecto afortunado fue el que los candidatos que no resultaran favorecidos con la victoria, Alberto Vallarino y Martín Torrijos, de inmediato reconocieran con hidalguía su derrota, felicitando a la hoy presidenta electa, Mireya Moscoso, dando un ejemplo de madurez política, que enriquece nuestra joven democracia.
En fin, ganó el pueblo y la democracia panameña que da así un paso gigante hacia los grandes retos y oportunidades del próximo siglo. Pero en cuanto a nuestras instituciones electorales, les queda aun por delante el desafío de modernizarse, democratizarse y perfeccionarse a un mejor ritmo y esencia.
Cuando las encuestas empezaron a cambiar de rumbo, ya teníamos días de estar advirtiendo contra la tentación de un fraude que estimábamos más probable mientras más breve fuera la diferencia entre los punteros. En particular, destacamos el riesgo de que un escrutinio cuestionable pusiera en peligro la reversión del Canal.
Hasta que llegó el gran día, con los resultados conocidos, en el que el pueblo panameño fue la suprema estrella con su comportamiento excepcional, mientras que el Tribunal Electoral, por momentos, parecía justificar todas nuestras aprehensiones.
Demoras imperdonables en la entrega de credenciales de jurados de mesa, papeletas de votación mal confeccionadas, actas firmadas en blanco antes de anotar los resultados; y lo peor, la dilación imperdonable de la divulgación de los resultados parciales, igual que ocurrió con el referéndum de la reelección, so pretexto de que se afianzara una determinada tendencia.
Para quienes observamos el desarrollo de las últimas elecciones municipales en Taiwán, antesala de formación de candidatos presidenciales en ese país, nada anormal había en que el inmenso tablero electrónico del centro de cómputo, abierto a todo el mundo, publicara los resultados segundo a segundo, partiendo de cero. Allí estuvieron presentes los invitados panameños, Francisco Sánchez Cárdenas y Mitchel Doens, que fueron testigos.
Fue precisamente la retención injustificada de información por parte del tribunal lo que propició que algunas alianzas se adelantaran a revelar resultados incipientes que pudieron dañar un proceso que pese a todo se conducía bien. Por fortuna, bastó que con algún retraso el tribunal iniciara la transmisión de los resultados parciales para que todo se normalizara.
Otro aspecto afortunado fue el que los candidatos que no resultaran favorecidos con la victoria, Alberto Vallarino y Martín Torrijos, de inmediato reconocieran con hidalguía su derrota, felicitando a la hoy presidenta electa, Mireya Moscoso, dando un ejemplo de madurez política, que enriquece nuestra joven democracia.
En fin, ganó el pueblo y la democracia panameña que da así un paso gigante hacia los grandes retos y oportunidades del próximo siglo. Pero en cuanto a nuestras instituciones electorales, les queda aun por delante el desafío de modernizarse, democratizarse y perfeccionarse a un mejor ritmo y esencia.