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El reto de educar para el cambio


El mundo está cambiando tan rápido que ya no es fácil predecir el futuro. Al que no está informado y actualizándose constantemente, la velocidad de los acontecimientos lo deja atrás.
Frente a esta realidad, ¿están nuestras universidades preparando profesionales que sean capaces de responder a los nuevos desafíos?
En diferentes ocasiones hemos escuchado y leído los cuestionamientos de la empresa privada sobre la preparación profesional de los egresados de universidades panameñas. En el mercado laboral son mejor cotizados los graduados de universidades extranjeras y es muy común ver a profesionales panameños trabajando en áreas distintas a las que estudiaron y por menos salario del que sus estudios demanda.
Para que los universitarios aprendan y manejen los conocimientos, técnicas y herramientas que los harán incursionar con éxito en este nuevo orden global se requiere lo que algunos han llamado la revolución del aprendizaje, donde se cambian y rediseñan los planes de estudio, las actitudes y valores de los que educan y de los educandos, y se aprenden y desaprenden metodologías de enseñanzas.
Esta revolución no se puede llevar a cabo a menos que los actores que intervienen en ella estén motivados y comprometidos a asumir el nuevo papel que les corresponde, principalmente los docentes, que deberán replantear el papel que desempeñan en la educación universitaria. Los profesores universitarios tendrán que responder a dos opciones: quedarse con los conocimientos y la información que poseen, los esquemas y estructuras tradicionales y su actual visión esquemática de la realidad, o bien permitir la entrada a nuevos métodos de aprendizaje, herramientas, conceptos y actitudes que les permitan buscar los valores y conocimientos que les den la posibilidad de descubrir nuevos paradigmas, de encontrar la excelencia académica y de educar profesionales de calidad.
Cuando se piensa en nuevos modelos para enfrentar los retos del siglo XXI, en cómo eliminar la pobreza y el desempleo en Panamá, en cómo mejorar la calidad de vida de los panameños, se buscan grandes tranformaciones en el principal recurso que tenemos, el humano.
Ello implica que las universidades, como centros de enseñanza, juegan un papel clave en el desarrollo futuro del país, al formar profesionales que deberán afrontar estas realidades.
Profesionales que además de la educación tradicional deberán ser formados para tomar decisiones en situaciones de desconocimiento, para ser capaces de conectarse y crear espacios para la innovación, la flexibilidad y la participación. Profesionales que piensen inteligentemente.
Es aquí donde la tecnología de lo obvio nos puede ayudar si revisamos lo que están haciendo universidades de éxito en la formación de profesionales.
Todavía estamos a tiempo de cerrar la brecha que existe entre lo que se enseña en las universidades y la realidd profesional. Por lo que es urgente que los estamentos universitarios acepten el más grande desafío que tienen: el cambio de actitudes y de pensamiento. Principalmente los docentes universitarios con voluntad y entusiasmo deberán asumir el reto de educar en tiempos de cambio.

101 años de Panamá América

 
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