El reto de una mejor educación
No le resto capacidad a la colega Lucy Molinar para enfrentar y resolver los problemas de la educación nacional. Tendrá ante sí una tarea por demás difícil, un escenario complicado y toda una gama de antecedentes que requieren de carácter, enjundia y fortaleza.
La pésima educación nacional que hoy tenemos no es más que el resultado de la suma de situaciones que vienen desde hace muchos años, quizás demasiados, y que por tanto, no son fáciles de resolver. La nueva ministra tendrá que revestirse incluso de mucho coraje y no perder la paciencia ante las provocaciones de los componentes del sector.
Ella mejor que nadie los conoce. En su función de periodista tuvo muchas veces enfrente a los actores de este complejo escenario y sabe que tanto docentes como educandos mantienen una lucha permanente por ser los protagonistas principales de un drama cuyo resultado es una educación de muy baja calidad.
Para nadie es un secreto que la enseñanza que se imparte en los planteles públicos, en la mayoría por no decir en todos, constituye una vergüenza nacional que incluso, ha salido muy mal parado en análisis que sobre el mismo han realizado organismos internacionales.
Es lógico suponer que entre las prioridades de este gobierno en materia educativa, debe estar elevar el nivel de la calidad de la enseñanza y para ello, deberá implementar medidas que garanticen que tendremos a docentes y educandos dispuestos a colaborar precisamente en ese mejoramiento integral de la educación.
El presidente de la República, Ricardo Martinelli, aceptó el compromiso de resolver los problemas en este sector y para ello ha confiado en la periodista Molinar. Estoy seguro que existe la mejor voluntad, un buen criterio y la decisión de sacar el tema educativo del sitio en que se encuentra y encaminarlo hacia senderos que a todos nos llene de orgullo.
Sin embargo, para ello se requerirá no solo de un gobierno empeñado en mejorar el sistema. Es importante que los padres de familia nos comprometamos también aportar nuestra parte; y de manera especial, es hora que la dirigencia de los docentes entiendan de una vez por todas que ya hemos llegado a extremos insostenibles y que ya está bueno de tanta intransigencia.