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El reto del desarrollo urbano


La ciudad de Panamá se ha convertido, en los últimos años, de una ciudad lineal tradicional a una metrópoli de más de un millón de habitantes, con un desarrollo cada vez más radio-concéntrico y con innumerables centros comerciales de tipo vecinal. ¿Qué elementos nuevos han transformado su estructura urbana, abriendo nuevas fronteras para su expansión? Entre otros, la construcción de los corredores norte y sur, que incorporaron nuevas tierras a su desarrollo y que concentraron vehículos en sus puntos terminales; la expansión del puerto de Balboa y la construcción del ferrocarril, que atraen y concentran movimientos de camiones con carga en sus recintos; la construcción del terminal de trasporte de pasajeros de Albrook; la construcción aledaña de un centro comercial y el traslado del Aeropuerto de Paitilla para esa área; y el desarrollo turístico de Fuerte Amador, visitado diariamente por un alto flujo de personas.
Ahora se proyecta un nuevo puente sobre el Canal, que hará fluir cientos de vehículos del interior, ingresando por un punto distinto del actual puente de las Américas y cuyo ingreso a la urbe habría que canalizar.
A esto hay que sumarle la incorporación al desarrollo de la ciudad de las nuevas áreas con viviendas, instalaciones y edificios de las tierras revertidas de la antigua zona del Canal, ampliada y mejorada con la construcción de nuevos centros comerciales, escuelas, colegios, y el traslado de la sede de un sinnúmero de instituciones del Estado y empresas de servicios públicos. También impactan desarrollos privados de gran envergadura como el complejo habitacional de Punta del Este y Punta Pacífica, así como la construcción de nuevos centros comerciales y grandes edificios en el centro de la ciudad.
Todo estos cambios e inversiones han transformado sustancialmente el movimiento y el tránsito vehicular de la ciudad, la valorización de las tierras y el cambio en el uso de la tierra y las densidades en los diferentes barrios.
Llegó la hora de sentarse, los profesionales con estudios y experiencias en desarrollo urbano, a analizar los nuevos escenarios y proyecciones que plantea la nueva ciudad, comenzando por un inventario de los reglamentos disponibles y su aplicación a la realidad actual.
Tenemos que anticiparnos a las necesidades futuras que demanda este nuevo desarrollo. Tenemos que revisar el trazado y capacidad de las calles y avenidas del área urbana; de las redes de agua y alcantarillado; las normas de regulación de las inversiones privadas y públicas; el uso de la tierra y las nuevas densidades. Debemos proyectar la solución y las necesidades del transporte público de pasajeros con diferentes modalidades, para un servicio rápido y seguro. También es necesario revisar el problema del tránsito vehicular, el sistema de semáforos y los horarios de las diferentes actividades.
Se hace imperativo revisar la zonificación de la ciudad, en lo concerniente al uso de la tierra, normas y reglamentos, densidades de las edificaciones, estacionamientos, áreas libres para parques, plazas y campos de juego, paseos y jardines; y normas e incentivos para la rehabilitación y recuperación de barrios antiguos históricos en estado decadente. Esto debe ir acoplado con normas sanitarias para el saneamiento de la ciudad, de la bahía y la protección del medio ambiente urbano. Todo esto se debe hacer para acoplarlo y ajustarlo a los nuevos escenarios, producto de la transformación que ha tenido la ciudad en los últimos años para ajustar los reglamentos a las nuevas realidades.
Ante estos nuevos retos de una ciudad dinámica, no solamente habría que elaborar un plan regulador y ajustar la zonificación y las normas, sino también elevar la jerarquía del organismo responsable por el desarrollo urbano de las ciudades.
Como es sabido, por muchos años el control del desarrollo urbano es la responsabilidad de un departamento del Ministerio de Vivienda, que le ha dado prioridad a la búsqueda de soluciones al enorme problema del déficit habitacional de la población de bajos recursos económicos, pero ha minimizado el papel y limitado los recursos para tan importante función, como es el control y la regulación del desarrollo urbano de las ciudades. Ahora es pedirle peras al olmo, porque sabemos que todos los esfuerzos se concentran en las próximas elecciones. Sin embargo, entre las prioridades de la próxima administración debe estar reforzar este organismo con recursos y darle plena autonomía, si no queremos que nos alcance el desorden de una ciudad sin norte ni guía.
*El autor tiene maestría en Planificación Urbana y Regional.

101 años de Panamá América

 
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