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El reto a la corrupción pública en Panamá


La corrupción pública en Panamá no estriba sólo en la malversación de los fondos públicos, también el abuso de autoridad, las malas aplicaciones de las leyes, las injusticias, el padrinazgo, la indiferencia, la complicidad y la incoherencia en los asuntos bilaterales sin consultarlos a la voluntad nacional.
Los patrimonios de la nación nos pertenecen a todos y no a los que ostentan el poder público de manera transitoria. No tienen que manejarse a título personal, ideológico y prepotencial sino bajo consulta popular sin comprometer la soberanía y la dignidad nacional llevando siempre en cuenta el futuro de la nación y su población. Nadie puede ser más patriota y soberano que toda la población de un país. La corrupción pública tiene su origen y su nido lamentablemente en el ambiente político de nuestro país. A pesar que la actividad política en su filosofía es tan ingenua, inofensiva tan imprescindible para el destino y el desarrollo de la nación está en su más bajo nivel de confianza, estima y credibilidad nacional, ello no se debe a la política en sí, sino a los malos y corruptos políticos que la han convertido en un botín de conveniencias políticas deshonestas haciendo de la patria una especie de finca privada para algunos sectores de la sociedad política social, económica y familiar, es decir la culpa no es de la patria sino de los políticos corruptos que con su poder se dan a la tarea de quitar y poner a los que a ellos les conviene dentro de los gobiernos para que le sirvan a sus intereses y no a los de la patria.
Es infantil creer que las grandes sumas de dinero en política se hacen por amor a la nación. Todo ello lo vienen haciendo para mantener sus grandes privilegios y llegar a pactos con quien gane el poder a fin de recuperar mucho más el dinero invertido, con ello dominan directa o indirectamente a los gobiernos de turno a la patria y a su población políticamente. No podemos obviar esa triste realidad donde siempre el que pierde es la patria y los sectores marginados, sino fuera por ello, nadie se preocuparía en una reelección y la perpetuidad en un cargo público. Igual viene sucediendo en los casos de la justicia, en los procesos jurídicos con las audiencias lentas y tardías, sobretodo con los pobres a quienes retienen por largo tiempo, mientras a los que han robado al Estado millones se pasean campantemente en el país y el exterior.
Por otro lado escuchamos a los candidatos presidenciales y alcaldicios pregonar planes y programas de gobierno muy humanos, sociales y patrióticos muy bonitos en su expresión, pero cínicos en su respuesta cuando seguimos viendo a través de los años la misma indiferencia con los sectores marginados de la agroindustria, la ganadería, las pequeñas empresas los caminos de penetración para sacar sus productos el alto costo de los insumos, falta de equipos de trabajo y de mercados dignos debido al monopolio de los grandes capitales. Todos esos motivos dan margen a la corrupción moral, económica, política, judicial, legislativa y gubernamental. Somos conscientes que a veces la imagen deshonesta de un presidente no viene de él, sino de su burocracia tanto política como familiar., por lo tanto cada candidato a elección popular debe acompañarse de elementos con autoridad moral para ganarse la confianza del pueblo panameño en el próximo torneo electoral.
Una manera de ir erradicando la corrupción nacional, es que todo gobierno se proponga al costo que sea, castigar de manera severa y ejemplar a todo aquél que cometa faltas deshonestas en contra de la sociedad, la administración pública y la patria no importa si pertenezca a su rol político, social o familiar, de lo contrario seguirá siendo cómplice e incubridor de los políticos corruptos del país.

101 años de Panamá América

 
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