El reto: la educación
Para América Latina la década de los setenta fue la de los derechos humanos; la de los ochenta con intenciones de un desarrollo, y la de los noventa, la de integración.
La próxima pareciese ser la de la educación; afirmamos esto debido a que la bibliografía revisada de organismos internacionales, organizaciones no gubernamentales y literatura política, incluso, apuntan hacia ella.
A la vez, a pocas áreas se le ha prestado menos atención práctica desde el punto de vista presupuestario y profesional, que a lo que tiene que ver con la enseñanza en sus diferentes niveles.
Hoy por hoy, no cabe duda que la educación es un todo completo y si antes la exhibición de altos porcentajes de alfabetización era motivo de orgullo, esos simples índices ya quedaron relativizados.
Hoy no basta saber leer y escribir, sino que hay que completar ciclos técnicos, profesionales, especializados académicos o universitarios, para enfrentar un mundo que nos es cada vez más cercano, globalizado y duramente competitivo.
En el año de 1972, Robert McNamara, en ese entonces presidente del Banco Mundial, señaló en Copenhague "No existe ningún obstáculo material a una solución nacional mesurada y progresiva de los problemas de desarrollo, los obstáculos están en las mentes de los hombres".
Por su parte, en su oportunidad, el Presidente de la Federación Nacional de Industrias Japonesas Toshiwo Doko le expresó a unas periodistas en New York: "Nosotros no tenemos ningún recurso natural, ningún poderío militar. Sólo tenemos un recurso: la capacidad de invención de nuestros cerebros. Esta es ilimitada. Hay que desarrollarla. Hay que educarla, adiestrar, equipar.
Esa potencia cerebral llegará a ser por la fuerza de las cosas, en un futuro próximo, el bien común más preciado y más creador de la humanidad entera".
Vemos, pues, que el problema es de vieja data, sin embargo aún no se enfrenta cabalmente (infraestructura, personal docente, presupuesto, etc.)
Mayor relevancia cobra aún, cuando es contundente y claro que la fractura de los países pobres y los ricos, sigue estando, sobre todo, en las posibilidades de acceso a la educación.
La deserción, el abandono antes de culminar e incluso, la falta de oportunidades laborales después de haber terminado una formación sigue siendo aspectos negativos que pululan en nuestra América.
Atacar estas deficiencias en el próximo decenio, es una prioridad y a que si bien las 3 necesidades básicas de todo ser humano son la salud, educación, alimentación todas dependen de la educación, ya que por medio de ella se puede lograr soluciones a los males de la primera y a las necesidades de la otra, así como a las cuestiones económicas, sociales y culturales.
Además es el único instrumento que permite enfrentar el desarrollo y la competitividad.
La próxima pareciese ser la de la educación; afirmamos esto debido a que la bibliografía revisada de organismos internacionales, organizaciones no gubernamentales y literatura política, incluso, apuntan hacia ella.
A la vez, a pocas áreas se le ha prestado menos atención práctica desde el punto de vista presupuestario y profesional, que a lo que tiene que ver con la enseñanza en sus diferentes niveles.
Hoy por hoy, no cabe duda que la educación es un todo completo y si antes la exhibición de altos porcentajes de alfabetización era motivo de orgullo, esos simples índices ya quedaron relativizados.
Hoy no basta saber leer y escribir, sino que hay que completar ciclos técnicos, profesionales, especializados académicos o universitarios, para enfrentar un mundo que nos es cada vez más cercano, globalizado y duramente competitivo.
En el año de 1972, Robert McNamara, en ese entonces presidente del Banco Mundial, señaló en Copenhague "No existe ningún obstáculo material a una solución nacional mesurada y progresiva de los problemas de desarrollo, los obstáculos están en las mentes de los hombres".
Por su parte, en su oportunidad, el Presidente de la Federación Nacional de Industrias Japonesas Toshiwo Doko le expresó a unas periodistas en New York: "Nosotros no tenemos ningún recurso natural, ningún poderío militar. Sólo tenemos un recurso: la capacidad de invención de nuestros cerebros. Esta es ilimitada. Hay que desarrollarla. Hay que educarla, adiestrar, equipar.
Esa potencia cerebral llegará a ser por la fuerza de las cosas, en un futuro próximo, el bien común más preciado y más creador de la humanidad entera".
Vemos, pues, que el problema es de vieja data, sin embargo aún no se enfrenta cabalmente (infraestructura, personal docente, presupuesto, etc.)
Mayor relevancia cobra aún, cuando es contundente y claro que la fractura de los países pobres y los ricos, sigue estando, sobre todo, en las posibilidades de acceso a la educación.
La deserción, el abandono antes de culminar e incluso, la falta de oportunidades laborales después de haber terminado una formación sigue siendo aspectos negativos que pululan en nuestra América.
Atacar estas deficiencias en el próximo decenio, es una prioridad y a que si bien las 3 necesidades básicas de todo ser humano son la salud, educación, alimentación todas dependen de la educación, ya que por medio de ella se puede lograr soluciones a los males de la primera y a las necesidades de la otra, así como a las cuestiones económicas, sociales y culturales.
Además es el único instrumento que permite enfrentar el desarrollo y la competitividad.