El Rey ha muerto, viva el Rey
En democracia, al igual que en la monarquía, quienes detentan el poder, aunque no lo crean, tienen una vida relativamente solitaria. En parte, porque resulta difícil separar las amistades de conveniencia de las sinceras y porque, generalmente, el círculo de influencia que rodea al mandatario, por celos o intereses personales, no permite la entrada de amistades sinceras.
No obstante, existe una gran diferencia entre ambos sistemas políticos. En el primero, el poder se detenta por un tiempo determinado de años y, en el segundo, es vitalicio.
Por eso resulta importante estar muy claro en algo que los gobernantes de turno, en las democracias, usualmente olvidan. Primero, que la mayoría de las supuestas amistades desaparecerán en el momento que pierda su autoridad; y segundo, que se debe actuar y legislar siempre pensando en cómo se afectará su propia vida cuando no se ostente el poder.
Teniendo claras esas dos premisas, la salida del palacio será menos decepcionante.
Estamos en vísperas de elecciones y, a medida que pasa el tiempo, todas las luces, las cámaras, las alabanzas y las atenciones irán polarizándose en las futuras figuras presidenciables. Cuando intense la campaña, los candidatos(as) de su propio partido tratarán de alejarse para no "contaminarse" de cualquiera percepción de corrupción o de los efectos negativos de lo que hizo mal o lo que se dejó de hacer. Después de las elecciones de mayo y durante el período previo a la entrega del poder, conocido como "Lame Dog" por los anglosajones, la situación se torna más triste, pues los funcionarios responderán sólo al "elegido(a)". Pienso que para entonces el presidente estará muy feliz de haber reducido el anterior periodo de transición de mando.
Cuando el presidente Endara expresó en el 1994 que le picaban los pies por salir del Palacio de las Garzas, no fue porque no le gustaba ostentar el poder, de ser así no hubiese tenido aspiraciones en el 2004 y ahora en el 2009, sino por la triste realidad de la estampida de funcionarios y supuestas amistades.
La naturaleza humana es ir donde hay alguna posibilidad de solución a sus problemas y, por lo tanto, entiendo a quienes creen que pueden resolver en alguna forma sus necesidades más apremiantes. Pero cómo se justifican quienes ya tienen de sobra resueltas sus necesidades y siguen sin escrúpulos buscando mantener a toda costa su cuota de influencia; ésos, como los miembros de las cortes monárquicas, gritarán en mayo: "El rey a muerto, viva el Rey".