El Rincón de Adelita Del SUNTRACS y otras aspiraciones
Pocas cosas son más dolorosas que perder poder. Eso es lo que pareciera ocurrir con el Sindicato Único de Trabajadores de la Construcción y Similares, SUNTRACS. El nacimiento de un nuevo sindicato les pone los pelos de punta. No es para menos. Sus líderes rescataron los derechos de los trabajadores a finales de la década del ochenta y hasta hoy han sabido defenderlos. Tarea nada fácil.
Los afiliados al SUNTRACS reciben salarios más altos a quienes prefieren mantener su independencia. Sus dirigentes se preocupan para que reciban el equipo de seguridad necesario y que los patronos estén al día con la cuota del Seguro Social. De igual forma, sus cabecillas son gestores de convenciones colectivas, una útil plataforma para poner las reglas de juego en claro en la industria de la construcción.
Los empresarios han tratado por muchos años con el SUNTRACS. Prácticamente las negociaciones se tornan de rutina, el Ministerio de Trabajo toma papel de mediador y solo eso. Cada cierto tiempo, las mismas caras son las que "pelean" con distintos ejecutivos al renovar la convención colectiva. Ya se conocen el estilo, después de todo son 17 años consecutivos en que Genaro y Saúl se han reelecto.
Con este boom en la construcción, me detuve a conversar con algunos obreros para saber qué piensan. A decir verdad, la mayoría aprobaba el trabajo de sus dirigentes. Aprecian el trabajo de sus representantes cuando consiguen, aunque sea, dos o tres centavos a su favor. Decían que mientras tengan trabajo y cobren un poco más que el resto todo estaba bien. Así es, los obreros están preocupados por el pan de cada día, les vale un pito la filosofía o ideología que manifiestan sus representantes en los medios de comunicación.
Aquellos discursos en contra del modelo neoliberal, que se jactan de pronunciar sus dirigentes, les son totalmente indiferentes. En general, desconocen el discurso de sus dirigentes, ni suenan interesados en entenderlo. "Cada uno tiene derecho a pensar lo que quiera", me dijo el obrero. Es decir, la tendencia de los dirigentes está muy alejada del pensamiento de la mayoría de los afiliados.
¿Qué tiene que ver una reforma constitucional, o las políticas económicas neoliberales con la afiliación a un sindicato? La fuerza del sindicato ha motivado a sus líderes a buscar nuevos horizontes, esta vez de corte político. Es ahí donde el sindicato se le "sale de las manos" al gobierno.
No hay duda que se trata de una organización masiva con poder económico. Son más de 50 mil afiliados, activos registran más de 23 mil. A cada obrero se le descuentan dos centavos por cada dólar que gana que se van al sindicato. Multiplique. Un ayudante puede ganar al mes como 180 dólares después de todos los descuentos. Los profesionales empiezan en 250 dólares. Sueldos que no esconden miseria. No obstante, desde el momento en que el discurso se considera ofensivo y político, los papeles cambian. Ya no se defienden los derechos netos de los asalariados, en vez, se busca imponer un sistema que, según ellos, beneficie a las masas. Son patrones de comportamiento imitados de otros países en donde han tenido éxito.
Un dirigente, después haber escalado a todo lo alto, ahora busca insertarse en otro espacio. Un modelo político sostenido por la popularidad y los logros alcanzados. Un apoyo sindical que tuerce los logros en ideologías, pero que a la vez, sin el sindicato pierde fuerza. Un círculo vicioso. Al final, cada cual tiene derecho a aspirar por cualquier lineamiento político; pero entonces definámonos, o son dirigentes o buscan poder político.
Al verse presionados por la existencia de un nuevo sindicato, el amarillo como le llaman, el SUNTRACS reclama terreno en todos lados y presiona su pertenencia. Sienten que son los que han logrado el mérito porque han sabido luchar por mejores beneficios para los obreros, y ahora otros buscan beneficiarse de esta batalla.
El sindicato amarillo pudiera ser una estrategia del gobierno para debitar al SUNTRACS. Pero es probable que surja como resultado de la suspicacia de algunos ex agremiados que reclaman auditorías y más democracia en el gremio. No sería justo pensar que a un obrero se le obligue a afiliarse a determinado sindicato, sea cual sea éste, sin darle derecho a escoger. Tampoco sería justo que el gobierno obligara a los nuevos inversionistas a contratar únicamente trabajadores de determinado sindicato.
El reto radica en la tolerancia. Respeto a todas las ideas o pensamientos políticos. Pero el desafió más importante es educar a la población, darle las herramientas necesarias para analizar, disentir o aprobar los discursos de quienes buscan poder político; centro, izquierdista o derechista. De esa forma, los panameños podremos estar al tanto de las verdaderas razones que ocultan quienes desean poder sin importar la arenga que suelte.
Los afiliados al SUNTRACS reciben salarios más altos a quienes prefieren mantener su independencia. Sus dirigentes se preocupan para que reciban el equipo de seguridad necesario y que los patronos estén al día con la cuota del Seguro Social. De igual forma, sus cabecillas son gestores de convenciones colectivas, una útil plataforma para poner las reglas de juego en claro en la industria de la construcción.
Los empresarios han tratado por muchos años con el SUNTRACS. Prácticamente las negociaciones se tornan de rutina, el Ministerio de Trabajo toma papel de mediador y solo eso. Cada cierto tiempo, las mismas caras son las que "pelean" con distintos ejecutivos al renovar la convención colectiva. Ya se conocen el estilo, después de todo son 17 años consecutivos en que Genaro y Saúl se han reelecto.
Con este boom en la construcción, me detuve a conversar con algunos obreros para saber qué piensan. A decir verdad, la mayoría aprobaba el trabajo de sus dirigentes. Aprecian el trabajo de sus representantes cuando consiguen, aunque sea, dos o tres centavos a su favor. Decían que mientras tengan trabajo y cobren un poco más que el resto todo estaba bien. Así es, los obreros están preocupados por el pan de cada día, les vale un pito la filosofía o ideología que manifiestan sus representantes en los medios de comunicación.
Aquellos discursos en contra del modelo neoliberal, que se jactan de pronunciar sus dirigentes, les son totalmente indiferentes. En general, desconocen el discurso de sus dirigentes, ni suenan interesados en entenderlo. "Cada uno tiene derecho a pensar lo que quiera", me dijo el obrero. Es decir, la tendencia de los dirigentes está muy alejada del pensamiento de la mayoría de los afiliados.
¿Qué tiene que ver una reforma constitucional, o las políticas económicas neoliberales con la afiliación a un sindicato? La fuerza del sindicato ha motivado a sus líderes a buscar nuevos horizontes, esta vez de corte político. Es ahí donde el sindicato se le "sale de las manos" al gobierno.
No hay duda que se trata de una organización masiva con poder económico. Son más de 50 mil afiliados, activos registran más de 23 mil. A cada obrero se le descuentan dos centavos por cada dólar que gana que se van al sindicato. Multiplique. Un ayudante puede ganar al mes como 180 dólares después de todos los descuentos. Los profesionales empiezan en 250 dólares. Sueldos que no esconden miseria. No obstante, desde el momento en que el discurso se considera ofensivo y político, los papeles cambian. Ya no se defienden los derechos netos de los asalariados, en vez, se busca imponer un sistema que, según ellos, beneficie a las masas. Son patrones de comportamiento imitados de otros países en donde han tenido éxito.
Un dirigente, después haber escalado a todo lo alto, ahora busca insertarse en otro espacio. Un modelo político sostenido por la popularidad y los logros alcanzados. Un apoyo sindical que tuerce los logros en ideologías, pero que a la vez, sin el sindicato pierde fuerza. Un círculo vicioso. Al final, cada cual tiene derecho a aspirar por cualquier lineamiento político; pero entonces definámonos, o son dirigentes o buscan poder político.
Al verse presionados por la existencia de un nuevo sindicato, el amarillo como le llaman, el SUNTRACS reclama terreno en todos lados y presiona su pertenencia. Sienten que son los que han logrado el mérito porque han sabido luchar por mejores beneficios para los obreros, y ahora otros buscan beneficiarse de esta batalla.
El sindicato amarillo pudiera ser una estrategia del gobierno para debitar al SUNTRACS. Pero es probable que surja como resultado de la suspicacia de algunos ex agremiados que reclaman auditorías y más democracia en el gremio. No sería justo pensar que a un obrero se le obligue a afiliarse a determinado sindicato, sea cual sea éste, sin darle derecho a escoger. Tampoco sería justo que el gobierno obligara a los nuevos inversionistas a contratar únicamente trabajadores de determinado sindicato.
El reto radica en la tolerancia. Respeto a todas las ideas o pensamientos políticos. Pero el desafió más importante es educar a la población, darle las herramientas necesarias para analizar, disentir o aprobar los discursos de quienes buscan poder político; centro, izquierdista o derechista. De esa forma, los panameños podremos estar al tanto de las verdaderas razones que ocultan quienes desean poder sin importar la arenga que suelte.