El Rincón de Adelita Historias de un "traqueto"
La vida de los narcotraficantes llama la atención de muchos. Los medios no acaban de describir con lujo de detalle la suntuosidad que caracteriza sus propiedades, las grandes sumas de dinero que manejan y las mujeres que los acompañaban. En su mayoría son trayectorias cargadas de escaramuzas para evitar morir en manos de sus rivales.
Es por esto que la captura del supuesto narco José Nelson Urrego en la isla de Chapera no ha sido la excepción. He aquí parte de su historia.
En el paradisíaco Archipiélago de Las Perlas sobresale un pedazo de tierra en cuya cima resalta una casa con piscina y jacuzzi. Era la residencia de Urrego.
De estructura rectangular con acento colonial, puertas de madera trabajadas y gran comodidad, el colombiano con cédula panameña, vivía la mayor parte del tiempo con su novia Marisol Plaza Torres. Una jovencita simpática entre los veinte, que aparentemente era la que firmaba las cuentas bancarias de su enamorado.
El jardín de la casa era exacto para contener el helicóptero del SAN que piloteaban Durán y Delgado. Fue así como la Fiscalía Primera de Drogas pudo efectuar el allanamiento a la propiedad, que a diferencia de otros capos no ostentaba grandes lujos. Tal vez el más grande yacía en la naturaleza del sitio.
La recámara principal está pintada de azul claro y tiene muebles de madera rústica. La cama "King size" pegada a la pared tiene en frente un televisor plasma que guinda del techo. A lado, el equipo de pesas que engrosó sus músculos, la hace de tendedero. Muy cerca de la cama de masaje, las autoridades encontraron un equipo de comunicación satelital que al parecer no tuvo tiempo de instalar.
En su closet cuadrado cinco hileras con una variedad inmensa de anzuelos daban cuenta de su afición por la pesca y el buceo.
La clásica caleta la ubicaron en una de las cinco habitaciones de la residencia camuflada con un techo de madera. Permanecía vacía al momento de hacer la diligencia oficial.
Urrego, de 53 años, lo describen sus empleados como un tipo conversador, buena gente. Escuchaba música de Tito Nieves, Tito Rojas, y La India, entre otros. "Le gustaba comer pescado frito, todo tipo de pescado le gustaba" me dijo la cocinera, pero agregó que no le tocó preparar comida para grandes pachangas como acostumbran a celebrar los hombres de su estilo.
Al parecer la intención de Urrego era vender la isla en lotes y
o iniciar el complejo turístico. Algunos expertos consideran que el metro cuadrado hoy puede alcanzar hasta los 400 dólares. Una fuente que solicitó anonimato, comentó que el colombiano supuestamente pagó 70 dólares por metro al comprar la isla (2002). Todo este tiempo vivió ahí sin que nadie le hiciera sombra. El horizonte era claro, el mar turquesa estaba a sus pies y un telescopio lo mantenía al tanto de lo que ocurría en cielo, mar y tierra.
Con su improvisación trató de justificar, ante un guardia, los artículos de comunicación que delataban su actividad, además de un libro sobre Los Rodríguez Orejuela, otros capos colombianos. Le dijo a la uniformada que se dedicaba a comprar artículos de narcos en subastas panameñas y los vendía en Estados Unidos. Daba la apariencia de "navegar con bandera de bobo", añadió la uniformada.
Con esa facha logró abrir varias sociedades anónimas en el istmo que le servían para enmascarar sus operaciones. Movió doce millones de dólares en el sistema bancario panameño, que al parecer, ahora se encuentran en bancos de Estados Unidos y en Islas Canarias, España.
Nelson, quien había sido condenado en 1998, estaba consciente de que a todo "traqueto", como se apoda a los narcos en su tierra, le llega su fin.
Urrego se estableció en Panamá, después de abandonar la prisión de Picota en la ciudad de Bogotá, Colombia, donde cumplió una pena por enriquecimiento ilícito. Tras las rejas, según cita el periodista Gerardo Reyes de la cadena Caracol, "conoció a Yesid Arteta, un importante miembro de las FARC que también había sido capturado, así como a Femey Tovar, un supuesto mensajero de las FARC que ocasionalmente visitaba a Arteta".
En su artículo el periodista colombiano narra la relación de Nelson con la DEA: "funcionarios federales estadounidenses, (..) dijeron que desde la prisión Urrego primeramente ofreció sus contactos de las FARC para sacar cocaína desde las franjas controladas por ellos para ser enviada a Estados Unidos". Agrega el colega, que después de haber sido liberado, ofreció un contrato de teléfonos de satélite que permiten hacer llamadas desde los lugares más remotos sin dejar rastro.
Fue así como el especialista en comunicaciones, que aparentemente hacía la coordinación de embarques de 10 a 15 toneladas de cocaína al mes para el Cartel del Norte, fungió como pieza clave en la operación de espionaje. "Con la cooperación de un narcotraficante, funcionarios norteamericanos colocaron varios teléfonos satelitales, supuestamente imposibles de ubicar, en manos de las FARC, las guerrillas colombianas y luego escucharon sus conversaciones", agrega el relato.
El texto añade que "Tovar envió un mensajero para recoger los cuatro teléfonos en Panamá. Al regreso, uno de los teléfonos fue confiscado por la aduana colombiana. Tovar se quedó con uno y dio los otros a unos comandantes de las FARC conocidos como Orlando Porcelana y José Cabrera Cuevas".
Una vez más revivió su lección. El que llegó a vivir en el paraíso, recuerda su libertad entre los barrotes.
Es por esto que la captura del supuesto narco José Nelson Urrego en la isla de Chapera no ha sido la excepción. He aquí parte de su historia.
En el paradisíaco Archipiélago de Las Perlas sobresale un pedazo de tierra en cuya cima resalta una casa con piscina y jacuzzi. Era la residencia de Urrego.
De estructura rectangular con acento colonial, puertas de madera trabajadas y gran comodidad, el colombiano con cédula panameña, vivía la mayor parte del tiempo con su novia Marisol Plaza Torres. Una jovencita simpática entre los veinte, que aparentemente era la que firmaba las cuentas bancarias de su enamorado.
El jardín de la casa era exacto para contener el helicóptero del SAN que piloteaban Durán y Delgado. Fue así como la Fiscalía Primera de Drogas pudo efectuar el allanamiento a la propiedad, que a diferencia de otros capos no ostentaba grandes lujos. Tal vez el más grande yacía en la naturaleza del sitio.
La recámara principal está pintada de azul claro y tiene muebles de madera rústica. La cama "King size" pegada a la pared tiene en frente un televisor plasma que guinda del techo. A lado, el equipo de pesas que engrosó sus músculos, la hace de tendedero. Muy cerca de la cama de masaje, las autoridades encontraron un equipo de comunicación satelital que al parecer no tuvo tiempo de instalar.
En su closet cuadrado cinco hileras con una variedad inmensa de anzuelos daban cuenta de su afición por la pesca y el buceo.
La clásica caleta la ubicaron en una de las cinco habitaciones de la residencia camuflada con un techo de madera. Permanecía vacía al momento de hacer la diligencia oficial.
Urrego, de 53 años, lo describen sus empleados como un tipo conversador, buena gente. Escuchaba música de Tito Nieves, Tito Rojas, y La India, entre otros. "Le gustaba comer pescado frito, todo tipo de pescado le gustaba" me dijo la cocinera, pero agregó que no le tocó preparar comida para grandes pachangas como acostumbran a celebrar los hombres de su estilo.
Al parecer la intención de Urrego era vender la isla en lotes y
o iniciar el complejo turístico. Algunos expertos consideran que el metro cuadrado hoy puede alcanzar hasta los 400 dólares. Una fuente que solicitó anonimato, comentó que el colombiano supuestamente pagó 70 dólares por metro al comprar la isla (2002). Todo este tiempo vivió ahí sin que nadie le hiciera sombra. El horizonte era claro, el mar turquesa estaba a sus pies y un telescopio lo mantenía al tanto de lo que ocurría en cielo, mar y tierra.
Con su improvisación trató de justificar, ante un guardia, los artículos de comunicación que delataban su actividad, además de un libro sobre Los Rodríguez Orejuela, otros capos colombianos. Le dijo a la uniformada que se dedicaba a comprar artículos de narcos en subastas panameñas y los vendía en Estados Unidos. Daba la apariencia de "navegar con bandera de bobo", añadió la uniformada.
Con esa facha logró abrir varias sociedades anónimas en el istmo que le servían para enmascarar sus operaciones. Movió doce millones de dólares en el sistema bancario panameño, que al parecer, ahora se encuentran en bancos de Estados Unidos y en Islas Canarias, España.
Nelson, quien había sido condenado en 1998, estaba consciente de que a todo "traqueto", como se apoda a los narcos en su tierra, le llega su fin.
Urrego se estableció en Panamá, después de abandonar la prisión de Picota en la ciudad de Bogotá, Colombia, donde cumplió una pena por enriquecimiento ilícito. Tras las rejas, según cita el periodista Gerardo Reyes de la cadena Caracol, "conoció a Yesid Arteta, un importante miembro de las FARC que también había sido capturado, así como a Femey Tovar, un supuesto mensajero de las FARC que ocasionalmente visitaba a Arteta".
En su artículo el periodista colombiano narra la relación de Nelson con la DEA: "funcionarios federales estadounidenses, (..) dijeron que desde la prisión Urrego primeramente ofreció sus contactos de las FARC para sacar cocaína desde las franjas controladas por ellos para ser enviada a Estados Unidos". Agrega el colega, que después de haber sido liberado, ofreció un contrato de teléfonos de satélite que permiten hacer llamadas desde los lugares más remotos sin dejar rastro.
Fue así como el especialista en comunicaciones, que aparentemente hacía la coordinación de embarques de 10 a 15 toneladas de cocaína al mes para el Cartel del Norte, fungió como pieza clave en la operación de espionaje. "Con la cooperación de un narcotraficante, funcionarios norteamericanos colocaron varios teléfonos satelitales, supuestamente imposibles de ubicar, en manos de las FARC, las guerrillas colombianas y luego escucharon sus conversaciones", agrega el relato.
El texto añade que "Tovar envió un mensajero para recoger los cuatro teléfonos en Panamá. Al regreso, uno de los teléfonos fue confiscado por la aduana colombiana. Tovar se quedó con uno y dio los otros a unos comandantes de las FARC conocidos como Orlando Porcelana y José Cabrera Cuevas".
Una vez más revivió su lección. El que llegó a vivir en el paraíso, recuerda su libertad entre los barrotes.