El robo del Parque Omar
No es la primera vez que se habla del tema y nada se hace. Pueda ser que esta vez sea diferente. Si se hiciera, se enviaría un mensaje oportuno al resto de la comunidad, de que la justicia no es sólo contra los pobres, mientras los ricos son intocables frente a cualquier falta o delito. En buena medida, una ley de aplicación selectiva, en perjuicio de los que menos tienen, es lo que viene conduciendo al país a la degradación. La corrupción, la criminalidad y la inversión de valores, han carcomido la confianza ciudadana en sus instituciones.
Según el Despacho de la Primera Dama de la Nación, Vivian de Torrijos, son cinco las hectáreas usurpadas por los vecinos al Parque Omar, ese precioso lugar de esparcimiento de la ciudad capital, de los pocos que tiene, por no decir el único. Según la misma fuente, a precios del mercado, esa superficie tendría un valor de B/. 15 millones. Con semejante cantidad de dinero se podría construir 15 mil viviendas populares, en más de 100 barriadas como las de Prados del Este, pero bien construidas.
Lo que han hecho al parque no es viveza, ni gracioso, es un crimen contra los más pobres y, por ende, contra la tranquilidad y seguridad del país, porque tenemos más de un millón de compatriotas pobres, de los cuales la mitad, o sea medio millón, no tiene siquiera un balboa al día para comer, y se alimentan de basura. Algunos de los últimos -sin justificarlos- son los que salen a asaltar, matar y robar. Total -dirán- "los ricos, a quienes sobra el dinero, hacen lo mismo". Y al robar al parque roban indirectamente al pobre ese balboa diario que necesita para comer.
La mayoría de la gente que vive en torno al Parque Omar es gente pudiente, que puede pagar por el terreno usurpado. No son precaristas sin tierra. Y a éstos se les echa la Policía. Hay veces que nuestra gente con recursos no da el ejemplo y se comporta de lo peor, como cuando roba luz o esquilma las horas extras a un obrero. Todo el mundo sabe que, tradicionalmente, quienes más "cangrejos" o conexiones eléctricas ilícitas tienen, son residentes de Punta Paitilla y similares. Y al hacerlo, elevan los costos de operación a las distribuidoras las cuales terminan encareciendo la energía al resto de los que no tiene ni para comer. La riqueza entraña responsabilidad social; y lo que está en juego es la paz y la tranquilidad, para que no se vaya en guardaespaldas.
Por eso, nos gustaría que la Primera Dama pase del dicho al hecho. Que comisione al Secretario Anticorrupción, Cristóbal Arboleda, para que presente las denuncias por hurto inmobiliario y para que, simultáneamente, promueva las demandas ordinarias o los procesos por bienes ocultos que correspondan, para cobrar el valor de lo usurpado y el tiempo de uso del bien público.
Según el Despacho de la Primera Dama de la Nación, Vivian de Torrijos, son cinco las hectáreas usurpadas por los vecinos al Parque Omar, ese precioso lugar de esparcimiento de la ciudad capital, de los pocos que tiene, por no decir el único. Según la misma fuente, a precios del mercado, esa superficie tendría un valor de B/. 15 millones. Con semejante cantidad de dinero se podría construir 15 mil viviendas populares, en más de 100 barriadas como las de Prados del Este, pero bien construidas.
Lo que han hecho al parque no es viveza, ni gracioso, es un crimen contra los más pobres y, por ende, contra la tranquilidad y seguridad del país, porque tenemos más de un millón de compatriotas pobres, de los cuales la mitad, o sea medio millón, no tiene siquiera un balboa al día para comer, y se alimentan de basura. Algunos de los últimos -sin justificarlos- son los que salen a asaltar, matar y robar. Total -dirán- "los ricos, a quienes sobra el dinero, hacen lo mismo". Y al robar al parque roban indirectamente al pobre ese balboa diario que necesita para comer.
La mayoría de la gente que vive en torno al Parque Omar es gente pudiente, que puede pagar por el terreno usurpado. No son precaristas sin tierra. Y a éstos se les echa la Policía. Hay veces que nuestra gente con recursos no da el ejemplo y se comporta de lo peor, como cuando roba luz o esquilma las horas extras a un obrero. Todo el mundo sabe que, tradicionalmente, quienes más "cangrejos" o conexiones eléctricas ilícitas tienen, son residentes de Punta Paitilla y similares. Y al hacerlo, elevan los costos de operación a las distribuidoras las cuales terminan encareciendo la energía al resto de los que no tiene ni para comer. La riqueza entraña responsabilidad social; y lo que está en juego es la paz y la tranquilidad, para que no se vaya en guardaespaldas.
Por eso, nos gustaría que la Primera Dama pase del dicho al hecho. Que comisione al Secretario Anticorrupción, Cristóbal Arboleda, para que presente las denuncias por hurto inmobiliario y para que, simultáneamente, promueva las demandas ordinarias o los procesos por bienes ocultos que correspondan, para cobrar el valor de lo usurpado y el tiempo de uso del bien público.