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El salario mínimo


NO EXISTE duda alguna de que el costo de la vida ha tenido un aumento sustancial para todas las personas, independiente de los nieles de sus ingresos. Es algo que ha afectado a todas las familias, sean estas pobres, acomodadas o ricas.
La "canasta básica alimenticia" no ha registrado aumentos significativos, de acuerdo con los informes suministrados por las distintas autoridades; no obstante, todo lo demás como el transporte, la energía eléctrica, el combustible, teléfonos, autopistas, etc. han tenido incrementos muy dramático en sus precios. El panameño, por consiguiente, no puede cubrir con sus ingresos actuales el alto costo de vivir en forma decente.
La situación requiere de una acción urgente y muy inteligente de nuestras autoridades para resolver, adecuadamente, no con paliativos como han sido muchas de las medidas que se han tomado en el pasado.
Es necesario que los economistas más reputados, con absoluta objetividad y sin miopías, encuentren fórmulas que resuelvan la grave crisis, que podría convertirse en una convulsión social de alcances impredecibles con perjuicios incalculables para el país. Al alto costo de la vida se ha unido, lamentablemente, costos adicionales como la reforma fiscal, la nueva cuota del Seguro Social, que afecta la capacidad financiera de la empresa privada para contribuir con la creación de nuevos puestos de trabajo y de participar, sin afectarse exageradamente, en los incrementos salariales.
El gobierno nacional no puede cerrar los ojos ante la realidad existente. Hay una carrera administrativa insuficiente e inefectiva y el sector público carece también de una ley general de salarios que corrija las grandes desigualdades que se vienen dando.
Si se va a aumentar el salario mínimo a niveles adecuados y justos, como tiene que hacerse, el Gobierno Nacional no puede permitir que el mismo solo cubra al sector privado y no al oficial. Los ajustes en que incurra el gobierno para hacer más equitativos los salarios deben salir del presupuesto general de gastos de la administración para poder balancear los incrementos que se dieran. Es decir, ajustar con recortes los altos salarios que devengan funcionarios, consejeros, asesores -que los hay en gran exceso para todo- cónsules, etc. que ofenden con sus altísimos ingresos la pobreza existente. Es una oportunidad única que se le presenta al gobierno de Martín Torrijos de enmendar su "generosidad" con amigos y copartidarios y de retomar sus promesas electorales. Reconsiderar excesos, equivocaciones o errores dignifica a las personas. Si bien es cierto que los ingresos del Estado han aumentado sustancialmente gran parte de los mismos se destina al pago de planillas con sueldos altos y no para hacerle justicia, buscando una mayor equidad, a tantos servidores públicos que tienen salarios de miseria.
Si no fuera por los perjuicios que la nueva ley fiscal, los ajustes futuros a las cuotas del Seguro Social y los reales peligros de una inflación incontrolable que están gravitando sobre la economía panameña, lo indicado sería dar un aumento general de salarios a todos los sectores, tanto privado como del gobierno, que puedan beneficiar a estos trabajadores en los renglones bajos y medianos. Las convenciones colectivas de trabajo cubren en su gran mayoría incrementos periódicos. No obstante, existen algunas empresas sobre todo en la pequeña y mediana que no lo contemplan por razones de su propia conformación.
Estas medidas heroicas, pero que no es el momento de aplicarlas por las razones apuntadas, deben tomarse en cuenta para que en un futuro cercano, cuando se den las condiciones apropiadas, las mismas sean viables.
Cultivar el amor por los accesorios típicos desde las escuelas, es la mejor forma de estimular el interés de la niñez por rescatar lo autóctono, porque la introducción de los bailes extranjeros como el reggae ha calado en las costumbres de los panameños sobre todo en la juventud.

101 años de Panamá América

 
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