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El salario mínimo y la apertura comercial


La comisión encargada de revisar el salario mínimo deberá tener muy en cuenta, en esta ocasión, la existencia de una apertura comercial que coloca a las empresas panameñas frente a la competencia internacional, en cuanto a precios de los bienes y servicios ofrecidos a sus clientes. En Panamá, a principios del año pasado fue implementada una reducción de aranceles que obliga a que los productores locales consideren el riesgo de quiebra ante cualquier incremento en los costos.
Esta preocupación debe formar parte de la negociación entre empleados y empleadores por primera vez, porque al traspasar los aumentos de salario al costo de los productos de sus empresas, provocarán una pérdida de competitividad frente a los fabricados en el extranjero, y de ello depende la existencia misma de las fuentes de trabajo.
Por eso es tan importante analizar la situación del salario mínimo en la región centroamericana y comparar, tanto el nivel de ingresos como el nivel de bienestar de manera que se logre, a largo plazo, una equiparación de condiciones evitando competencias desleales y migraciones laborales. Este difícil ajuste ya se está llevando a cabo en Europa, donde un trabajador de cualquier país perteneciente a la Comunidad Europea puede trabajar en otro sin ningún tipo de discriminación. Todos hemos visto cómo los obreros alemanes del Oeste, en un gesto de solidaridad con sus hermanos del Este, han tenido que limitar sus aspiraciones hasta lograr una justa equiparación.
En nuestro caso estamos ante una situación similar. El salario mínimo en Panamá es el más alto de la región, seguido de cerca por Costa Rica y de lejos por el resto de los países centroamericanos, lo que establece grandes diferencias en los costos laborales de nuestro país que, por ejemplo, son cinco veces más altos que los correspondientes a Nicaragua. De producirse una liberación del mercado laboral en Centroamérica en este momento, situación que está siendo discutida en el Parlamento Centroamericano, estaríamos recibiendo una inundación de obreros que buscarían mejores condiciones de vida en nuestro país.
Cuando hablamos de poder adquisitivo, el obrero panameño cuenta a su favor con niveles de inflación muy bajos que le permiten variaciones de precios menores que en el resto de la región. Mientras en Panamá, los alimentos que costaban un balboa en 1990 ahora cuestan doce centavos más, en países como Costa Rica cuestan el equivalente a dos balboas más y en Honduras el equivalente a tres balboas más.
Hay que tener mucho cuidado a la hora de negociar el nivel de salario mínimo porque en esta oportunidad podemos estar creando un daño que no se compadece con las buenas intenciones de mejorar el nivel de vida de nuestros esforzados trabajadores. En nada contribuye al bien común subir el salario mínimo a un nivel tan alto que limitaría el derecho de otros a tener un empleo.


101 años de Panamá América

 
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