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El Sastre de Panamá, realidad y fantasía


Trata de un ex convicto inglés que aprendió sastrería en prisión, que viene a Panamá, como muchos extranjeros, en busca de suerte, "con una mano adelante y otra atrás", quien no tarda en encontrar con su oficio nombre y fortuna, e incluso un lugar en la alta sociedad. Se llena de deudas, por comprar una finca, - uno de nuestros símbolos de status -, lo cual lo pone al borde de la ruina, situación que aprovecha un espía de la embajada británica, que tiene como única misión, - seguramente ocurre con las principales legaciones-, reportar a su gobierno su punto de vista de cómo se maneja el Canal.
El espía chantajea al pobre sastre con su pasado y lo obliga a reclutarse como informante por dinero, habida consideración de su acceso a los altos círculos del poder, lo cual aprovecha el sastre para salir de sus acreedores, iniciándose un círculo vicioso de embuste en que ambos quedan atrapados. El espía presiona al sastre quien a su vez termina inventando lo que aquél quiere oír, una loca historia sobre la venta del Canal a los chinos. ¿Acaso no hay un congresista norteamericano que grita eso de vez en cuando?
En un momento dado, británicos y estadounidenses unen fuerzas para impedirlo y deciden financiar una revolución para derrocar al gobierno, algo así como la "contra" nicaragüense. Pero como la oposición revolucionaria es pura invención, Estados Unidos decide invadir por segunda vez a Panamá y no depender, como en el caso de Giroldi, de armas ajenas.
La cinta tiene un final feliz, contrario a la novela. La invasión es abortada, al descubrirse la patraña; pero los panameños están molestos porque estiman que la imagen que aparece del país es negativa. Tal vez lo sea, pero no es necesariamente irreal.
Mezclar carnaval con santos patronos es un reproche perenne de la Iglesia. La pesadilla de los "biencuidaos", la amenaza del narcotráfico, la corrupción politiquera, nuestra música, la pobreza, la prostitución, la decadencia de valores, el recicle de reputación, el dilema del Canal, el vivir apariencias, los buenos panameños. En fin, nada nuevo hay. Lo demás es fantasía, novela y película. De eso se trata. Y no exageremos, que no es un documental.


101 años de Panamá América

 
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