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El sector hortícola ante la apertura del mercado


La apertura del mercado bajo la forma de reducciones arancelarias, eliminación de cuotas de importación y otras barreras no arancelarias implica un reto considerable para todos los sectores o ramas de actividad económica del país. Las importaciones pueden en determinadas circunstancias constituir una amenaza a la existencia de la producción nacional, máxime al entrar a precios altamente competitivos.
No obstante, se pueden tomar medidas que salvaguarden la producción nacional y que proporcionen el horizonte temporal necesario para hacer las reestructuraciones sectoriales esenciales que permitan subsistir a la producción nacional cuando se levante una medida de esta naturaleza, es decir una salvaguardia.
De acuerdo a la composición sectorial es importante diseñar los programas de reconversión, identificados según los distintos productos. En el caso de las hortalizas, resulta complejo poder contemplar todos los problemas que afronta el sector producto de la apertura comercial, por estar constituido por productos de diversa índole y que requieren técnicas de producción y de comercialización diferentes por el manejo que deben tener. En este sentido la horticultura no es un todo homogéneo.
La producción de hortalizas está muy afectada por la estacionalidad, típica de algunos productos cuya cosecha se da ya sea durante la estación seca o bien en la estación lluviosa, en las cuales las importaciones se alternan y complementan la oferta global.
Nadie duda de la importancia que tiene este sector en la composición del PIB Agropecuario y que dicha actividad está atravesando algunas dificultades ante la apertura comercial, siendo una de ellas y la más importante la de no poder competir con las importaciones provenientes de otros países.
Uno de los aspectos característicos de este proceso en Panamá, es que el mismo se da en muchos casos conjuntamente con una estructura de mercado (por el lado de la demanda) imperfecta caracterizada ya sea por monopsonios (Por el lado de la oferta y de la demanda respectivamente. Este tipo de estructuras de mercado es típica en el mercado panameño en general) u oligopsonios, en la comercialización, es decir, niveles de competencia a lo interno muy restringidos.
De igual manera la existencia de posibles acuerdos de exclusividad en la comercialización de algunos insumos agrícolas, derivan en que los mismos terminan vendiéndose a precios más elevados en Panamá que en otros países cercanos. Por ejemplo, en 1997 la urea perlada a precios de minorista costaba en Panamá B/.16.80 el quintal mientras que en Honduras su precio era de B/.11.70 y en Costa Rica fue de B/.14.58. Algunos productores argumentan la existencia de distribución exclusiva de algunos insumos por parte de algunas casas locales que les impiden adquirirlos directamente del país de origen. Ante esta situación vale la pena hacer más competitivo este mercado pertinente (insumos agrícolas) creando las condiciones para que otros agentes vendedores participen en la venta de insumos.
Otro problema lo constituye la red de comercialización vertical dominada por los transportistas (muchos de los cuales no cuentan con los medios adecuados para llevar los productos a los principales puntos de expendio) y mayoristas en general, dado que al parecer estos últimos constituyen un menor número con relación a los productores. Igualmente, existen altos márgenes de comercialización que terminan encareciendo considerablemente algunos productos ante el hecho de que muchos productores no pueden comercializar su propia producción por los costos adicionales en los que tendrían que incurrir, descuidando sus fincas y sus cosechas.
En este sentido, es conveniente estimular la competencia en otros ámbitos paralelos al de la producción per se, dado que de una forma u otra impiden que ésta pueda competir ante la apertura comercial. Por ejemplo, valdría la pena estimular mucho más la competencia en el sector de la distribución de insumos agrícolas mediante mecanismos que neutralicen los acuerdos de exclusividad de las casas distribuidoras, de manera que se haga más viable el mejoramiento de las técnicas de producción y que sean compatibles con el medioambiente, de igual forma, deben mejorarse los sistemas de comercialización en los cuales exista una relación más directa entre productores y consumidores como por ejemplo las ferias libres, pero que en las mismas concurran realmente los productores y no los intermediarios o bien el desarrollo generalizado de mercados agrícolas en la distintas ciudades promoviendo la libre concurrencia de productores y consumidores a los mismos.
Ante la apertura comercial el mayor compromiso de competir con eficiencia está en los productores, quienes asumen igualmente el mayor riesgo, no obstante, hace falta que exista un entorno más competitivo en toda la cadena de comercialización tanto de insumos como de productos, de la cual se genere una mayor eficiencia en el funcionamiento del mercado.

101 años de Panamá América

 
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