El sector privado y la recuperación
Pero el sector público es la mitad de la economía, de lo cual se infiere que a la empresa privada corresponde al menos el otro medio de responsabilidad por la recuperación. En ese sentido, una de las primeras cosas que debe hacer es no ceder a la tentación de despedir personal con el mero propósito de mantener utilidades. Puede que para ello tenga que atender a consideraciones de solidariad con el país, pero al margen de éstas existe además un interés propio de no dispararse al propio pie.
Si todos los empresarios hicieran lo mismo, pronto se quedarán sin clientes que compren sus productos, puesto que los empleados de uno son los clientes de otros y viceversa. Hay que parar la ola de despidos en el sector privado por el propio interés del sector y de la Nación.
Otro problema preocupante es el nivel de ingresos de los despedidos. La mayoría devenga sueldos entre medianos y altos, esto es entre B/.600 y B/.2,500 o más, lo que significa que están restando al flujo de consumo una parte sustancial, susceptible de provocar un efecto multiplicador negativo, puesto que se trata de gente de estrato medio que más gasta y mueve la economía.
Más inteligente fueron los ejecutivos héroes que se enfrentaron a la crisis bancaria y económica de la rebelión civilista (1987-1989). Esa vez los bancos cerraron por más de un mes y el país fue sometido a un brutal bloqueo financiero de EU, el cual incluyó la prohibición expresa a los ciudadanos norteamericanos de pagar un centavo al gobierno panameño, empezando por la anualidad del Canal, los impuestos de las compañías estadounidenses destacadas aquí, etc.
Y en medio de semejante crisis, acaso la más severa atravesada por Panamá en toda su historia, aquellos empresarios no optaron por los despidos sino por ingeniosas fórmulas que permitieran que, una vez recobrada la normalidad, todo volviera a ser igual o mejor que antes. Entre las medidas adoptadas estuvieron las licencias sin sueldo, las medias jornadas, adelantos de vacaciones, vacaciones sin sueldo, etc., pero despidos masivos ¡nunca!, acaso porque entendieron con mayor exactitud que sus colegas de ahora, que tales confabulaban contra la tranquilidad, la paz y la posibilidad de recuperación. Y lo más encomiable es que apostaron bien, pues, una vez retornada la democracia, la Nación se recuperó a un ritmo que remontó tasas de crecimiento sostenidas, sin precedentes. Por amor al país y al propio bolsillo, paremos los despidos masivos ¡ya!
Del mismo modo, se requiere un comportamiento empresarial más ético y profesional. Debe cesar el fraude de acreedores, los abusos de intereses, la deslealtad comercial, la mora en el pago de cuotas sociales, el abuso de las condiciones laborales y de los consumidores. Las crisis no son eternas y la actual está por ceder. Pero al persistir en prácticas viciosas se hace más lenta la recuperación.
Si todos los empresarios hicieran lo mismo, pronto se quedarán sin clientes que compren sus productos, puesto que los empleados de uno son los clientes de otros y viceversa. Hay que parar la ola de despidos en el sector privado por el propio interés del sector y de la Nación.
Otro problema preocupante es el nivel de ingresos de los despedidos. La mayoría devenga sueldos entre medianos y altos, esto es entre B/.600 y B/.2,500 o más, lo que significa que están restando al flujo de consumo una parte sustancial, susceptible de provocar un efecto multiplicador negativo, puesto que se trata de gente de estrato medio que más gasta y mueve la economía.
Más inteligente fueron los ejecutivos héroes que se enfrentaron a la crisis bancaria y económica de la rebelión civilista (1987-1989). Esa vez los bancos cerraron por más de un mes y el país fue sometido a un brutal bloqueo financiero de EU, el cual incluyó la prohibición expresa a los ciudadanos norteamericanos de pagar un centavo al gobierno panameño, empezando por la anualidad del Canal, los impuestos de las compañías estadounidenses destacadas aquí, etc.
Y en medio de semejante crisis, acaso la más severa atravesada por Panamá en toda su historia, aquellos empresarios no optaron por los despidos sino por ingeniosas fórmulas que permitieran que, una vez recobrada la normalidad, todo volviera a ser igual o mejor que antes. Entre las medidas adoptadas estuvieron las licencias sin sueldo, las medias jornadas, adelantos de vacaciones, vacaciones sin sueldo, etc., pero despidos masivos ¡nunca!, acaso porque entendieron con mayor exactitud que sus colegas de ahora, que tales confabulaban contra la tranquilidad, la paz y la posibilidad de recuperación. Y lo más encomiable es que apostaron bien, pues, una vez retornada la democracia, la Nación se recuperó a un ritmo que remontó tasas de crecimiento sostenidas, sin precedentes. Por amor al país y al propio bolsillo, paremos los despidos masivos ¡ya!
Del mismo modo, se requiere un comportamiento empresarial más ético y profesional. Debe cesar el fraude de acreedores, los abusos de intereses, la deslealtad comercial, la mora en el pago de cuotas sociales, el abuso de las condiciones laborales y de los consumidores. Las crisis no son eternas y la actual está por ceder. Pero al persistir en prácticas viciosas se hace más lenta la recuperación.