El segundo bloqueo en Cuba
Los movimientos políticos, como el ajedrez, tienen dos opciones: o triunfan o pierden. Podría decirse que el régimen cubano alcanzó un adelanto inobjetable en cuanto al fortalecimiento del consenso sobre la obsolescencia política y económica del embargo norteamericano en la IX Cumbre Iberoamericana de La Habana. Pero al mismo tiempo, el régimen totalitario cubano, en otro tablero de ajedrez, perdió la partida con el reconocimiento internacional de la presencia política de los cubanos disidentes que se concretó con las conversaciones sostenidas con representantes de los gobiernos asistentes a la cumbre, entre ellos el ministro de Relaciones Exteriores de Panamá, José Miguel Alemán.
Desde la perspectiva política, no debe perderse de vista lo que significa para el futuro de Cuba la oficialización del espacio político que ocupan quienes, con sacrificio y estoicismo, con el alto precio de la persecución, la cárcel y el exilio, desde 1960 vienen reclamando la instauración de un régimen pluralista que aplique matices democráticos al gobierno de una sola ideología, el comunismo, y a las decisiones políticas de un solo hombre, Fidel Castro.
Bien podría decirse que en Cuba existen dos tipos de bloqueos. El bloqueo comercial externo, implantado por Estados Unidos como represalia a las confiscaciones de bienes norteamericanos. Y el bloqueo político interno, implantado por el régimen comunista desde hace cerca de 40 años, como represalia a quienes osan discrepar de la línea política oficial.
España y los países iberoamericanos presentes en la cumbre, Panamá incluida, no pueden limitarse a que los encuentros con los dirigentes de la disidencia cubana se queden en meros símbolos de una curiosidad fugaz, sino que deben asumir los diálogos como compromisos en firme, vale decir, como el primer paso de acciones concretas para exigir la apertura interna, con la correspondiente contrapartida del levantamiento del embargo norteamericano a la isla, a través de una efectiva mediación. Debemos tener presente que las esperanzas abrigadas tras la visita del Papa se esfumaron casi tan pronto como su avión retornó a Roma.
Los hombres y mujeres disidentes de Cuba tienen la esperanza del apoyo iberoamericano para recuperar la libertad, aquello que Miguel de Cervantes Saavedra calificó como "el bien más preciado del hombre".
Desde la perspectiva política, no debe perderse de vista lo que significa para el futuro de Cuba la oficialización del espacio político que ocupan quienes, con sacrificio y estoicismo, con el alto precio de la persecución, la cárcel y el exilio, desde 1960 vienen reclamando la instauración de un régimen pluralista que aplique matices democráticos al gobierno de una sola ideología, el comunismo, y a las decisiones políticas de un solo hombre, Fidel Castro.
Bien podría decirse que en Cuba existen dos tipos de bloqueos. El bloqueo comercial externo, implantado por Estados Unidos como represalia a las confiscaciones de bienes norteamericanos. Y el bloqueo político interno, implantado por el régimen comunista desde hace cerca de 40 años, como represalia a quienes osan discrepar de la línea política oficial.
España y los países iberoamericanos presentes en la cumbre, Panamá incluida, no pueden limitarse a que los encuentros con los dirigentes de la disidencia cubana se queden en meros símbolos de una curiosidad fugaz, sino que deben asumir los diálogos como compromisos en firme, vale decir, como el primer paso de acciones concretas para exigir la apertura interna, con la correspondiente contrapartida del levantamiento del embargo norteamericano a la isla, a través de una efectiva mediación. Debemos tener presente que las esperanzas abrigadas tras la visita del Papa se esfumaron casi tan pronto como su avión retornó a Roma.
Los hombres y mujeres disidentes de Cuba tienen la esperanza del apoyo iberoamericano para recuperar la libertad, aquello que Miguel de Cervantes Saavedra calificó como "el bien más preciado del hombre".