El Seguro Social y las coyunturas
Sobre el futuro del Seguro Social es la decisión más difícil que tendremos que concertar en mucho tiempo. La gran dependencia de la población hacia las jubilaciones concedidas por la Caja de Seguro Social (CSS) hace más crítica la situación, ya que la mayoría de los panameños no posee otra opción de ahorro para el retiro. Además, existen notables divergencias entre las partes involucradas.
Los asegurados no desean renunciar a ningún beneficio, ni modificar las obligaciones que éstos conllevan, y los patronos no desean aportar más para mantener el sistema. Adicionalmente, el Estado no cuenta con recursos para rescatarlo y si inyecta más fondos, tendrá que sacrificar otras prioridades (construir hospitales, nombrar maestros, eliminar programas destinados a los niños, pobres o madres solteras), aumentando la desigualdad entre los diversos grupos de riesgos sociales.
Aunque las principales causas de las dificultades que experimenta el Seguro Social son estructurales, las propuestas coyunturales son las opciones disponibles para frenar el descalabro del régimen.
Los cambios estructurales no se pueden efectuar sancionando leyes o decretos. No se puede disminuir así la pobreza, la desigualdad, el desempleo o aumentar el crecimiento económico. Por esa vía no se puede encontrar el balance actuarial a corto plazo. No es sencillo transformar las inicuas estructuras socioeconómicas del país que debilitan la frágil base solidaria del Seguro Social, las cuales se pueden intentar modificar con un esfuerzo a largo plazo de las fuerzas productivas, los excluidos y el Estado. Mayor impacto reformador tienen, en estos momentos, la buena voluntad y el compromiso de las partes involucradas (asegurados y patrones) de aceptar los cambios coyunturales necesarios para rescatar al seguro social.
Numerosas insuficiencias coyunturales se pueden corregir con una firme decisión de la dirección de la entidad. Combatir la corrupción, disminuir la evasión, la morosidad, la expropiación de cuotas, aumentar el rendimiento de las inversiones, corregir desaciertos administrativos, mejorar las prestaciones médicas y la entrega de medicamentos son responsabilidades del director.
Cada día aumentan las expectativas de rebasar la edad de jubilación, además la deficiente atención de la salud, la mala alimentación y el aumento de la población de mayor edad están aumentando los costos del régimen de pensión (por invalidez y por vejez) y de las prestaciones de Enfermedad y Maternidad. Si no hay un aumento sustancial en los ingresos, el seguro social mantendrá las mismas tendencias deficitarias en sus operaciones de los dos últimos años y seguirá deteriorando su situación actuarial.
Estructuralmente se podría mejorar las recaudaciones mejorando la distribución del ingreso, aumentando la productividad de la mano de obra, mejorando los salarios, dando estabilidad a los trabajadores, reduciendo la pobreza. Debido a que esto no es viable en un plazo inmediato, aumentar los ingresos de la CSS se limitará a cambios coyunturales.
Obtener mayores rendimientos para los casi B/.850 millones que estaban a plazo a corto períodos en el Banco Nacional al 31 de marzo de 2004, es una medida de carácter coyuntural factible, al igual que hacer más eficiente el gasto; no obstante como esto no será suficiente, resurgirá la principal causa de conflicto entre trabajadores y patronos: ¿Quién pagará los costos de rescatar el Seguro Social? Aflorarán medidas estrictamente coyunturales como aumentar las cuotas obreros-patronales en número y/o en porcentaje, aumentar la edad de jubilación, disminuir beneficios.
Necesitaremos los mejores hombres y mujeres en el manejo de esto, lo más álgido de la problemática. Será un trago amargo para ambos (asegurados y patrones), pero una factura pagable. La factura impagable será la quiebra del régimen de pensiones y el triple trago amargo será negarles a nuestros hijos toda posibilidad de ser alcanzados ni siquiera por un régimen de protección remotamente parecido al nuestro.
Es necesario deponer toda clase de intereses egoístas y ofrecer lo más noble que tengamos para acordar cambios aceptables. Hay que encontrar el balance entre los aportes obreros patronales y las exigencias actuariales. Hay que amoldar al seguro social a las nuevas situaciones demográficas y socioeconómicas.
Es imprescindible iniciar una campaña de docencia que de a conocer la necesidad impostergable de reformar al Seguro Social, lo que significa su desplome y encontrar aliados entre los diversos grupos y organizaciones que tengan la motivación de acordar una solución consensuada.
Los asegurados no desean renunciar a ningún beneficio, ni modificar las obligaciones que éstos conllevan, y los patronos no desean aportar más para mantener el sistema. Adicionalmente, el Estado no cuenta con recursos para rescatarlo y si inyecta más fondos, tendrá que sacrificar otras prioridades (construir hospitales, nombrar maestros, eliminar programas destinados a los niños, pobres o madres solteras), aumentando la desigualdad entre los diversos grupos de riesgos sociales.
Aunque las principales causas de las dificultades que experimenta el Seguro Social son estructurales, las propuestas coyunturales son las opciones disponibles para frenar el descalabro del régimen.
Los cambios estructurales no se pueden efectuar sancionando leyes o decretos. No se puede disminuir así la pobreza, la desigualdad, el desempleo o aumentar el crecimiento económico. Por esa vía no se puede encontrar el balance actuarial a corto plazo. No es sencillo transformar las inicuas estructuras socioeconómicas del país que debilitan la frágil base solidaria del Seguro Social, las cuales se pueden intentar modificar con un esfuerzo a largo plazo de las fuerzas productivas, los excluidos y el Estado. Mayor impacto reformador tienen, en estos momentos, la buena voluntad y el compromiso de las partes involucradas (asegurados y patrones) de aceptar los cambios coyunturales necesarios para rescatar al seguro social.
Numerosas insuficiencias coyunturales se pueden corregir con una firme decisión de la dirección de la entidad. Combatir la corrupción, disminuir la evasión, la morosidad, la expropiación de cuotas, aumentar el rendimiento de las inversiones, corregir desaciertos administrativos, mejorar las prestaciones médicas y la entrega de medicamentos son responsabilidades del director.
Cada día aumentan las expectativas de rebasar la edad de jubilación, además la deficiente atención de la salud, la mala alimentación y el aumento de la población de mayor edad están aumentando los costos del régimen de pensión (por invalidez y por vejez) y de las prestaciones de Enfermedad y Maternidad. Si no hay un aumento sustancial en los ingresos, el seguro social mantendrá las mismas tendencias deficitarias en sus operaciones de los dos últimos años y seguirá deteriorando su situación actuarial.
Estructuralmente se podría mejorar las recaudaciones mejorando la distribución del ingreso, aumentando la productividad de la mano de obra, mejorando los salarios, dando estabilidad a los trabajadores, reduciendo la pobreza. Debido a que esto no es viable en un plazo inmediato, aumentar los ingresos de la CSS se limitará a cambios coyunturales.
Obtener mayores rendimientos para los casi B/.850 millones que estaban a plazo a corto períodos en el Banco Nacional al 31 de marzo de 2004, es una medida de carácter coyuntural factible, al igual que hacer más eficiente el gasto; no obstante como esto no será suficiente, resurgirá la principal causa de conflicto entre trabajadores y patronos: ¿Quién pagará los costos de rescatar el Seguro Social? Aflorarán medidas estrictamente coyunturales como aumentar las cuotas obreros-patronales en número y/o en porcentaje, aumentar la edad de jubilación, disminuir beneficios.
Necesitaremos los mejores hombres y mujeres en el manejo de esto, lo más álgido de la problemática. Será un trago amargo para ambos (asegurados y patrones), pero una factura pagable. La factura impagable será la quiebra del régimen de pensiones y el triple trago amargo será negarles a nuestros hijos toda posibilidad de ser alcanzados ni siquiera por un régimen de protección remotamente parecido al nuestro.
Es necesario deponer toda clase de intereses egoístas y ofrecer lo más noble que tengamos para acordar cambios aceptables. Hay que encontrar el balance entre los aportes obreros patronales y las exigencias actuariales. Hay que amoldar al seguro social a las nuevas situaciones demográficas y socioeconómicas.
Es imprescindible iniciar una campaña de docencia que de a conocer la necesidad impostergable de reformar al Seguro Social, lo que significa su desplome y encontrar aliados entre los diversos grupos y organizaciones que tengan la motivación de acordar una solución consensuada.