El Senador Helms y la Política Exterior
El anuncio de la futura retirada del Senador J. Helms, de la actividad política del Congreso de los Estados Unidos, puede llegar a significar, para algunos, un cambio de ciento ochenta grados en la política exterior del gobierno de Washington. Quienes así lo ven, no están tomando en consideración el hecho, de no ser solo el Senador de Carolina del Norte, quien elabora, decide y ejecuta la manera de actuar de los Estados Unidos de América en el sistema internacional, sino un número plural de individuos con intereses personales vinculantes al tema, más grupos de presión y fuerzas políticas, económicas y sociales, además de las culturales e inclusive religiosas.
No es necesario que nos interroguemos sobre el ¿origen de la política?, y en este caso particular, aquella que tiene como campo de aplicación, las relaciones internacionales, para comprender de manera lo suficientemente clara, que no corresponde al solo Senador del Sur de los Estados Unidos de América, la única y entera responsabilidad de sus yerros y probablemente de sus pequeños aciertos, como miembro del Senado, sean en política nacional o internacional.
Nadie va discutirle el derecho del Senador Helms, de poseer, divulgar y defender, una opinión sobre los valores tradicionales vigentes en ese Estado del hemisferio norte, pero no podemos imputarle el hecho, de ser el único responsable de sus desaciertos y posiciones fundamentalistas en muchos temas al nivel nacional e internacional, más específicamente, en contra de la Organización de las Naciones Unidas, tema donde se convirtió en el adalid del muy amplio movimiento de la sociedad estadounidense, contra el organismo internacional, causado por el trauma, debido al prolegómeno, obra y consecuencias de la guerra del Vietnam, una de las primeras "derrotas" en el plano internacional, sufridas por dicho Estado, aunque no la única si tomamos el ejemplo de Cuba, donde la sola longevidad del líder cubano, es de por sí y ante sí, un motivo de controversia e irritación para muchos sectores, en el seno de la sociedad estadounidense, profundizado por las tensiones inherentes a la guerra fría y al proceso de la descolonización de 1960.
¿Se producirá un cambio en la política exterior del gobierno de Washington?, yo pienso que no, tal y cual lo vemos en las posturas últimamente surgidas, dentro del presente gobierno del Presidente George W. Bush, quien busca inclusive, en soluciones particulares de la ya superada "guerra fría", borrar o declarar obsoletas las mismas, como el tratado A.B.M., el cual elimina la posibilidad de utilizar cohetes u otros vectores de armas estratégicas en el espacio, a partir del argumento de la existencias de "Estados delincuentes", es decir aquellos en instancias de adquirir armas nucleares y sus vectores, los cuales representar un peligro, -aún no comprobado- para los Estados Unidos de América.
Si esa amenaza o peligro es como el representado por Irak, o la República de Panamá, en la época de Manuel A. Noriega, yo creo poder afirmar simplemente, nos encontramos muy lejos de la "madre de todas las guerras".La salida cierta o no del Senador Helms, no va a significar ningún cambio significativo o alentador de la política exterior del gobierno de Washington, en el marco de su percepción muy particular, pero no solidaria y equitativa, con el resto de la humanidad, propio de su visión individualista del interés nacional.Yo considero, como Anthony Giddens, que la actual globalización no es más que una prueba de la ruptura de los fundamentos de la sociedad industrial. Hoy nos encontramos como afirma Ulrich Beck en su obra: "¿Qué es la Globalización? (Paidos; Barcelona 1998), ante una segunda modernidad, con aspectos, problemas y temas de una misma realidad, la cual no podemos todavía articular sobre los supuestos como soberanía nacional, las clases sociales, el uso ilimitado de la naturaleza, el significado tradicional de la familia, las diferencias entre la izquierda y la derecha, etc.
Debemos entonces adecuarnos a nuevos nombres y mecanismos para designar realidades ya conocidas; no podemos como el caso de los Estados Unidos de América, preconizar la globalización, continuando en la modernidad con mecanismos propios a Karl Jaspers presentados en la "cuestión de la culpa y la responsabilidad de Alemania" (en la Universidad de Heidelberg, enero/febrero 1946), no se puede obviar la Historia, no se puede olvidar el "Destino Manifiesto" de Elihu Root (11-XII-1912), como tampoco se puede ignorar el Tratado Hay-Bunau Varilla y sus abusivas interpretaciones, ni abandonar las discusiones sobre la ignominiosa invasión de 1989.
Porque las conocemos, por ello deseamos, que el alejamiento de la figura exageradamente casi mistificada del Senador Helms, sea el inicio hacia posturas nuevas, que generen un innovador y mejor presente, para entonces hablar de un nuevo pasado, con una Historia más humana y progresista, que no tenga más necesidad de ser ignorada, o cuestionada en cuanto a su método, como lo presenta la obra de Karl R. Popper, tan en moda en los Estados Unidos de América y en otras regiones del mundo, en las cuales el método es simplemente ignorar la existencia de las naciones y Estados del así denominado tercer mundo, por sus carencias democráticas y ausencia de vigencia de los derechos humanos,- nada innovador-, lo mismo existía a finales del decimonónico, con la afirmación, que no éramos sujetos de Derecho, porque no clasificamos como naciones civilizadas, con lo cual se pudo justificar la colonización en el continente africano y parte de Asia.
No es necesario que nos interroguemos sobre el ¿origen de la política?, y en este caso particular, aquella que tiene como campo de aplicación, las relaciones internacionales, para comprender de manera lo suficientemente clara, que no corresponde al solo Senador del Sur de los Estados Unidos de América, la única y entera responsabilidad de sus yerros y probablemente de sus pequeños aciertos, como miembro del Senado, sean en política nacional o internacional.
Nadie va discutirle el derecho del Senador Helms, de poseer, divulgar y defender, una opinión sobre los valores tradicionales vigentes en ese Estado del hemisferio norte, pero no podemos imputarle el hecho, de ser el único responsable de sus desaciertos y posiciones fundamentalistas en muchos temas al nivel nacional e internacional, más específicamente, en contra de la Organización de las Naciones Unidas, tema donde se convirtió en el adalid del muy amplio movimiento de la sociedad estadounidense, contra el organismo internacional, causado por el trauma, debido al prolegómeno, obra y consecuencias de la guerra del Vietnam, una de las primeras "derrotas" en el plano internacional, sufridas por dicho Estado, aunque no la única si tomamos el ejemplo de Cuba, donde la sola longevidad del líder cubano, es de por sí y ante sí, un motivo de controversia e irritación para muchos sectores, en el seno de la sociedad estadounidense, profundizado por las tensiones inherentes a la guerra fría y al proceso de la descolonización de 1960.
¿Se producirá un cambio en la política exterior del gobierno de Washington?, yo pienso que no, tal y cual lo vemos en las posturas últimamente surgidas, dentro del presente gobierno del Presidente George W. Bush, quien busca inclusive, en soluciones particulares de la ya superada "guerra fría", borrar o declarar obsoletas las mismas, como el tratado A.B.M., el cual elimina la posibilidad de utilizar cohetes u otros vectores de armas estratégicas en el espacio, a partir del argumento de la existencias de "Estados delincuentes", es decir aquellos en instancias de adquirir armas nucleares y sus vectores, los cuales representar un peligro, -aún no comprobado- para los Estados Unidos de América.
Si esa amenaza o peligro es como el representado por Irak, o la República de Panamá, en la época de Manuel A. Noriega, yo creo poder afirmar simplemente, nos encontramos muy lejos de la "madre de todas las guerras".La salida cierta o no del Senador Helms, no va a significar ningún cambio significativo o alentador de la política exterior del gobierno de Washington, en el marco de su percepción muy particular, pero no solidaria y equitativa, con el resto de la humanidad, propio de su visión individualista del interés nacional.Yo considero, como Anthony Giddens, que la actual globalización no es más que una prueba de la ruptura de los fundamentos de la sociedad industrial. Hoy nos encontramos como afirma Ulrich Beck en su obra: "¿Qué es la Globalización? (Paidos; Barcelona 1998), ante una segunda modernidad, con aspectos, problemas y temas de una misma realidad, la cual no podemos todavía articular sobre los supuestos como soberanía nacional, las clases sociales, el uso ilimitado de la naturaleza, el significado tradicional de la familia, las diferencias entre la izquierda y la derecha, etc.
Debemos entonces adecuarnos a nuevos nombres y mecanismos para designar realidades ya conocidas; no podemos como el caso de los Estados Unidos de América, preconizar la globalización, continuando en la modernidad con mecanismos propios a Karl Jaspers presentados en la "cuestión de la culpa y la responsabilidad de Alemania" (en la Universidad de Heidelberg, enero/febrero 1946), no se puede obviar la Historia, no se puede olvidar el "Destino Manifiesto" de Elihu Root (11-XII-1912), como tampoco se puede ignorar el Tratado Hay-Bunau Varilla y sus abusivas interpretaciones, ni abandonar las discusiones sobre la ignominiosa invasión de 1989.
Porque las conocemos, por ello deseamos, que el alejamiento de la figura exageradamente casi mistificada del Senador Helms, sea el inicio hacia posturas nuevas, que generen un innovador y mejor presente, para entonces hablar de un nuevo pasado, con una Historia más humana y progresista, que no tenga más necesidad de ser ignorada, o cuestionada en cuanto a su método, como lo presenta la obra de Karl R. Popper, tan en moda en los Estados Unidos de América y en otras regiones del mundo, en las cuales el método es simplemente ignorar la existencia de las naciones y Estados del así denominado tercer mundo, por sus carencias democráticas y ausencia de vigencia de los derechos humanos,- nada innovador-, lo mismo existía a finales del decimonónico, con la afirmación, que no éramos sujetos de Derecho, porque no clasificamos como naciones civilizadas, con lo cual se pudo justificar la colonización en el continente africano y parte de Asia.