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El sendero de James Bond


La señora presidenta es más astuta de lo que uno cree y, si no lo es, está bien asesorada. Porque no llevó a su amigo James Bond hasta las tierras chiricanas por los mismos huecos con pedacitos de carretera, de huecos tapados con tierra, de lodazales o por los caminos de herradura por donde diariamente la gente común (tú, yo, él; nosotros, vosotros, menos ellos) tiene que transitar para llegar a su casa, a su trabajo o hasta la dirección regional de MOP para que se le diga que no hay material, que la planta de asfalto se dañó o que el próximo verano (unos días antes de las elecciones) eso va porque ese es un “compromiso con el pueblo”.
Bendito tú, James Bond, que tienes un nombre bonito, una fortuna en euros, un sex-appeal irresistible (hasta para las mayorcitas), el privilegio de ser invitado de honor de nuestra presidenta y de volar nuestras montañas desde una altura en la que no se ven los huecos, los sufrimientos, la desesperanza y la ira de los hombres y mujeres dignos de este pueblo; desde donde no se ven los quetzales, saínos, corsos, conejos pintados, ñeques, torcazas; tampoco las orquídeas, los palomos, las ranas y ni siquiera los arroyos y manantiales donde de hinojos saciaban su sed los dioses de nuestros antepasados.
Con motivo del centenario has visto cómo la gente del pueblo, especialmente la de la capital, se esfuerza para lucirse en este show de farsas y disfraces, dándole la espalda a la lucha que nosotros libramos para que siempre haya patria, para que siempre haya esperanzas, para que siempre haya vida. Pero no sé qué viste o qué oíste en los intramuros presidenciales o empresariales donde, según se rumora, el tema de conversación preferido es quién tiene más plata, más sociedades anónimas o más miles de hectáreas de tierras “tituladas” recientemente (islas, bosques, montañas, desiertos, parques nacionales). Porque te juro, James Bond, que de aquí no te dejarán salir -como le pasó al pobre Sha que robó a su pueblo para terminar bolseado de oficio en el país del canal- con los mismos millones que llegaste.
No es que en este país no haya gente que tenga plata. Te confieso que tú deberías envidiarlos a ellos. Porque tú, con tu belleza, con tu talento y con toda la publicidad y el maquillaje que has tenido a tu disposición necesitaste toda una vida para hacer tu fortuna. Pregúntale a tus anfitriones, en secreto si es necesario, cuánto tiempo les tomó hacer las suyas o cómo se hace para titular una isla (como Escocia), un par de miles de hectáreas de áreas protegidas o para comprar una finca a crédito al BNP. No es que éstos tengan menos plata que tú. Es que son unos salvajes y nunca están satisfechos y no descasarán hasta que tú -viejo, cansado y deseoso de temperar- termines metido en la telaraña de los negocios turbios y antipatrióticos del país del canal.
El ex presidente Endara, ex asesores presidenciales y ex ministros de Estado (como Eisseman, Bernal, Martinelli y otros) han dicho públicamente que la señora presidenta está rodeada de maleantes. Tú, súper agente 007, ten mucho cuidado si te llevan a pasear mar afuera y te dicen: “Esa isla es mía, ¡te la vendo!” Pero, sobre todo, ten mucho cuidado si te llevan a pasear sobre las faldas del Volcán Barú y te dicen: “Esas montañas son mías, ¡te las vendo para que por la módica inversión de 40 millones de dólares construyas allí un hotel ecológico para que recibas en él a tus amistades del yet set y puedas contrabandear café de Costa Rica y reempacarlo como café boqueteño de altura James Bond!”
Desconfía de esta gente de la que ni ella misma confía o se tapa los trapos.
Pero, sobre todo, ten mucho cuidado si alguien te dice que le van a quitar el nombre de pajarraco (quetzal) al sendero ecológico entre Cerro Punta y Boquete para rebautizarlo con tu nombre (El Sendero de James Bond). No lo hagas. No seas tonto. Porque si lo haces, si no respetas el derecho que tienen mis hijos, mis nietos y sus inciertas estirpes a nacer, crecer y multiplicarse en un ambiente sano, mucho menos voy a respetar yo tu capricho de construir un hotel ecológico exclusivo para maleantes y artistas de cine adinerados.
A ti, como súper agente 007, como infalible mediático, no te costará mucho trabajo saber quién soy yo. Si te has dejado engañar, si te han vendido mis montañas, si te han dicho que será rebautizado el sendero con tu nombre o si te han dicho que todo mundo está de acuerdo con que tú construyas un “hotel ecológico”, más un camino de concreto para cazar animales en vías de extinción y para contrabandear café, te engañaron (como lo hicieron con el Sha), te metieron un cují, te jodieron, porque lo que te ofrecen no es paz, tranquilidad, sosiego, sino un laberinto de corrupción, mordidas, irracionalidad; en vez de sueños, las tuyas serán pesadillas; serán fantasmas de hombres, mujeres, niños y ancianos indignados que te atormentarán todo el tiempo que sea necesario hasta que tú recapacites y dejes en paz a esta tierra santa, hoy codiciada y ofendida por los caprichos irracionales de una mandataria que combatió a una dictadura para terminar imponiéndole al pueblo panameño la suya propia: más feroz, por sus efectos viciosos prácticos, que la del mismísimo Manuel Antonio Noriega.

101 años de Panamá América

 
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