El SIDA y los malos cálculos de la OMS
NADIE PUEDE acusar a la Organización Mundial de la Salud (OMS) de no ser ambiciosa en sus intentos por detener la crisis del SIDA que está golpeando a gran parte de los países pobres, especialmente en África. Su iniciativa "3 para el 5"-un plan para poner a tres millones de personas en tratamiento anti-retroviral para el 2005- es, sin duda alguna, una de las ofensivas más grandes que algún organismo ha tomado para enfrentar la enfermedad. Desdichadamente, de acuerdo a las cifras publicadas recientemente por la OMS, el proyecto va a quedar muy corto en sus alcances.
Hoy en día, únicamente 720,000 personas se encuentran recibiendo anti-retrovirales (ARVs). Eso es muy lejano a la cifra de tres millones propuesta por la OMS en el 2003, y una gota en el océano comparada con las nueve millones de personas que los necesitan en África, Asia y Latinoamérica. Sin embargo, el fracaso de "3 para el 5" también resalta el mal establecimiento de prioridades de la OMS.
Destacados expertos en salud pública concuerdan, de manera casi unánime, en que la prevención es de vital importancia en la lucha contra el SIDA. Sin embargo, en lugar de promover la prevención, la OMS ha fomentado un modelo de tratamiento totalmente divorciado de la realidad.
El fracaso de "3 para el 5" era predecible desde un principio. La mayoría de las personas infectadas con VIH/Sida viven en el África sub-Sahariana, donde los sistemas públicos de salud son fragmentados o en la mayoría de las ocasiones no existen del todo. Además, la mayor parte de los países en la región carecen de doctores y trabajadores de salud calificados.
Los ARVs son difíciles de administrar, ya que requieren de regímenes específicos y de la supervisión de profesionales capacitados. Más aún, requieren de infraestructura sanitaria (incluyendo hospitales, clínicas, y equipo de tratamiento) si van a ser efectivos.
Desde esa perspectiva, la decisión de la OMS de impulsar "3 para el 5" como la clave para resolver la crisis del SIDA fue un tremendo error estratégico. Lamentablemente, no solamente la reputación de la OMS está en juego, sino también la vida de miles de seres humanos.
Consideraciones aparte, la estrategia "3 para el 5" de la OMS no cambia mucho las cosas. De acuerdo al Programa de las Naciones Unidas para el SIDA, sólo el África sub-Sahariana ha atestiguado entre 2.7 y 3.8 millones de nuevas infecciones en el 2003. De tal forma que, aún si la OMS estuviera en capacidad de darle tratamiento a tres millones de personas, el número absoluto de gente con VIH continuará creciendo más allá de esta cifra.
Una forma de salir de este impasse es poniendo más énfasis en la prevención. La educación juega un papel protagónico en esto. En Uganda, uno de los pocos países en el África sub-Sahariana donde la incidencia del VIH ha caído en la última década, la educación cumplió un rol fundamental. El programa ASC (Abstibencia, Ser fiel, o usar Condones) implementado en ese país enfatizó en los riesgos del sexo casual y del intercambio sin protección, y ha tenido un efecto dramático en los patrones de actividad sexual, reduciendo la incidencia del VIH en un 80%.
Pero aún si la incidencia es controlada, todavía persiste la interrogante de cómo distribuir de mejor manera los ARVs a aquellos que ya están infectados. Una muy exitosa unión en Bostwana entre la Fundación Gates, varias compañías farmacéuticas occidentales y el gobierno ofrece algunas lecciones. Ésta requirió la construcción de clínicas donde los ARVs pudieran ser distribuidos, al tiempo que colegios y universidades han impulsado campañas masivas de educación pública. Desde el inicio del programa en 1999, la tasa de incidencia del VIH en Bostwana se ha estabilizado.
Este tipo de esquemas son ejemplares. Pero, no representan soluciones a largo plazo debido a que dependen mucho de la caridad. En el mediano y largo plazo, los países en desarrollo necesitan sistemas sanitarios autosuficientes y eficaces que hagan posible una efectiva distribución de medicamentos, así como la difusión de educación sanitaria. La pobreza de los países en desarrollo así como su débil infraestructura sanitaria tienen las mismas causas: la corrupción y los malos gobiernos. Por lo tanto, la reforma de las estructuras gubernamentales debe ser una prioridad. Eso implica fortalecer los derechos de propiedad, mejorar los sistemas legales y consolidar el Estado de Derecho.
Sin duda alguna, la reforma de las estructuras gubernamentales en estados soberanos está fuera del alcance de la OMS. Pero el hecho de que tantos gobiernos en países en desarrollo sean corruptos y poco eficaces no excusa a la OMS por haber promulgado su desastrosa iniciativa "3 para el 5". El que la infraestructura sanitaria sea tan débil hace que la estrategia sea aún más absurda. La OMS debería admitir su fracaso y rectificar sus objetivos.
*Director de Proyectos de Salud con la International Policy Network, una organización no gubernamental basada en Londres.
Hoy en día, únicamente 720,000 personas se encuentran recibiendo anti-retrovirales (ARVs). Eso es muy lejano a la cifra de tres millones propuesta por la OMS en el 2003, y una gota en el océano comparada con las nueve millones de personas que los necesitan en África, Asia y Latinoamérica. Sin embargo, el fracaso de "3 para el 5" también resalta el mal establecimiento de prioridades de la OMS.
Destacados expertos en salud pública concuerdan, de manera casi unánime, en que la prevención es de vital importancia en la lucha contra el SIDA. Sin embargo, en lugar de promover la prevención, la OMS ha fomentado un modelo de tratamiento totalmente divorciado de la realidad.
El fracaso de "3 para el 5" era predecible desde un principio. La mayoría de las personas infectadas con VIH/Sida viven en el África sub-Sahariana, donde los sistemas públicos de salud son fragmentados o en la mayoría de las ocasiones no existen del todo. Además, la mayor parte de los países en la región carecen de doctores y trabajadores de salud calificados.
Los ARVs son difíciles de administrar, ya que requieren de regímenes específicos y de la supervisión de profesionales capacitados. Más aún, requieren de infraestructura sanitaria (incluyendo hospitales, clínicas, y equipo de tratamiento) si van a ser efectivos.
Desde esa perspectiva, la decisión de la OMS de impulsar "3 para el 5" como la clave para resolver la crisis del SIDA fue un tremendo error estratégico. Lamentablemente, no solamente la reputación de la OMS está en juego, sino también la vida de miles de seres humanos.
Consideraciones aparte, la estrategia "3 para el 5" de la OMS no cambia mucho las cosas. De acuerdo al Programa de las Naciones Unidas para el SIDA, sólo el África sub-Sahariana ha atestiguado entre 2.7 y 3.8 millones de nuevas infecciones en el 2003. De tal forma que, aún si la OMS estuviera en capacidad de darle tratamiento a tres millones de personas, el número absoluto de gente con VIH continuará creciendo más allá de esta cifra.
Una forma de salir de este impasse es poniendo más énfasis en la prevención. La educación juega un papel protagónico en esto. En Uganda, uno de los pocos países en el África sub-Sahariana donde la incidencia del VIH ha caído en la última década, la educación cumplió un rol fundamental. El programa ASC (Abstibencia, Ser fiel, o usar Condones) implementado en ese país enfatizó en los riesgos del sexo casual y del intercambio sin protección, y ha tenido un efecto dramático en los patrones de actividad sexual, reduciendo la incidencia del VIH en un 80%.
Pero aún si la incidencia es controlada, todavía persiste la interrogante de cómo distribuir de mejor manera los ARVs a aquellos que ya están infectados. Una muy exitosa unión en Bostwana entre la Fundación Gates, varias compañías farmacéuticas occidentales y el gobierno ofrece algunas lecciones. Ésta requirió la construcción de clínicas donde los ARVs pudieran ser distribuidos, al tiempo que colegios y universidades han impulsado campañas masivas de educación pública. Desde el inicio del programa en 1999, la tasa de incidencia del VIH en Bostwana se ha estabilizado.
Este tipo de esquemas son ejemplares. Pero, no representan soluciones a largo plazo debido a que dependen mucho de la caridad. En el mediano y largo plazo, los países en desarrollo necesitan sistemas sanitarios autosuficientes y eficaces que hagan posible una efectiva distribución de medicamentos, así como la difusión de educación sanitaria. La pobreza de los países en desarrollo así como su débil infraestructura sanitaria tienen las mismas causas: la corrupción y los malos gobiernos. Por lo tanto, la reforma de las estructuras gubernamentales debe ser una prioridad. Eso implica fortalecer los derechos de propiedad, mejorar los sistemas legales y consolidar el Estado de Derecho.
Sin duda alguna, la reforma de las estructuras gubernamentales en estados soberanos está fuera del alcance de la OMS. Pero el hecho de que tantos gobiernos en países en desarrollo sean corruptos y poco eficaces no excusa a la OMS por haber promulgado su desastrosa iniciativa "3 para el 5". El que la infraestructura sanitaria sea tan débil hace que la estrategia sea aún más absurda. La OMS debería admitir su fracaso y rectificar sus objetivos.
*Director de Proyectos de Salud con la International Policy Network, una organización no gubernamental basada en Londres.