El siglo de las personas
Mientras un insigne político mexicano se opone con vehemencia a la privatización de la industria eléctrica, alguien en el mundo está inventando generadores de energía para uso doméstico -que funcionarán con el viento, con los desechos orgánicos del hogar, con la luz solar o con la energía que generamos mientras hacemos ejercicio-, que nuestros nietos comprarán en el supermercado. Mientras nosotros seguimos hablando de que tal o cual asunto "afecta a México" -como si México fuese una persona-, millones de mexicanos toman decisiones personales al margen de esa abstracción (México) que tanto nos ocupa, y emigran, cambian de canal, comparan precios y calidades, hacen negocios por la red con alguien que está del otro lado del mundo.
Para millones de personas las fronteras geográficas se han desvanecido y, con ellas, se desvanecen las distintas formas de sujeción política que antes se les imponían. Los políticos y la política local pierden importancia y poder sobre esas personas. Pero para otros millones de personas las fronteras siguen siendo cárceles prácticas: No hay manera de salir del país, no hay acceso a internet, no hay opciones fuera de las escasas que ofrece la propia región. Para éstos, la política y los políticos locales se vuelven asunto de vida o muerte.
Aunque suene políticamente incorrecto ya no vivimos en una ciudad, en una provincia, en una región o en un país, vivimos en el mundo. Esto hace que algunas afirmaciones como "A México le afecta el alza en los precios del petróleo" resulten cada vez más huecas. ¿Quién es México?, ¿el gobernador Fulano que pide su tajada por el alza en los precios o Perengano al que cada vez le cuesta más el gas que usa en su fábrica?
La globalización afecta a las personas, no a los países; los países son cada vez más una abstracción. La globalización no está planificada: Depende de millones de decisiones personales que no se toman de forma coordinada. Y el progreso derivado de la globalización no es neutral: Tiene ganadores y perdedores que los políticos, aunque les duela en el alma, son incapaces de definir de antemano. Estas ideas me acometen mientras leo, en la red, la conferencia que dictó hace cuatro años un economista argentino. No sé a usted, pero a mí me da mucho gusto que las fronteras se desvanezcan y que los políticos -de cualquier nación- pierdan importancia.
(* Analista político mexicano. © www.aipenet.com)
Para millones de personas las fronteras geográficas se han desvanecido y, con ellas, se desvanecen las distintas formas de sujeción política que antes se les imponían. Los políticos y la política local pierden importancia y poder sobre esas personas. Pero para otros millones de personas las fronteras siguen siendo cárceles prácticas: No hay manera de salir del país, no hay acceso a internet, no hay opciones fuera de las escasas que ofrece la propia región. Para éstos, la política y los políticos locales se vuelven asunto de vida o muerte.
Aunque suene políticamente incorrecto ya no vivimos en una ciudad, en una provincia, en una región o en un país, vivimos en el mundo. Esto hace que algunas afirmaciones como "A México le afecta el alza en los precios del petróleo" resulten cada vez más huecas. ¿Quién es México?, ¿el gobernador Fulano que pide su tajada por el alza en los precios o Perengano al que cada vez le cuesta más el gas que usa en su fábrica?
La globalización afecta a las personas, no a los países; los países son cada vez más una abstracción. La globalización no está planificada: Depende de millones de decisiones personales que no se toman de forma coordinada. Y el progreso derivado de la globalización no es neutral: Tiene ganadores y perdedores que los políticos, aunque les duela en el alma, son incapaces de definir de antemano. Estas ideas me acometen mientras leo, en la red, la conferencia que dictó hace cuatro años un economista argentino. No sé a usted, pero a mí me da mucho gusto que las fronteras se desvanezcan y que los políticos -de cualquier nación- pierdan importancia.
(* Analista político mexicano. © www.aipenet.com)