El significado del Viernes Santo
Los testimonios históricos afirman que Jesús de Nazaret fue terriblemente torturado en Jerusalén en tiempos de Poncio Pilatos y después de padecer durante casi tres horas, murió crucificado. Los evangelios, que tienen un valor histórico indiscutible, afirman que ese que murió es el Hijo de Dios, Dios hecho hombre que dio su vida por amor a la humanidad. La fe cristiana afirma que fue una muerte la que abre a la esperanza nuestra misma muerte. Es decir que fuimos creados por Dios para resucitar a la vida eterna. Por eso, la pasión y muerte de Jesucristo nos habla ante todo de la cuestión más esencial que tenemos que afrontar los humanos: el sentido de nuestra vida. Nos dice que toda nuestra realidad histórica tiene una dimensión trascendente.
Nuestra vida aquí en la Tierra es una especie de siembra de cruces. No caminamos hacia el sin sentido de un abismo sino hacia la plenitud de la vida eterna donde no habrá más muerte, ni mal, ni corrupción, sino sólo Amor de Dios participado eternamente por los justos. Pero esa muerte de Cristo no nos habla sólo del más allá. La vida y muerte de Jesús se constituyeron en modelo de vida para los que libremente queremos seguirlo. El mismo dijo, "Yo soy el camino". Su estilo de vida es ejemplar. Nos enseña, por ejemplo, que la vida es un don recibido para que fructifique. Él dio la vida en servicio para que nosotros sepamos que la clave de la felicidad está en servir a los hermanos, especialmente a los pobres. Un Dios que se baja hasta la condición humana y hasta la más miserable de las muertes (la cruz estaba reservada a los peores delincuentes) nos enseña a "saber perder la vida por amor". Es decir, a huir del egoísmo, del egocentrismo y de toda tentación de hacer girar el mundo en torno a sí mismo. La muerte de Cristo nos habla de humildad, servicio, fraternidad, fidelidad, ayuda, amor.
La celebración de este Viernes Santo tiene un mensaje muy profundo para la actual realidad panameña. Ante todo, nos invita a preguntarnos cuál es la escala de valores sobre la que pretendemos asentar nuestra convivencia, sobre qué bases pretendemos construir nuestra felicidad social y nacional. Y nos recuerda que al margen del servicio y la solidaridad, cualquier poder se vuelve en contra de quien lo detenta. Nos invita a deponer el bien común a cualquier interés personal o de partido, y a preocuparnos prioritariamente por los más pobres. El mismo Jesús quiso identificarse con cada uno de ellos (Lo que a ellos le hagan a mí me lo hacen...")
En este contexto nos hace bien recordar lo que decían los obispos panameños en el mes de enero de 2001: "Panamá vive momentos difíciles. Todos los días escuchamos denuncias de corrupción en los más diversos niveles, crece la desesperación de muchas personas que no encuentran un trabajo digno, se palpa la violencia en las calles, está el problema de las incursiones armadas en la región de Darién, se siente mayor inseguridad ciudadana, la brecha entre ricos y excluidos se hace cada vez más grande y crece la incredulidad frente a la política."
Este Viernes Santo debemos recordar que sólo las vidas entregadas en solidaridad y servicio son las que actualizan la vida de Jesús en nuestro medio.
Un pueblo presionado, con hambre, con desesperanza de no tener trabajo, o que no ve un futuro promisorio, es fácil de convencer para caer en el radicalismo fundamentalista.
Si Estados Unidos, Europa e Israel pudieran ayudar a esos tres millones de palestinos pobres, muchos de ellos ya no creerían en las consignas de la lucha armada, la guerra religiosa o la teoría de la "destrucción del estado sionista", para recuperar Jerusalén.
De igual forma, el "raís" (líder en árabe) Yasser Arafat, debe poner de su parte para detener y castigar a los grupos extremistas, como el Yihad Islámico y el HAMAS, cuando éstos son los responsables directos de la campaña terrorista más grande de los últimos tiempos en Oriente Medio.
Nuestra vida aquí en la Tierra es una especie de siembra de cruces. No caminamos hacia el sin sentido de un abismo sino hacia la plenitud de la vida eterna donde no habrá más muerte, ni mal, ni corrupción, sino sólo Amor de Dios participado eternamente por los justos. Pero esa muerte de Cristo no nos habla sólo del más allá. La vida y muerte de Jesús se constituyeron en modelo de vida para los que libremente queremos seguirlo. El mismo dijo, "Yo soy el camino". Su estilo de vida es ejemplar. Nos enseña, por ejemplo, que la vida es un don recibido para que fructifique. Él dio la vida en servicio para que nosotros sepamos que la clave de la felicidad está en servir a los hermanos, especialmente a los pobres. Un Dios que se baja hasta la condición humana y hasta la más miserable de las muertes (la cruz estaba reservada a los peores delincuentes) nos enseña a "saber perder la vida por amor". Es decir, a huir del egoísmo, del egocentrismo y de toda tentación de hacer girar el mundo en torno a sí mismo. La muerte de Cristo nos habla de humildad, servicio, fraternidad, fidelidad, ayuda, amor.
La celebración de este Viernes Santo tiene un mensaje muy profundo para la actual realidad panameña. Ante todo, nos invita a preguntarnos cuál es la escala de valores sobre la que pretendemos asentar nuestra convivencia, sobre qué bases pretendemos construir nuestra felicidad social y nacional. Y nos recuerda que al margen del servicio y la solidaridad, cualquier poder se vuelve en contra de quien lo detenta. Nos invita a deponer el bien común a cualquier interés personal o de partido, y a preocuparnos prioritariamente por los más pobres. El mismo Jesús quiso identificarse con cada uno de ellos (Lo que a ellos le hagan a mí me lo hacen...")
En este contexto nos hace bien recordar lo que decían los obispos panameños en el mes de enero de 2001: "Panamá vive momentos difíciles. Todos los días escuchamos denuncias de corrupción en los más diversos niveles, crece la desesperación de muchas personas que no encuentran un trabajo digno, se palpa la violencia en las calles, está el problema de las incursiones armadas en la región de Darién, se siente mayor inseguridad ciudadana, la brecha entre ricos y excluidos se hace cada vez más grande y crece la incredulidad frente a la política."
Este Viernes Santo debemos recordar que sólo las vidas entregadas en solidaridad y servicio son las que actualizan la vida de Jesús en nuestro medio.
Un pueblo presionado, con hambre, con desesperanza de no tener trabajo, o que no ve un futuro promisorio, es fácil de convencer para caer en el radicalismo fundamentalista.
Si Estados Unidos, Europa e Israel pudieran ayudar a esos tres millones de palestinos pobres, muchos de ellos ya no creerían en las consignas de la lucha armada, la guerra religiosa o la teoría de la "destrucción del estado sionista", para recuperar Jerusalén.
De igual forma, el "raís" (líder en árabe) Yasser Arafat, debe poner de su parte para detener y castigar a los grupos extremistas, como el Yihad Islámico y el HAMAS, cuando éstos son los responsables directos de la campaña terrorista más grande de los últimos tiempos en Oriente Medio.