El silencio de Hillary
A diferencia de otras primeras damas, la señora Clinton tuvo una poderosa influencia en el mandato de ocho años de su esposo William, popularmente conocido como "Bill". Fue un largo período de prosperidad sin precedentes para su nación. Paralelamente, durante el mismo, se concretó la paz en Yugoslavia y en la frontera entre Ecuador y Perú, al mismo tiempo que se logró un armisticio y firma de un acuerdo en principio en Irlanda del Norte, donde católicos y protestantes llevaban siglos matándose.
Hillary, al igual que su esposo Bill Clinton, es abogada, egresada también de la misma prestigiosa Universidad de Georgetown, en Washington. Y si bien Bill, como estudiante fue bueno, Hillary lo fue mucho mejor, excelente. Quizás por eso, más de un comentarista llegó en su oportunidad a decir, que la señora Clinton era más que el poder tras la presidencia de su marido, la materia gris y la astucia personificadas. Ella lo guió hasta la presidencia del país más poderoso de la tierra después de ser gobernador del modesto estado de Arkansas.
En ese marco de ideas, es más que probable que tras el desesperado esfuerzo de último momento desplegado por el presidente Clinton, para sellar la paz en el Medio Oriente, entre Arafat y Barak, en Camp David, estuviera el desmedido interés de su esposa Hillary por impulsarlo a la posteridad.
La historia reconocerá algún día el aporte de Clinton en el fallido esfuerzo, que dejó plasmado en infinidad de planos y borradores las bases de un futuro acuerdo de paz; el mismo que habría ahorrado las miles de vidas y pérdidas de las Torres Gemelas y sus secuelas, pasando por la matanza de palestinos y civiles israelíes en Gaza, Cisjordania e Israel. El hecho es que el esfuerzo se frustró porque se agotó su mandato.
El nuevo presidente, George Bush hijo, cambió de agenda y el nuevo mandatario de Israel, Ariel Sharon también. Ni uno y otro mostraron igual prisa que Bill Clinton para conseguir la paz. Y esa, creemos, fue la causa del aplauso silencioso de la senadora Hillary Clinton al enérgico y bélico discurso del sucesor de su esposo el jueves pasado.
Hillary, al igual que su esposo Bill Clinton, es abogada, egresada también de la misma prestigiosa Universidad de Georgetown, en Washington. Y si bien Bill, como estudiante fue bueno, Hillary lo fue mucho mejor, excelente. Quizás por eso, más de un comentarista llegó en su oportunidad a decir, que la señora Clinton era más que el poder tras la presidencia de su marido, la materia gris y la astucia personificadas. Ella lo guió hasta la presidencia del país más poderoso de la tierra después de ser gobernador del modesto estado de Arkansas.
En ese marco de ideas, es más que probable que tras el desesperado esfuerzo de último momento desplegado por el presidente Clinton, para sellar la paz en el Medio Oriente, entre Arafat y Barak, en Camp David, estuviera el desmedido interés de su esposa Hillary por impulsarlo a la posteridad.
La historia reconocerá algún día el aporte de Clinton en el fallido esfuerzo, que dejó plasmado en infinidad de planos y borradores las bases de un futuro acuerdo de paz; el mismo que habría ahorrado las miles de vidas y pérdidas de las Torres Gemelas y sus secuelas, pasando por la matanza de palestinos y civiles israelíes en Gaza, Cisjordania e Israel. El hecho es que el esfuerzo se frustró porque se agotó su mandato.
El nuevo presidente, George Bush hijo, cambió de agenda y el nuevo mandatario de Israel, Ariel Sharon también. Ni uno y otro mostraron igual prisa que Bill Clinton para conseguir la paz. Y esa, creemos, fue la causa del aplauso silencioso de la senadora Hillary Clinton al enérgico y bélico discurso del sucesor de su esposo el jueves pasado.