El silencio de la prensa
A los tiranos o aprendices les obsesiona atacar a la prensa libre, con el fin de que no existan voces que descubran y difundan sus atropellos, por eso los medios y los comunicadores independientes sufren prisión, persecuciones, atentados, venganzas y, en no raras ocasiones, la muerte.
Una de las características del absolutismo es, precisamente, la que demuestra hostilidad a la madre de todas las libertades. En las mazmorras de los déspotas han perecido o sufren las humillaciones periodistas, escritores y más intelectuales.
En el fascismo y el estalinismo se perpetraron las mayores aberraciones en contra de los Derechos Humanos. Los seguidores del socialismo del siglo XXI demuestran obstinación en desmedro de la prensa independiente. El clima hostil que se respira en los países donde esta corriente ha llegado al poder va creciendo.
La Federación Internacional de Periodistas, que tiene su sede en Bruselas, acaba de rechazar los actos que se cometen en esta órbita, singularmente en Venezuela donde se ha emitido orden de arresto para Guillermo Zuloaga, presidente de Globovisión. La medida represiva alcanza también al hijo de este personaje. Entre los últimos y repudiables sucesos, se anota, asimismo, la sentencia en detrimento del columnista Francisco Pérez, al que se le ha condenado a 3 años y 9 meses de prisión e inhabilitado profesional y políticamente, aplicando cuatro sanciones en una, en clamorosa claudicación de la justicia al servicio de Hugo Chávez. Se añaden a estas vejaciones el lanzamiento de bombas incendiarias a las sedes de los diarios Últimas Noticias, El Mundo, Líder y Mañana. A quienes no tenemos alma de siervos nos repugna lo que está aconteciendo en Venezuela y cada vez con creciente agresividad, a semejanza de la Cuba oprimida por los Castro.
En Nicaragua, se pretende intimidar a los libres pensadores, bajo las directrices de bravatas, ataques, provocaciones y abusos que caracteriza a los sandinistas. En Bolivia, se alienta la lucha de clases. En Ecuador, para controlar a los medios se debate una ley conocida desde ya como mordaza. Argentina tampoco es la excepción en lo referente a premeditadas descalificaciones al periodismo no oficialista. Cuando se produce el silencio de la prensa prevalece el yugo del despotismo.