El síndrome Mireya Moscoso
Una rápida búsqueda en el Diccionario de la Real Academia de la Lengua, nos da como resultado que al término "síndrome" se le describe como: "conjunto de síntomas característicos de una enfermedad". Sin ser médico, me atrevería a decir que la enfermedad consiste en haber perdido para siempre el poder ejercido desordenada y descontroladamente por cinco años. Ello explica el enfermizo comportamiento que la ex presidente está teniendo frente al nuevo gobierno, donde pareciera por el tono de sus críticas que el mismo está en su semana No. 40, cuando malamente ha llegado a los cuarenta días.
Pareciera que los síntomas que sufre por no tener el poder que tanto utilizó para su provecho y el de sus allegados son tan fuertes, que no se resiste a esperar el resultado de las auditorías decretadas en cada institución para que se determinen los tantos desmanes de su gestión.
En esa línea, y ya no por asuntos de enfermedad alguna, sino por su interés de tener las noticias más espectaculares, algunos medios quisieran que salgan a relucir ya los desafueros que se cometieron. Esa actitud, si bien entendible porque la población clama por cárcel para los corruptos y ladrones y los medios se hacen eco de ese clamor ciudadano, pudiera dar al traste con las investigaciones que se adelantan. Más frustante sería, por ejemplo, que se ordene la detención de uno de los directivos de la Fundación Mar del Sur, envuelta en un peculado de más de B/. 45 millones, y que a los pocos días, por haberse violado el debido proceso legal o por carecer de las contundentes pruebas requeridas, se decrete la libertad del encausado y entonces la dosis de frustración popular será mayor, como lo fue con el caso del confeso Tito Afú.
El proceso de investigación se ha hecho difícil, me imagino yo, porque la Contraloría General no realizó apropiadamente su trabajo de fiscalización y de control del gasto público. Quizás en algunos casos pretendió hacerlo, pero en forma selectiva, lo cual hace esperar que quien por cuatro años y ocho meses tuvo un resfriado crónico, sin ver a médico alguno, repentinamente vaya a curarse en los últimos cuatro meses de su gestión tomando un simple té de jazmín. Habrá que esperar enero para que haya otra gente al frente de la Contraloría.
El asunto de la Fundación Mar del Sur es un ejemplo. Contraloría desde el 2001 envió cartas a los responsables de dicha fundación para que rindieran cuentas sobre las donaciones que recibían de Taiwan. Sin embargo, el asunto no pasó de las cartas. Dentro del mismo ejemplo, habría que preguntarse, ¿cómo un cheque tan llamativo de B/. 10 millones de esa fundación pudiese ser transferido del Banco Nacional a un banco privado sin que los auditores de la Contraloría no saltaran? ¿O cómo todos los cheques que salieron a flote en la investigación del caso Milanés de Lay pudieron pasar los filtros previos de Contraloría? Tengo conocimientos que dentro del Banco Nacional hubo funcionarios que se opusieron a la forma como estas cuentas se manejaban, y para salvar su responsabilidad, anotaron con su puño y letra, "aprobado por órdenes superiores del Contralor Weeden".
Así, deben haber muchos otros casos, no sólo de candidatos a legisladores y a representantes de los partidos oficiales.
En Cancillería, para utilizar otro ejemplo, uno de sus ex asesores estrellas, durante la campaña, un asesor de la Caja de Ahorros, pero al mismo tiempo también del candidato oficialista, disponía de carro y chofer de la Cancillería para sus labores políticas. En todo el país ocurrió lo mismo. Existen instituciones en donde, para robarse los recursos del Estado, se emitían cheques a entidades del Estado, que en lugar de depositarlos en el Banco Nacional, iban a dar a cuentas particulares en bancos privados, o seminarios que se cobraban, pero no se dictaban. ¿Y la Contraloría, acaso no tenía auditores en esas entidades?
Así como en una ocasión denuncié con lujo de detalles la destrucción por medio de trituradora de todos los documentos de la Fundación Mar del Sur por órdenes directas del Ministro Gracia, sin que hasta la fecha el reputado neurólogo haya dicho ni pío sobre eso, pareciera que esa fue la tónica en gran cantidad de despachos. En algunos los anaqueles vacíos, como si antes que llegaran los nuevos gobernantes nadie hubiese trabajado allí. Los discos duros han desaparecido, así como los estados de cuenta. Podría hacer una larga e interminable lista de todo lo que se ha encontrado, mucho de lo cual llega a las manos del nuevo gobierno, porque no todos los funcionarios eran corruptos y ladrones. Pareciera que también por órdenes superiores los auditores de la Contraloría se tenían que hacer los ciegos y los sordos.
Frente a esta realidad, es imposible que el gobierno, con tantos problemas encima, se convierta en el doctor de cabecera de la señora Moscoso, sus allegados y voceros en la Asamblea Legislativa, aunque sería más apropiado no pluralizar los que hasta hoy siguen defendiendo su síndrome. Hay que tener un poco de calma porque cuando el país se comprometió a un proceso de cero corrupción, a los primeros que hay que aplicárselas será a todos los responsables que en los últimos cinco años hubiesen dispuesto de tanto dinero para despilfarrar pero no para atender las tantas necesidades del pueblo. A pesar de sus promesas de hacer un gobierno eminentemente popular.
Pareciera que los síntomas que sufre por no tener el poder que tanto utilizó para su provecho y el de sus allegados son tan fuertes, que no se resiste a esperar el resultado de las auditorías decretadas en cada institución para que se determinen los tantos desmanes de su gestión.
En esa línea, y ya no por asuntos de enfermedad alguna, sino por su interés de tener las noticias más espectaculares, algunos medios quisieran que salgan a relucir ya los desafueros que se cometieron. Esa actitud, si bien entendible porque la población clama por cárcel para los corruptos y ladrones y los medios se hacen eco de ese clamor ciudadano, pudiera dar al traste con las investigaciones que se adelantan. Más frustante sería, por ejemplo, que se ordene la detención de uno de los directivos de la Fundación Mar del Sur, envuelta en un peculado de más de B/. 45 millones, y que a los pocos días, por haberse violado el debido proceso legal o por carecer de las contundentes pruebas requeridas, se decrete la libertad del encausado y entonces la dosis de frustración popular será mayor, como lo fue con el caso del confeso Tito Afú.
El proceso de investigación se ha hecho difícil, me imagino yo, porque la Contraloría General no realizó apropiadamente su trabajo de fiscalización y de control del gasto público. Quizás en algunos casos pretendió hacerlo, pero en forma selectiva, lo cual hace esperar que quien por cuatro años y ocho meses tuvo un resfriado crónico, sin ver a médico alguno, repentinamente vaya a curarse en los últimos cuatro meses de su gestión tomando un simple té de jazmín. Habrá que esperar enero para que haya otra gente al frente de la Contraloría.
El asunto de la Fundación Mar del Sur es un ejemplo. Contraloría desde el 2001 envió cartas a los responsables de dicha fundación para que rindieran cuentas sobre las donaciones que recibían de Taiwan. Sin embargo, el asunto no pasó de las cartas. Dentro del mismo ejemplo, habría que preguntarse, ¿cómo un cheque tan llamativo de B/. 10 millones de esa fundación pudiese ser transferido del Banco Nacional a un banco privado sin que los auditores de la Contraloría no saltaran? ¿O cómo todos los cheques que salieron a flote en la investigación del caso Milanés de Lay pudieron pasar los filtros previos de Contraloría? Tengo conocimientos que dentro del Banco Nacional hubo funcionarios que se opusieron a la forma como estas cuentas se manejaban, y para salvar su responsabilidad, anotaron con su puño y letra, "aprobado por órdenes superiores del Contralor Weeden".
Así, deben haber muchos otros casos, no sólo de candidatos a legisladores y a representantes de los partidos oficiales.
En Cancillería, para utilizar otro ejemplo, uno de sus ex asesores estrellas, durante la campaña, un asesor de la Caja de Ahorros, pero al mismo tiempo también del candidato oficialista, disponía de carro y chofer de la Cancillería para sus labores políticas. En todo el país ocurrió lo mismo. Existen instituciones en donde, para robarse los recursos del Estado, se emitían cheques a entidades del Estado, que en lugar de depositarlos en el Banco Nacional, iban a dar a cuentas particulares en bancos privados, o seminarios que se cobraban, pero no se dictaban. ¿Y la Contraloría, acaso no tenía auditores en esas entidades?
Así como en una ocasión denuncié con lujo de detalles la destrucción por medio de trituradora de todos los documentos de la Fundación Mar del Sur por órdenes directas del Ministro Gracia, sin que hasta la fecha el reputado neurólogo haya dicho ni pío sobre eso, pareciera que esa fue la tónica en gran cantidad de despachos. En algunos los anaqueles vacíos, como si antes que llegaran los nuevos gobernantes nadie hubiese trabajado allí. Los discos duros han desaparecido, así como los estados de cuenta. Podría hacer una larga e interminable lista de todo lo que se ha encontrado, mucho de lo cual llega a las manos del nuevo gobierno, porque no todos los funcionarios eran corruptos y ladrones. Pareciera que también por órdenes superiores los auditores de la Contraloría se tenían que hacer los ciegos y los sordos.
Frente a esta realidad, es imposible que el gobierno, con tantos problemas encima, se convierta en el doctor de cabecera de la señora Moscoso, sus allegados y voceros en la Asamblea Legislativa, aunque sería más apropiado no pluralizar los que hasta hoy siguen defendiendo su síndrome. Hay que tener un poco de calma porque cuando el país se comprometió a un proceso de cero corrupción, a los primeros que hay que aplicárselas será a todos los responsables que en los últimos cinco años hubiesen dispuesto de tanto dinero para despilfarrar pero no para atender las tantas necesidades del pueblo. A pesar de sus promesas de hacer un gobierno eminentemente popular.