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El Sur también existe


Las relaciones exteriores de Panamá no deben tener como eje de gravedad el Washington centrismo.
La realidad del abrazo de los países de América del Sur es una realidad insoslayable. A ese proceso de cambios y de reformulación de políticas en el que entran en una acelerada mutación los conceptos de nacionalidad y soberanía, se ha sumado Panamá.
Primero hubo que redefinir las relaciones con EE.UU. La propuesta panameña es cooperar en la guerra antiterrorista sin caer en la trampa de la remilitarización que el Pentágono quiere imponer a sus tratos con el resto del planeta. Panamá puede convertirse en un socio invalorable para Washington en cuanto al control de todo el movimiento marítimo que lleguen desde este país a los puertos estadounidenses. No es una operación de recolectar datos, sino recabar inteligencia que garantice una conexión marítima segura. Para eso no se requieren fuerzas de tarea estadounidenses en los puertos ni en el Canal, sino conductos de comunicación.
Las relaciones exteriores de Panamá no deben tener como eje de gravedad el Washington centrismo. Esa es la razón por la cual el país se reinsertó en el Grupo de los Cuatro (G-4) conformado además por Colombia, México y Venezuela, retornó al Grupo de Río, formado por una veintena de naciones latinoamericanas, participó como observador de la ceremonia de creación de la Unión Sudamericana y, más recientemente, en la cita de presidentes de países miembros del Mercado Común del Cono Sur (MERCOSUR).
La ampliación del MERCOSUR con la incorporación de otros países sudamericanos y de otras regiones latinoamericanas es lo que irá creando las condiciones para la unión política. Si bien es un proceso de integración económica y comercial, el ingrediente político es lo que dará mayor estabilización y consolidará la democracia en el subcontinente.
En el caso del Acta Fundacional de la Unión Sudamericana, suscrita hace un par de semanas en Cuzco, Perú, es el inicio de una posibilidad real de independencia y de progreso entre los pueblos de ese subcontinente. Sus repercusiones tendrán efectos hacia adentro y hacia fuera de Sudamérica.
América del Sur está en un nuevo rumbo histórico. Paso a paso se ha ido consolidando la unidad por regiones. La integración es la respuesta a los desafíos apremiantes de la historia mundial. Pero la realidad de las naciones sudamericanas con problemas comunes de inseguridad, exclusión, desempleo, corrupción política y administrativa, pobreza, trastornos ambientales y violación de los derechos humanos, impone otras tareas.
Los sudamericanos aspiran a levantar una voz propia para encontrar respuestas a la realidad de que crece la economía, pero no mejora el empleo, que se agudizan las demandas sociales y se afecta la gobernabilidad democrática. El punto es encontrar una nueva visión de desarrollo, diseñar nuevas políticas y ver cómo se vuelcan sobre el proceso de integración. Además se necesita un Estado sostenible que sea capaz de asegurar a largo plazo políticas de desarrollo social a partir de un crecimiento económico con equidad que garantice la cohesión y la gobernabilidad.
Las tareas han sido definidas. Una integración física a través de grandes obras de infraestructura, que va de la mano con la integración financiera y donde existe la experiencia exitosa de la Corporación Andina de Fomento (CAF), y la creación de un anillo en materia energética que una a toda la región. También se suma la integración cultural y comunicacional que permita reafirmar la identidad del subcontinente y sus relaciones con otras regiones y subregiones y una integración institucional para avanzar en la construcción de instrumentos supranacionales como son el parlamento, la constitución, la justicia y la moneda común.
La Unión Sudamericana dará, además, la batalla para enfrentar problemas comunes y abordar desde una postura unificada los grandes temas regionales ante organizaciones internacionales y negociar en mejores condiciones acuerdos comerciales, políticos y de cooperación. El gobierno panameño está consciente del fruto maduro de la paz y la democracia en Sudamérica y quiere asistir al proceso en que se da forma y sustancia a una utopía que está convirtiéndose en realidad. La presencia económica y el protagonismo político de Sudamérica en el mundo habla de nuevos tiempos y es un aporte al entendimiento y la convivencia, elementos consustanciales con los grandes ideales panameños y de todos latinoamericanos.

101 años de Panamá América

 
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