El talón de Aquiles de la ampliación del Canal
LEO a diario en la prensa dos o tres opiniones sobre la ampliación del Canal, escucho otras tantas a través de programas de radio y televisión y he asistido a dos presentaciones formales sobre el tema, la última por invitación de AMCHAM, la cual resultó un interesante debate entre dos corrientes de pensamiento. Además leí el documento de 76 páginas "Propuesta de Ampliación del Canal de Panamá" presentado por la ACP el 25 de abril de 2006. Aún así no me atrevo a decir con propiedad que estoy completamente informado y en pleno conocimiento de todo el proyecto. A pesar de esto me siento afortunadamente bastante cómodo con mi futuro voto frente al riesgo de la ampliación.
Me siento cómodo porque considero que el costo de la obra de aproximadamente 5,250 millones no está fuera de la capacidad de inversión de una empresa como el Canal de Panamá, aún manteniendo los actuales ingresos y condiciones de solvencia. Entiendo que por razones legales y políticas hay que demostrar que vamos a poder pagar todo en un plazo corto (concepto errado de auto financiable) cuando en cualquier proyecto de esta magnitud, los términos razonables de financiamiento serían de 20 a 30 años y los intereses del orden del 4% a través de fuentes de crédito internacionales, para lo cual la ACP tiene capacidad de amortizar sin siquiera aumentar peajes.
Me siento cómodo porque en el costo de obra se han incluido suficientes imprevistos, tomando en cuenta: aumentos de costos de materiales y servicios, atrasos en entrega de obras, aumento del petróleo, inflación, transporte, etc. La construcción de las nuevas esclusas y tinas son ya materia probada a saciedad por otros países más avanzados tecnológicamente que nosotros, lo cual no fue el caso con el actual sistema de compuertas. Los nuevos calados para aceptar las naves Post Panamax estarán a cargo del personal técnico de la dirección de dragados del Canal, quienes tienen años de experiencia y conocen a fondo el área de trabajo y no permitirán que se afecten las operaciones de transito diarias de la vía. Los embalses fueron eliminados y así el impacto social y ambiental ha sido reducido al mínimo.
Me siento cómodo porque actualmente el Canal es un negocio rentable, con mucho potencial de crecimiento, solo hay que asomarse a la avenida Balboa y el rompeolas en Colón y ver cómo aumenta la fila de espera. La demanda del servicio responde al incremento del comercio mundial y pasarán muchos años antes de que se invente una forma más económica de transporte que el marítimo. Los estudios demuestran que existe posibilidad de aumentar los peajes sin afectar mucho el costo final de transporte, prueba de ello es que muchos navieros aceptan pagar un 15% de recargo por reservar cupo y no tener que esperar. Todo indica que aún sin tomar en cuenta los posibles tránsitos de los mega barcos, con el solo aumento de demanda y de los peajes los ingresos del Canal se doblarían en 20 años.
Me siento cómodo porque los empleados de la ACP han demostrado sin lugar a dudas que tienen capacidad para administrar, mantener y operar la vía como ningún otro profesional o gobierno del mundo y la ampliación será para ellos un reto más en su encomiable carrera. El sistema de compras y contratación, hasta ahora, ha sido confiable, transparente y efectivo llegando a ser materia de estudio y plagio por parte de otros gobiernos y empresas de clase mundial y no veo por qué ha de cambiar.
Donde todavía observo fallas es en el riesgo político. Un proyecto de esa magnitud afronta de hecho múltiples riesgos políticos, pero cuando este depende de un referéndum popular la exposición es aún más relevante. Puedo añadir que he dedicado gran parte de mi vida a analizar y administrar riesgos y me encuentro preocupado frente a la posibilidad de que el proyecto fracase por la mala administración pública de la propuesta. No hay que tapar el sol con las manos, el gobierno no ha dado muestras de tener mucho éxito en su manejo político con anteriores temas de Estado y hasta la fecha van por el mismo camino con respecto a éste.
Las presentaciones y publicaciones que sobre el tema se están llevando a cabo son buenas y necesarias, personalmente me siento satisfecho, pero lamentablemente con suerte el 20% de nuestros votantes van a leerlas o asistirán a alguno de estos encuentros. Por otro lado, más allá del puente Centenario, el 90% de la población no siente que ha recibido o que recibirá beneficio alguno de este proyecto, entonces se deben enfocar los cañones a mitigar ese riesgo y no a otra cosa o corremos el albur de que todo el proyecto fracase. Adicionalmente hay que poner a un lado, por lo menos hasta después del referéndum, cualquier otro proyecto público que pueda afectar la frágil imagen de confianza en las instituciones públicas. Me refiero específicamente a dos concesiones que han nacido bajo el estigma de que hay corruptela y que son ya motivo de rechazo popular; el transporte público o sistema Transmilenium y el terminal de contenedores de Farfán/Palo Seco.
El Ejecutivo debe salir no a anunciar que habrá un fondo común proveniente del Canal para resolver problemas sociales, ya nadie cree en eso como ejemplo: el FIS, sino a poner directamente la mano en la llaga y a decir en forma especifica en qué se van a usar los fondos provenientes del Canal. Una recomendación podría ser anunciar que a partir del próximo año se le dará a cada municipio la suma de un millón de balboas para hacer obras necesarias en sus comunidades, o que el gobierno va a construir una hidroeléctrica para con el producto de esa energía iluminar todos los parques y estadios y hospitales, o que se van a rehabilitar y ampliar todas las cárceles del país. En fin lanzar programas que el panameño común entienda y que sienta que mas allá de aprobar una obra que beneficiará a un grupo de contratistas y navieras, existe también algo para su comunidad. Es allí donde está el verdadero talón de Aquiles de la ampliación.
Me siento cómodo porque considero que el costo de la obra de aproximadamente 5,250 millones no está fuera de la capacidad de inversión de una empresa como el Canal de Panamá, aún manteniendo los actuales ingresos y condiciones de solvencia. Entiendo que por razones legales y políticas hay que demostrar que vamos a poder pagar todo en un plazo corto (concepto errado de auto financiable) cuando en cualquier proyecto de esta magnitud, los términos razonables de financiamiento serían de 20 a 30 años y los intereses del orden del 4% a través de fuentes de crédito internacionales, para lo cual la ACP tiene capacidad de amortizar sin siquiera aumentar peajes.
Me siento cómodo porque en el costo de obra se han incluido suficientes imprevistos, tomando en cuenta: aumentos de costos de materiales y servicios, atrasos en entrega de obras, aumento del petróleo, inflación, transporte, etc. La construcción de las nuevas esclusas y tinas son ya materia probada a saciedad por otros países más avanzados tecnológicamente que nosotros, lo cual no fue el caso con el actual sistema de compuertas. Los nuevos calados para aceptar las naves Post Panamax estarán a cargo del personal técnico de la dirección de dragados del Canal, quienes tienen años de experiencia y conocen a fondo el área de trabajo y no permitirán que se afecten las operaciones de transito diarias de la vía. Los embalses fueron eliminados y así el impacto social y ambiental ha sido reducido al mínimo.
Me siento cómodo porque actualmente el Canal es un negocio rentable, con mucho potencial de crecimiento, solo hay que asomarse a la avenida Balboa y el rompeolas en Colón y ver cómo aumenta la fila de espera. La demanda del servicio responde al incremento del comercio mundial y pasarán muchos años antes de que se invente una forma más económica de transporte que el marítimo. Los estudios demuestran que existe posibilidad de aumentar los peajes sin afectar mucho el costo final de transporte, prueba de ello es que muchos navieros aceptan pagar un 15% de recargo por reservar cupo y no tener que esperar. Todo indica que aún sin tomar en cuenta los posibles tránsitos de los mega barcos, con el solo aumento de demanda y de los peajes los ingresos del Canal se doblarían en 20 años.
Me siento cómodo porque los empleados de la ACP han demostrado sin lugar a dudas que tienen capacidad para administrar, mantener y operar la vía como ningún otro profesional o gobierno del mundo y la ampliación será para ellos un reto más en su encomiable carrera. El sistema de compras y contratación, hasta ahora, ha sido confiable, transparente y efectivo llegando a ser materia de estudio y plagio por parte de otros gobiernos y empresas de clase mundial y no veo por qué ha de cambiar.
Donde todavía observo fallas es en el riesgo político. Un proyecto de esa magnitud afronta de hecho múltiples riesgos políticos, pero cuando este depende de un referéndum popular la exposición es aún más relevante. Puedo añadir que he dedicado gran parte de mi vida a analizar y administrar riesgos y me encuentro preocupado frente a la posibilidad de que el proyecto fracase por la mala administración pública de la propuesta. No hay que tapar el sol con las manos, el gobierno no ha dado muestras de tener mucho éxito en su manejo político con anteriores temas de Estado y hasta la fecha van por el mismo camino con respecto a éste.
Las presentaciones y publicaciones que sobre el tema se están llevando a cabo son buenas y necesarias, personalmente me siento satisfecho, pero lamentablemente con suerte el 20% de nuestros votantes van a leerlas o asistirán a alguno de estos encuentros. Por otro lado, más allá del puente Centenario, el 90% de la población no siente que ha recibido o que recibirá beneficio alguno de este proyecto, entonces se deben enfocar los cañones a mitigar ese riesgo y no a otra cosa o corremos el albur de que todo el proyecto fracase. Adicionalmente hay que poner a un lado, por lo menos hasta después del referéndum, cualquier otro proyecto público que pueda afectar la frágil imagen de confianza en las instituciones públicas. Me refiero específicamente a dos concesiones que han nacido bajo el estigma de que hay corruptela y que son ya motivo de rechazo popular; el transporte público o sistema Transmilenium y el terminal de contenedores de Farfán/Palo Seco.
El Ejecutivo debe salir no a anunciar que habrá un fondo común proveniente del Canal para resolver problemas sociales, ya nadie cree en eso como ejemplo: el FIS, sino a poner directamente la mano en la llaga y a decir en forma especifica en qué se van a usar los fondos provenientes del Canal. Una recomendación podría ser anunciar que a partir del próximo año se le dará a cada municipio la suma de un millón de balboas para hacer obras necesarias en sus comunidades, o que el gobierno va a construir una hidroeléctrica para con el producto de esa energía iluminar todos los parques y estadios y hospitales, o que se van a rehabilitar y ampliar todas las cárceles del país. En fin lanzar programas que el panameño común entienda y que sienta que mas allá de aprobar una obra que beneficiará a un grupo de contratistas y navieras, existe también algo para su comunidad. Es allí donde está el verdadero talón de Aquiles de la ampliación.