El termómetro desempleo
Para vivir hay que trabajar, pero no alcanza con simplemente trabajar, pues también hay que ser inventivo, ingenioso, y emprendedor. Desafortunadamente en nuestro mundo moderno el desempleo es un fenómeno crónico que parece no tener remedio, y es cierto, no lo tiene bajo los esquemas de perversas políticas económicas que practicamos; particularmente, las del estado nana. Pero a juzgar por muchos economistas cortesanos, la solución requiere mayor intervención estatal; independientemente de que el desempleo ha ido aumentando en forma directa y proporcional con la intervención y el paternalismo.
Para el político tradicional y su corte de economistas de línea contemporánea, el problema se debe a los mercados carentes de "control" y reglamentación. En virtud de ello, vemos una recua de programas de "estímulo", de subsidio, entidades oficiales de "educación", etc. No obstante, hay ejemplos que muestran con claridad lo inútil de todo esto. En los EE.UU., en dónde el Gobierno Federal, que gastaba en esta clase de programas "sociales" $92 mil millones en 1960, ha ido aumentando esa cifra hasta llegar hoy día a la increíble de $980 mil millones. Curioso que durante todo ese tiempo el desempleo ha ido subiendo a la par del inútil gasto.
No hay duda, el desempleo es un termómetro de algo; el asunto es de qué. A los genios de la otrora cuna de la libertad no les basta que sus programas se asemejen a tirar más y más leña al fuego; mientras que otros países, en dónde el intervencionismo ha ido en mengua, tales como China, India, Suecia, Rusia, etc., el desempleo y la pobreza está disminuyendo de manera impresionante. Haríamos bien en mirarnos en esos espejos.
La inflación, al igual que todas las demás formas de intervención central, obstaculiza la operación del mercado, incluyendo el laboral; afectando la producción, consumiendo el capital de inversión, disminuye la productividad, todo lo cual se traduce en desempleo.
Otro ejemplo palpable que los keynesianos se emperran en desconocer es la ley del Tío Sam que en 1930, justo al comienzo de la Gran Depresión, aumentó los aranceles de manera sustancial; como también duplicaron los impuestos y el salario mínimo, con la finalidad de "aumentar el poder adquisitivo de los trabajadores". Pero no nos confundan con los hechos reales, como el que todo ello disparó y empeoró la Gran Depresión.
El desempleo es una enfermedad política, que surge de la idea popularmente primitiva de que el gobierno puede mejorar la economía de los trabajadores a través de leyes de intervención económica y laboral. También es ingenuo pensar que las "conquistas laborales", logradas a través de negociaciones coercitivas, son verdaderas conquistas. Por supuesto que nadie se sienta a sacar los numeritos al final del día; o si lo hacen, los amañan, pues temen, más que nada, quedar en evidencia.
El tsunami económico que se avecina nos enfrentará a la realidad, y no será de una manera muy agradable; pero sí el comienzo de la solución.