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El terror se ha globalizado


La mayor evidencia, incontrastable y estremecedora, de la presencia terrorista a nivel ecuménico se localiza en los brutales atentados que se perpetraron en los Estados Unidos, el 11 de septiembre del año anterior, que demostraron que no existen fronteras de ninguna naturaleza para esa clase de criminales, alentados por el fanatismo y la pérdida de los más elementales valores que sostienen a la racionalidad y al bien.
La red Al Qaeda, que conformó el execrable Osama bin Laden y que está integrada por cien mil asesinos, aproximadamente, distribuidos a lo largo y ancho del planeta, revela la magnitud del peligro que gravita sobre el mundo. Si a ello se suman los otros grupos, además de los del fundamentalismo islámico, cuya misión es crear el caos y fomentar la muerte, de protervo activismo en todos los continentes, no existe la menor duda respecto a que el terror se ha globalizado.
Obviamente, los de mayor riesgo, por su virulencia y perversas convicciones religiosas que les llevan inclusive al suicidio, bajo la creencia de alcanzar el paraíso, son los que están alineados en el campo del integrismo musulmán. Bin Laden, junto a otros obcecados líderes, preconizan la guerra santa contra Occidente, como si los siglos no hubiesen transcurrido y la humanidad estuviera en obscuras épocas superadas por la Historia. Lamentable e increíblemente, así se presenta la realidad actual; existen sujetos, como los referidos y agrupaciones de igual y malévola inspiración, que cuando se producen ruines atentados felicitan a sus autores, dentro de la macabra y primitiva corriente que busca, de manera obsesiva, crear destrucción y zozobra.
222 Bien hizo el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas en condenar el terrorismo y recordar que la prioridad de los países y de la comunidad internacional es luchar contra este flagelo.
Bien hizo el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas en condenar el terrorismo y recordar que la prioridad de los países y de la comunidad internacional es luchar contra este flagelo.Felizmente, cada vez hay más conciencia al respecto y ello garantiza que irá incrementándose la concertación de voluntades y de esfuerzos de los gobiernos de todo el orbe para neutralizar a semejante amenaza, como lo recomienda la sensata y oportuna protección a las presentes y futuras generaciones. Si es un hecho la globalización del terror, lo menos que se debe esperar es la globalización de la justicia y de la recíproca ayuda internacional para acabar con la referida plaga de la sociedad contemporánea.
La Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), al aceptar en su seno a siete ex países comunistas y que, por lo tanto, integraban el Pacto de Varsovia, demostró que los vestigios de la Guerra Fría en Europa van desapareciendo, ante el avance de la libertad y la democracia, a raíz de la caída del Muro de Berlín.
La OTAN, asimismo, resolvió conformar una fuerza de respuesta rápida para que intervenga en cualquier parte donde acontezcan amenazas a la seguridad, particularmente atentados terroristas provenientes del extranjero.
Por ese acertado camino en pro del bienestar y la vida van también los países americanos que se han propuesto revisar y actualizar el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca, que data de 1947 y que es acorde a los postulados de la ONU. En el TIAR, el fenómeno terrorista debe constar, junto a las apropiadas medidas para vencerlo. Como quedó indicado, sobre el particular ya la OTAN dio una luz en torno al compromiso de ayuda mutua.
Un gran precedente en la materia constituyó la Convención Antiterrorista de Barbados (junio 2002) en donde se calificó al terrorismo como grave fenómeno delictivo, de carácter transnacional, que atenta la seguridad y la democracia, que erosiona las bases sociales, que impide el goce de los principios y libertades fundamentales y que no permite el desarrollo de los pueblos. Frente a las asechanzas y arremetidas del terrorismo, los países no pueden cruzarse de brazos. Jamás se debe olvidar que se trata de un crimen de lesa humanidad.
La tesis muy difundida de que la incorporación al proceso de globalización, es la de un tren a alta velocidad en donde los primeros que se montan ganan y los últimos pierden, no sólo es maniquea sino inaceptable.
El desarrollo económico tiene como objetivo el mejoramiento de las condiciones de vida del conjunto de la sociedad y cualquier decisión económica contraria a ese objetivo, no cumple con uno de los principios básicos de la ciencia económica: el uso eficiente de los recursos escasos para satisfacer las necesidades sociales siempre crecientes.
Por último, se debe señalar que las grandes asimetrías económicas presentes entre las tres Américas hacen poco viable el éxito del ALCA. En resumen, los pactos de libre comercio no representan, necesariamente, beneficios para el país.
(mramos45@hotmail.com)

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