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El terrorismo como método


No puedo, de ninguna manera, dejar de utilizar esta columna para comentar el atentado terrorista más espantoso que ha conocido el planeta, que es casi como una declaración de guerra al país más poderoso de la tierra. Ajeno a qué lugar fue dirigido, qué pueblo o gobierno se ha perjudicado con este atentado, creo que no hay ni debe haber ser humano sobre la tierra que no lo condene como lo merece.
Ha sido un acto que no deja lugar a pensar ni a analizar porque la lógica se perdió en el momento que el primer avión chocó con la primera torre en Nueva York. No existe justificación para esto ni puede permitirse una excusa de ninguna clase. En este atentado se han unido la ignorancia, el fanatismo y un odio vertical que le tienen ciertos pueblos a los Estados Unidos. Aunque las huellas parecen guiarnos hacia un grupo árabe, ignoramos a qué país pertenezca. Más que terrorismo, fue salvajismo ya que, además de los daños físicos, ha dejando miles de muertos por causas no naturales; han sembrado destrucción y dolor y, lo que destruye no es positivo, mírese como se mire.
Si el dirigente fuera el millonario que es dueño de una gran fortuna, es aún muy joven para inmiscuirse en semejante hazaña que, más que inmortalizarlo en bronce lo hace en arena porque no merece ni ser recordado. Yo me pregunto si no sabe qué hacer con su fortuna, existen miles de obras positivas en qué invertirla. Los factores de pobreza que rodean al mundo y que pudieran ser mitigados con esa fortuna. ¿Por qué en vez de convertirse en terrorista, no se convirtió en filántropo? Entonces sí la humanidad lo recordaría como a un líder contra la pobreza y el hambre en el mundo. ¿Por qué, en vez de ir por el mundo haciendo maldades y buscando cómo destruir lo construido, no inicia una cruzada contra la pobreza y se va al Africa donde los niños no ganan ni onzas después de su nacimiento por desnutrición severa?
Lo sucedido no entra aún en la cabeza de los humanos; pero, en la de ellos sí da vueltas hasta gastar meses y meses para idear y perfeccionar el acto destructivo hasta ponerlo en práctica con las consecuencias conocidas. Todavía no hay una certeza del o los autores del hecho. Pero, debe servirnos de enseñaza lo sucedido. Por un lado, demostró la debilidad en la seguridad del país más poderoso; por otro lado, nos indica que los culpables son incapaces de sentir lástima por los seres que murieron porque ellos también lo hicieron, sin asco, tal vez sin pensar ni analizar los hechos y en las consecuencias para los que quedaban en la faz de la tierra.
Sinceramente, creo que no hay ninguna justificación para este acto; no hay nada que indique que existía una causa ideológica por la cual luchan estos monstruos.
¡Qué hermoso sería el mundo si esta gente muriera por un ideal, por sacar a sus mujeres de la discriminación y la violencia en que las tienen; por alimentar a millones de niños y educarlos con una educación completa para que tengan un futuro prometedor! Luchar por la democracia en nuestros países, por dar salud y mejorar sus índices en los pueblos, por acabar con el elitismo que no permite al 90% de la gente acceder al poder económico, político y social porque están marginados de toda posibilidad ni de soñarlo siquiera. Por enseñar y educar. Entonces serían seres dignos de recordar, de ofrecerles y darles un puesto en la historia, pero con dignidad y respeto y no con odio y desprecio como lo es ahora.
¿Qué buscan con lo que hicieron? Todavía no alcanzo a comprender sus objetivos. Si es venganza, es condenable. Si es odio, es repudiable. Si es envidia, es deleznable. ¡Pobres seres que pasaron por el mundo siendo desconocidos hasta que dejaron de existir y, por lo tanto, ya no pueden hacer nada por sus hermanos! Así yo no quiero vivir. Hubiera preferido no nacer. Cuando se tiene uso de razón, se utiliza para hacer el bien, para el positivismo y lo constructivo.

101 años de Panamá América

 
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