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El tiempo y el año nuevo


DEL 2006 nos separa, sólo un día calendario. Cuando se analiza el transcurrir del tiempo en el ámbito de la filosofía hay consenso en adscribirle una característica especial: su temporalidad. Sin embargo, dicha nota únicamente es aplicable a la relación de la conciencia que tenemos los hombres frente a los hechos y circunstancias. Es decir, la temporalidad está directamente ligada a nuestra condición de pasajeros en tránsito por este mundo. No es el tiempo el fugitivo, es la vida. No es el tiempo el pasajero, sino la cuenta de nuestros días sobre la tierra.
El tiempo no es el provisional sino la parte de él que nos dispensa Dios en este mundo terreno. Por ello, el calendario nos permite contar los días y años nuestros en este diario transitar en donde lo secular pareciera primar sobre lo espiritual; lo material sobre lo ideal; el lucro sobe la nobleza; la inmoralidad sobre la moralidad; la vida licenciosa sobre la vida decorosa; la corrupción sobre la pureza; en fin. Todo calendario no es más que una penosa cuenta que nos indica que el tiempo avanza implacable. El reloj, su mejor aliado, no para sus manecillas y ello para indicarnos que las horas avanzan.
No podemos ordenarle al tiempo, excepto Dios, que se detenga. Insisto, algunos lo califican de implacable, de que se venga de todo en el momento oportuno e indicado. Tiene, no obstante, el tiempo la virtud de madurar los frutos del árbol; de mostrar al hombre adulto e hidalgo; de poner en las vírgenes el sello propio de las féminas; de hacer que el fuerte se doblegue y que el hierro se llene de óxido para luego ir cayendo la herrumbe; de hacer a los niños débiles hombres vigorosos y fuertes; de decirle a los mandatarios de las naciones que se les acabó el tiempo; de anunciarnos, del mismo modo, que se acerca el día en que tenemos que rendir cuentas al Creador tras la llegada de la muerte; de señalarnos cuándo llega el momento de cada estación; de presentarnos a la luna en la esplendorosa noche o al sol en el cálido día; de permitirnos evaluar, frecuentemente, cada acto o acción de nuestra parte; de valorar los principios de vida que nos rigen como personas y como nación.
El tiempo, contado en años, indica maduración. Al llegar el año 2006 somos privilegiados la mayoría, que si Dios así nos lo permite diremos: "Feliz Año Nuevo". Muchos se han quedado atrás porque fueron llamados a la presencia del Creador. Se dice que después de los 70 años la vida o el tiempo que transcurre nos es prestado. La Biblia sostiene que los días de los hombres de los tiempos actuales a cuando mucho serán setenta años. Sin embargo, cuando muere alguien de 80 ó 90 o de menos edad, máxime si se trata de un ser querido, lloramos su partida, nos compunge su ausencia. Ello por una sola razón: el hombre, la mujer, todos hemos sido creados con un sentido y objetivo de perpetuidad, de vida, de permanencia. No es a nuestra naturaleza la muerte, la ausencia del cuerpo ni del alma. No es a nuestra naturaleza el dolor, la enfermedad, el luto, la tristeza, el sufrimiento. Nuestra naturaleza ha sido hecha para el gozo supremo, la vida abundante, la salud permanente, la dicha perenne, la alegría a cada instante de la vida. De no ser así, en vano habría sido el sufrimiento de Cristo, su muerte y su resurrección. Por ello Cristo es el Salvador del mundo.
Demos gracias a Dios por todo: por la vida, la salud, los alimentos, el trabajo, los amigos y los enemigos, por las autoridades, por los del gobierno y de la oposición; gracias a Dios por los estudiantes, los educadores, los obreros y macheteros, por los que recogen la basura y limpian la ciudad; por el hombre en el campo que cree firmemente que la Tierra es bendecida y que de ella come sus frutos; por nuestros padres e hijos. Solo una actitud de agradecimiento es la que espera Dios de nosotros. Pero ni de eso somos capaces. Hemos pedido el sentido de dar las gracias. "Gracias" es una palabra milagrosa. Significa actitud de regocijo ante lo que se recibe ya sea por algo que se espera o se necesita. La palabra "gracias" representa el sentido del reconocimiento en la actitud del otro. No conlleva humillación para el que la pronuncia, sino la exaltación. Para el que la recibe ella traduce todo un estímulo de seguir haciendo el bien sabiendo que Dios se regocija con nuestra actitud de dar más que estar pensando siempre en el recibir.
El 2006 debe significar para todos los panameños y cuantos moran en este Istmo, un año de agradecimiento, de bienaventuranzas. Que nos impulse la idea del bien común, de la paz, de la prosperidad para todos por igual. Que los ricos piensen más en los pobres y que los pobres piensen más en superarse. Que los hombres buenos abunden y que los malos sean desarraigados. Que nuestros niños y niñas estén siempre felices. Que los medios de comunicación siembren más semillas de docencia, de esperanzas, de sana información y de justicia. Que el diario Panamá América siga siendo el faro de luz. Que sea, siempre, lo que se dijera de Sócrates: "Caballo que relincha por las noches y que no deja dormir a la ciudad".
Sin embargo, como cualquier otro negocio, a veces no se gana mucho y esto es por la caída de los precios que se registra en el exterior.

101 años de Panamá América

 
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