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El timo del socialismo


Cada cierto tiempo aparecen en los periódicos noticias de víctimas del timo de la estampita o del boleto premiado de la lotería. Y la pregunta que nos hacemos es cómo puede alguien, a estas alturas, caer en timos tan viejos. Pero los liberales también nos hacemos otra pregunta. ¿Cómo puede haber gente que caiga en el timo del socialismo?

La respuesta es la misma tanto para timos tradicionales como para el socialismo. Desde los timadores de baja estofa que consiguen dinero a cambio de unos papeles sin valor a un presidente del Gobierno que promete "más de todo para todos", el mecanismo del timo es el mismo y está basado en un pecado capital de la naturaleza humana, la avaricia.

Cuando un incauto cree estar haciendo negocio quedándose con las "estampitas" de un "falso pobre subnormal", los timadores están sacando partido de su avaricia, pues la posibilidad de obtener un beneficio fácil obnubila su capacidad crítica y lo convierte en una presa fácil.

El socialismo también se basa en la avaricia; si votas socialista, le van a quitar a otros el fruto de su trabajo para dártelo a ti. O sea, que sin tener que trabajar más, sin tener que ser más productivo, simplemente por votar a estos tipos accedes a bienes y servicios que realmente no eres capaz de permitirte. Así, el incauto les vota... Y cuando se quiere dar cuenta, no les están quitando a otros para dárselo a él, sino que está desempleado, han subido los impuestos y la inflación se ha disparado.

Otro pecado capital, la soberbia, le mantiene en el error. "Yo no me he equivocado al votar socialista", se consuela, "la culpa es de Bush, de los empresarios, de Aznar... yo nací socialista y siempre lo seré". El timado no quiere reconocer que ha caído.

Además, el socialismo también recurre a los "ganchos", a los compinches que distraen al incauto y que obtienen su recompensa llevándose su parte del botín. En el caso del socialismo, la lista de ganchos es muy extensa, desde medios de comunicación afines que sacan partido de las prebendas del poder hasta artistas solidarios que con sus canciones, películas (subvencionadas) y declaraciones públicas tratan de reafirmar a la víctima en su error, pasando por sindicatos cómplices y subvencionados que, al igual que los tipos mal encarados que están a los lados del mandamás, son un último recurso de coacción física por si el timado reacciona a tiempo.

Pero hay que reconocer su mérito a los timadores. Para ser timador hay que tener madera. No todo el mundo es capaz de mentir compulsivamente en el Congreso, ante los periodistas y la opinión pública; poner caritas, arquear las cejas y que no te tiemble la voz mientras niegas la crisis económica o prometes dinero a los desempleados es algo que no está al alcance de cualquiera.

Incluso disfrazarse de minero y levantar el puño, después de haberse bajado del automóvil oficial y tener un sueldazo de primera es algo que requiere una absoluta falta de escrúpulos. Y eso es algo que a ZP y a su cuadrilla hay que reconocerles.

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