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El Transporte Público, problema insoluble


El Presidente Pérez Balladares aspira a tener cinco años más de mandato para "terminar su obra de gobierno". En los casi cuatro que lleva al frente del Estado, impulsó reformas laborales, derogó las jubilaciones especiales, ejecutó un vasto programa de privatizaciones y abrió a las importaciones extranjeras el mercado panameño.
Gran parte de estas medidas se llevaron adelante pese a la oposición de amplios sectores sociales y de poderosos intereses económicos que requirieron del mandatario altas dosis de tenacidad y carácter, independientemente de las bondades y desventajas de tales iniciativas.
Pero uno de los asuntos que permaneció igual de mal sino peor fue el transporte público, tanto el colectivo (buses) como el selectivo (taxis). El desastre en tan vital servicio continúa pendiente de algún valiente estadista que lo ponga en orden.
El Presidente Endara perdió en su momento una oportunidad valiosa para revolucionar el sector transporte, pero la dejó pasar, dejando frustrada a la masa de humildes usuarios que le brindaron su respaldo en una huelga sin precedentes que se convirtió en épica jornada.
Todavía recordamos al pueblo dirigiéndose al trabajo a pie, en vehículos particulares antihuelgas, buses del Estado, bicicletas y otros. Pero todo fue en vano. La ley de Eliseo Alvarez se quedó en la mera superficie del problema.
Luego de eso, el sector transporte ha continuado igual de desordenado, monopolizado por sindicatos que acumulan más denuncias que cualquier cartel, sin que nadie investigue ni haga nada. Allí no entra la CLICAC ni autoridad alguna. La situación es anárquica.
Como consecuencia de ello, los usuarios continúan padeciendo el maltrato y el pésimo servicio; los peatones siguen siendo arrollados en las líneas de seguridad; los particulares continúan sin tener a quién acudir para exigir a los transportistas responsabilidad por las colisiones; en fin un pendemonium.
Otro sector que paga los platos rotos es el turismo. Las tarifas no se respetan, el aeropuerto de Tocumen no ofrece taxis decentes, las arrendadoras de autos no tienen servicio gratuito tipo "shuttle" como en otros países, y mucho menos lo tienen los hoteles. ¿El resultado? Asaltos, abusos y un pésimo servicio.
Ahora nos viene la SINCOTAPE, con la promesa mil veces incumplida de acabar con el "no voy p"allá". Bueno es quizás el propósito, tanto como nulas son las posibilidades de que sea implementada. Igual que otras iniciativas, terminará naufragando como los busestaxis con aire acondicionado y la apertura del sector a la empresa privada.
El servicio de transporte público continúa aguardando a gritos por un gobierno que se atreva. Panamá no es menos que otros países que lo han logrado. Con un mínimo de buena voluntad y determinacion pueden lograrse los cambios deseados. Un grupito no es más importante que el país entero.

101 años de Panamá América

 
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