El trébol vehicular, una obra de visión
No importa quién haga las obras. De repente suena bonito. Lo importante es visualizar las obras con sentido de Estado. Convencidos y comprometidos -hacia el futuro- con el desarrollo de Panamá. Todos los días, desde 1999, cuando transito por la avenida "Omar Torrijos", la que un ex-ministro quiere seguir llamando "Guillard", soy testigo de la edificación del gran trébol aéreo vehicular sin interceptación alguna para los automóviles que transitan en el área canalera.
Esta obra es la segunda más importante, luego de la Terminal Nacional de Transporte, tras la vigencia total de los pactos canaleros. Es construida por una empresa alemana con vasta experiencia. Los vehículos -vengan de donde vengan- no se encontrarán con semáforo alguno.
En otras palabras, los automóviles tendrán paso expedito para encarrilarse con dirección hacia el Corredor Norte, a la ciudad y directo hacia el Corredor Sur, cuya proyección es construir otro puente vehicular en la 5 de Mayo y, a la inversa, del Corredor Sur y desde de la ciudad el tráfico será fluido hacia el interior del país, hacia todas las áreas del canal, rumbo a Colón, y con un amarre vehicular espectacular con el nuevo puente sobre el Canal, pasando por la vía Omar Torrijos.
Al respecto de obra, los veraguenses pagamos una cuota amarga de cerca de 28 millones de balboas que se nos arrebató del presupuesto nacional. Esos dineros estaban destinados a la ampliación de la carretera panamericana desde Aguadulce a Santiago de Veraguas y fueron desviados por incapacidad y razones políticas para construir ese gran trébol, cuya visión desarrollista -del gobierno anterior- busca integrar las áreas canalera al crecimiento urbanístico de la ciudad de Panamá.
Toda esta visión desarrollista, fue cuestionada durante la campaña electoral de 1999, a tal bajeza política que se dijo que de las carreteras no se come. Me costó entender este mensaje neandertal, puesto que, como viajero hacia el interior del país, sin duda alguna antes para ir a mi Santiago querido, tomaba cuatro horas y minutos más y, ahora, con más seguridad, menos velocidad en el volante, en cuestión de momento estoy allá, en esa gran ciudad del interior.
El impacto del desarrollo es perdurable y, quienes piensan con egoísmo político escogen el camino fácil del protagonismo electoral para torcer y desvirtuar las obras de los estadistas. Algo así como pescar en río revuelto.
Desde aquel 1 de octubre de 1979, sigo muy de cerca los esfuerzos para integrar al desarrollo urbanístico a las áreas revertidas y, doy mucha razón cuando en una entrevista en Tallahasse, Miami, Ambler Moss, ex embajador de Estados Unidos en Panamá me habló que en la medida en que los panameños pusieran empeño en los bienes revertidos, el crecimiento económico del país, en menos de 10 años, se distinguiría sobre el resto del área centroamericana y del Caribe.
Así surgen importantes asesoramientos internacionales como los del BID y el de los japoneses. Estos últimos, en 1982, me revelaron en Tokio sus estudios viales como el Plan Tampa, consistentes en los corredores norte y sur, los giros a las izquierdas en la ciudad, la necesidad de construir puentes vehiculares en varios puntos de la ciudad capital y otras obras viales.
Poco a poco, estos planes viales se han complementado. Hay dos corredores, el norte y el sur, se amplió la vía Arraiján - Panamá, una gran cantidad de calles y avenidas se ampliaron, el puente de Las América ya no opera como un embudo y los puentes Baylei de Fito, en su mayoría están ya instalados y con el apoyo del BID, la ampliación de la carretera panamericana avanzó hasta Aguadulce.
Otras obras de infraestructuras viales y sociales, incluyendo la idea de un segundo puente sobre el Canal y el Hospital Santo Tomás ahora se les están imprimiendo velocidad. Esperamos que así sea y no como la necesidad de cortar la cinta en un acto inaugural para desfigurar el impacto histórico convirtiéndolo en bandera política.
Hay que reconocer que el ex presidente Ernesto Pérez Balladares puso énfasis en el impulso de las mismas y estoy seguro que pensó en que el país las requiere para su desarrollo y reactivación económica, sin pensar equivocadamente en los próximos torneos electorales para medir fuerza en las urnas con los pecunios del pueblo.
Esta obra es la segunda más importante, luego de la Terminal Nacional de Transporte, tras la vigencia total de los pactos canaleros. Es construida por una empresa alemana con vasta experiencia. Los vehículos -vengan de donde vengan- no se encontrarán con semáforo alguno.
En otras palabras, los automóviles tendrán paso expedito para encarrilarse con dirección hacia el Corredor Norte, a la ciudad y directo hacia el Corredor Sur, cuya proyección es construir otro puente vehicular en la 5 de Mayo y, a la inversa, del Corredor Sur y desde de la ciudad el tráfico será fluido hacia el interior del país, hacia todas las áreas del canal, rumbo a Colón, y con un amarre vehicular espectacular con el nuevo puente sobre el Canal, pasando por la vía Omar Torrijos.
Al respecto de obra, los veraguenses pagamos una cuota amarga de cerca de 28 millones de balboas que se nos arrebató del presupuesto nacional. Esos dineros estaban destinados a la ampliación de la carretera panamericana desde Aguadulce a Santiago de Veraguas y fueron desviados por incapacidad y razones políticas para construir ese gran trébol, cuya visión desarrollista -del gobierno anterior- busca integrar las áreas canalera al crecimiento urbanístico de la ciudad de Panamá.
Toda esta visión desarrollista, fue cuestionada durante la campaña electoral de 1999, a tal bajeza política que se dijo que de las carreteras no se come. Me costó entender este mensaje neandertal, puesto que, como viajero hacia el interior del país, sin duda alguna antes para ir a mi Santiago querido, tomaba cuatro horas y minutos más y, ahora, con más seguridad, menos velocidad en el volante, en cuestión de momento estoy allá, en esa gran ciudad del interior.
El impacto del desarrollo es perdurable y, quienes piensan con egoísmo político escogen el camino fácil del protagonismo electoral para torcer y desvirtuar las obras de los estadistas. Algo así como pescar en río revuelto.
Desde aquel 1 de octubre de 1979, sigo muy de cerca los esfuerzos para integrar al desarrollo urbanístico a las áreas revertidas y, doy mucha razón cuando en una entrevista en Tallahasse, Miami, Ambler Moss, ex embajador de Estados Unidos en Panamá me habló que en la medida en que los panameños pusieran empeño en los bienes revertidos, el crecimiento económico del país, en menos de 10 años, se distinguiría sobre el resto del área centroamericana y del Caribe.
Así surgen importantes asesoramientos internacionales como los del BID y el de los japoneses. Estos últimos, en 1982, me revelaron en Tokio sus estudios viales como el Plan Tampa, consistentes en los corredores norte y sur, los giros a las izquierdas en la ciudad, la necesidad de construir puentes vehiculares en varios puntos de la ciudad capital y otras obras viales.
Poco a poco, estos planes viales se han complementado. Hay dos corredores, el norte y el sur, se amplió la vía Arraiján - Panamá, una gran cantidad de calles y avenidas se ampliaron, el puente de Las América ya no opera como un embudo y los puentes Baylei de Fito, en su mayoría están ya instalados y con el apoyo del BID, la ampliación de la carretera panamericana avanzó hasta Aguadulce.
Otras obras de infraestructuras viales y sociales, incluyendo la idea de un segundo puente sobre el Canal y el Hospital Santo Tomás ahora se les están imprimiendo velocidad. Esperamos que así sea y no como la necesidad de cortar la cinta en un acto inaugural para desfigurar el impacto histórico convirtiéndolo en bandera política.
Hay que reconocer que el ex presidente Ernesto Pérez Balladares puso énfasis en el impulso de las mismas y estoy seguro que pensó en que el país las requiere para su desarrollo y reactivación económica, sin pensar equivocadamente en los próximos torneos electorales para medir fuerza en las urnas con los pecunios del pueblo.