El trilema de la "tercera fuerza"
Aunque nunca representó una amenaza para los principales contendores, la candidatura del señor Vallarino arrastró una votación significativa. El 17% de respaldo que obtuvo le convirtió, junto a sus aliados, temporalmente, en "la tercera fuerza".
Ese hecho le impone, tanto a él como a sus seguidores, la obligación de asumir posiciones frente a los problemas de importancia para el país, incluyendo los coyunturales.
El haberse lanzado al ruedo con aspiraciones presidenciales y haber invertido muchísimos miles de balboas en la aventura, hace suponer que sus intenciones no son pasajeras.
El líder aparente de la "tercera fuerza" también puede optar por el silencio, pero si no dice nada y pasa agachado, sus aspiraciones futuras, cualesquiera que ellas sean, se verían muy mermadas.
Pasadas las elecciones, asumimos que vendría un receso, para que todas las fuerzas políticas, las que perdieron y las que ejercerán el poder a partir del 1 de septiembre, evaluaran sus resultados y proyectaran sus futuras acciones.
Sin embargo, el partido gobernante, con su Secretario General a la cabeza, parece dispuesto a no esperar su paso a la oposición para atizar la desestabilización del país.
Ejemplos claros de lo que digo son su absurdo empeño por crear y nombrar a los magistrados de una nueva sala de la Corte Suprema, en forma arbitraria y contra todo sentido lógico, o de hacer nombramientos, por períodos que excederán al término de su mandato, o las amenazas, por algunos de sus copartidarios, de descabellados juicios contra la Presidenta Electa.
Desde luego, nadie esperaba que el PRD se comportara con la misma altura y madurez cívica con que lo hizo el gobierno de Guillermo Endara, durante el período de transición que le tocó presidir, pero sí esperábamos que tuvieran más sentido común y que actuaran de manera más inteligente. Pero tal parece que no terminan de asimilar su derrota electoral y que su cacareada reconversión democrática era sólo una careta para cazar incautos y perpetuarse en el poder.
A las pasadas elecciones concurrieron tres alianzas y, en principio, las dos perdedoras pasarán a formar la oposición al nuevo gobierno. En cuanto al comportamiento que asumirá el PRD, el partido que fue cabeza de "Nueva Nación", no caben especulaciones; sus actuaciones recientes aclaran cualquier duda que hubiera podido existir.
En ese sentido, es conveniente que se hayan quitado la careta, los actuales dirigentes, por lo menos. Si ellos son confirmados en el próximo congreso de ese partido muy poco cambiará. Si surgiera una nueva dirigencia, habría que esperar a que actúen para saber si algo cambiará, aunque, hablando con toda franqueza, no abrigo muchas esperanzas al respecto.
En cuanto a los que fueron sus aliados electorales: los liberales aranguistas y los solidaristas, se abre una gran interrogante que sólo ellos podrán despejar. El país está a la espera de que decidan si actuarán con independencia o se subordinarán al PRD, para asignarles la responsabilidad que les corresponda.
En cualquiera de los casos, lo importante es estar preparados para enfrentar con decisión cualquier intento de desestabilización, provenga de quien provenga.
Comencé este artículo refiriéndome a la denominada "tercera fuerza". De la alianza denominada "Acción Opositora" sólo subsistió el Partido Demócrata Cristiano y en torno a él girará cualquier intento de reagrupar y tratar de mantener cohesionados a los sectores que apoyaron la candidatura del banquero Vallarino.
El, particularmente, ha dicho muy poco después de las elecciones. Desafortunadamente para él, en este caso, el silencio no es una virtud. Y frente a los acontecimientos que viene provocando, deliberadamente el PRD, tendrán que dejar oír su voz.
Como yo lo veo, "la tercera fuerza", cualquiera sea la forma que adopte para organizarse, tiene dirigentes identificados, cuyo futuro, el de ellos personalmente, así como el de los sectores que representan, dependerá del camino que escojan, entre tres opciones muy claras: o se quedan callados, frente a los desmanes del PRD, convirtiéndose en sus aliados indirectos; o se alían abiertamente con el PRD en la Asamblea Legislativa y cavan su tumba política; o adoptan una línea independiente y de oposición constructiva e imparcial, con mente abierta para apoyar los proyectos positivos del próximo gobierno y para trabajar por el país.
Ese trilema, sólo a ellos corresponde resolverlo.
Ese hecho le impone, tanto a él como a sus seguidores, la obligación de asumir posiciones frente a los problemas de importancia para el país, incluyendo los coyunturales.
El haberse lanzado al ruedo con aspiraciones presidenciales y haber invertido muchísimos miles de balboas en la aventura, hace suponer que sus intenciones no son pasajeras.
El líder aparente de la "tercera fuerza" también puede optar por el silencio, pero si no dice nada y pasa agachado, sus aspiraciones futuras, cualesquiera que ellas sean, se verían muy mermadas.
Pasadas las elecciones, asumimos que vendría un receso, para que todas las fuerzas políticas, las que perdieron y las que ejercerán el poder a partir del 1 de septiembre, evaluaran sus resultados y proyectaran sus futuras acciones.
Sin embargo, el partido gobernante, con su Secretario General a la cabeza, parece dispuesto a no esperar su paso a la oposición para atizar la desestabilización del país.
Ejemplos claros de lo que digo son su absurdo empeño por crear y nombrar a los magistrados de una nueva sala de la Corte Suprema, en forma arbitraria y contra todo sentido lógico, o de hacer nombramientos, por períodos que excederán al término de su mandato, o las amenazas, por algunos de sus copartidarios, de descabellados juicios contra la Presidenta Electa.
Desde luego, nadie esperaba que el PRD se comportara con la misma altura y madurez cívica con que lo hizo el gobierno de Guillermo Endara, durante el período de transición que le tocó presidir, pero sí esperábamos que tuvieran más sentido común y que actuaran de manera más inteligente. Pero tal parece que no terminan de asimilar su derrota electoral y que su cacareada reconversión democrática era sólo una careta para cazar incautos y perpetuarse en el poder.
A las pasadas elecciones concurrieron tres alianzas y, en principio, las dos perdedoras pasarán a formar la oposición al nuevo gobierno. En cuanto al comportamiento que asumirá el PRD, el partido que fue cabeza de "Nueva Nación", no caben especulaciones; sus actuaciones recientes aclaran cualquier duda que hubiera podido existir.
En ese sentido, es conveniente que se hayan quitado la careta, los actuales dirigentes, por lo menos. Si ellos son confirmados en el próximo congreso de ese partido muy poco cambiará. Si surgiera una nueva dirigencia, habría que esperar a que actúen para saber si algo cambiará, aunque, hablando con toda franqueza, no abrigo muchas esperanzas al respecto.
En cuanto a los que fueron sus aliados electorales: los liberales aranguistas y los solidaristas, se abre una gran interrogante que sólo ellos podrán despejar. El país está a la espera de que decidan si actuarán con independencia o se subordinarán al PRD, para asignarles la responsabilidad que les corresponda.
En cualquiera de los casos, lo importante es estar preparados para enfrentar con decisión cualquier intento de desestabilización, provenga de quien provenga.
Comencé este artículo refiriéndome a la denominada "tercera fuerza". De la alianza denominada "Acción Opositora" sólo subsistió el Partido Demócrata Cristiano y en torno a él girará cualquier intento de reagrupar y tratar de mantener cohesionados a los sectores que apoyaron la candidatura del banquero Vallarino.
El, particularmente, ha dicho muy poco después de las elecciones. Desafortunadamente para él, en este caso, el silencio no es una virtud. Y frente a los acontecimientos que viene provocando, deliberadamente el PRD, tendrán que dejar oír su voz.
Como yo lo veo, "la tercera fuerza", cualquiera sea la forma que adopte para organizarse, tiene dirigentes identificados, cuyo futuro, el de ellos personalmente, así como el de los sectores que representan, dependerá del camino que escojan, entre tres opciones muy claras: o se quedan callados, frente a los desmanes del PRD, convirtiéndose en sus aliados indirectos; o se alían abiertamente con el PRD en la Asamblea Legislativa y cavan su tumba política; o adoptan una línea independiente y de oposición constructiva e imparcial, con mente abierta para apoyar los proyectos positivos del próximo gobierno y para trabajar por el país.
Ese trilema, sólo a ellos corresponde resolverlo.