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El turismo nuestro de cada día



El inconcebible que con toda la riqueza natural e histórica con que cuenta Panamá, todavía no tengamos estructurada una oferta turística para propios y extraños. Una gran cantidad de esfuerzos cristalizados hasta la fecha, surgieron a pesar de, y en algunos casos en contravía, del exiguo impulso oficial. La consecuencia de semejante improvisación es el inevitable desgreño, cuando no el caos.
Las autoridades actuales aseguran que están a las puertas de un anuncio. Les ha tomado dos años quitar el velo y presentar su obra. Han sido veinticuatro meses durante los cuales muchos proyectos vieron la luz al margen del demorado plan maestro. Tal vez la contradicción, entonces, será uno de los obstáculos que tendrán que enfrentar esos inversionistas que prefirieron iniciar su aventura porque el apoyo gubernamental seguía en mora y no se podía mantener huérfano el sector. Ojalá este vaticinio no se convierta en hecho y, ocurre, se respeten las ideas que decidieron partir por delante.
Ejemplos de lo que ha estado pasando por el letargo oficial durante los últimos dieciséis años es la explosión residencial en las tierras altas chiricanas, o la especulación con la propiedades en áreas playeras, el florecimiento de lugares de descanso, y uno que otro establecimiento de paseo dentro de fincas cafeteras o ganaderas, que aprovechan su actividad agropecuaria para fomentar la llegada de visitantes ávidos de algo diferente y natural.
Si muchas de estas iniciativas hubiesen estado coordinadas y apoyadas por las autoridades, los riesgos y costos iniciales habrían sido mucho más bajos. El brazo de la autoridad debió haber sido el soporte y catalizador de estas ofertas, lo mismo que el promotor de la participación ciudadana en proyectos olvidados como el museo de El Caño, o la albina del Sarigua. Ambos lugares permanecen en el tiempo, sin cuido ni fomento, casi en el olvido, cuando podrían formar parte de un circuito que genere visitas locales e internacionales.
La lista de sitios y activos ecológicos e históricos es larga, y es hora que Panamá se quite de encima el óxido y las telas viejas, para propiciar esa riqueza popular que puede crear el turismo, y que debe tener como basamento la acción al más alto nivel, lo mismo que de las juntas comunales, los municipios y toda agencia que, si no actúa a favor, puede convertirse en una piedra en el zapato.

101 años de Panamá América

 
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