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El valor de las memorias


En nuestro tiempo cobra cada vez mayor importancia el valor de las memorias. Las hay de variados temas y enfoques: las vinculadas con la violencia política pasada que circulan en la prensa, los mecanismos institucionales, los soportes culturales y las búsquedas personales. Sucesos y acontecimientos ocurridos hace décadas sobreviven en libros, testimoniales, documentales, leyes y comisiones, y reportajes especiales.

Lo que antes parecía una actividad exclusiva de los directamente afectados en situaciones de conflicto (sobrevivientes, madres, viudas, hijos, nietos, amigos, etc.), se ha transformado en un imperativo categórico colectivo de las sociedades modernas, con un mensaje directo: ¡Recordar para no repetir el pasado nefasto!

El valor de las memorias es de un impacto tal que trasciende nuestras fronteras. A través de su contenido conocemos nuestro pasado en sus distintos aspectos. El "deber de memoria" global invita a revivir nuevamente episodios, como "Auschwitz", "el Gulag" y el "11 de septiembre de 2001", con la advertencia de que se deben recordar para que no vuelvan a suceder. Por eso y por mucho más, hay motivos para alegrarse ante la proliferación de las memorias, que es una característica particular de nuestro mundo contemporáneo.

Las memorias permiten cultivar el sano hábito de la lectura en que se ha estabilizado el conocimiento del pasado, desde la perspectiva del presente, con miras hacia el futuro. En Panamá, cada día crecen el interés y la curiosidad por conocer nuestro pasado histórico (en lo político, social, cultural, económico, y en todo cuanto atañe a nuestro crecimiento y desarrollo como nación).

El conocimiento del pasado es fundamental para guiar el ejercicio de actividades del presente; para evaluar el cumplimiento de nuestros verdaderos valores humanos, las ejecutorias de nuestros funcionarios y de los empleados de la empresa privada, de los luchadores y luchadoras por las reivindicaciones nacionales y conceder el reconocimiento merecido a quienes intentaron una transformación política y social de nuestro Panamá, con la intención de generar un nuevo orden con mayor grado de justicia y participación social.

Evitemos quedarnos fijados en un nombre junto a una fecha en un mármol o en un metal frío. ¡Basta de nostalgia! Evolucionemos legando nuestras memorias a las generaciones futuras. Porque no existe una única memoria, de ahí el plural: memorias. Es menester seguir buscando recuerdos de conductas ejemplares y nuevas expectativas, mediante una actitud crítica y responsable.

101 años de Panamá América

 
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