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El veneno anti-yanqui y la política de Chávez


Caracas (AIPE)- La política exterior "revolucionaria" de Venezuela ha sido una víctima adicional de los atentados terroristas. El mundo multipolar del que con tanta ingenuidad se ha hablado estos pasados dos años en Venezuela, el intento de legitimar la guerrilla colombiana, de crear una alianza militar regional sin Washington, y hacer causa común con los enemigos radicales de Estados Unidos en el Medio Oriente y el Golfo Pérsico son todos ellos propósitos que hoy lucen más distantes que nunca, o definitivamente suicidas. El contenido ideológico básico de esa política exterior, profundamente anti-yanqui, se enfrenta ahora con un panorama mundial diferente, que debería conducir a una reconsideración. Pero esa rectificación de tono y contenidos no va a ocurrir. Hugo Chávez no quiere entender el significado de las nuevas realidades, y el poderoso estímulo sicológico del odio hacia los Estados Unidos le llevará a crecientes confrontaciones con Washington.
El anti-yanquismo es un veneno placentero para el espíritu de muchos latinoamericanos. Al respecto, el venezolano Carlos Rangel escribió páginas memorables. Es un veneno generado por el complejo de inferioridad que resulta del contraste entre el poder yanqui y la fragmentación, debilidad y atraso de nuestras naciones. Ese complejo nos conduce al camino fácil de atribuir a los Estados Unidos todos nuestros males, en lugar de procurar salir adelante con esfuerzo y tenacidad, sin ofrecer el triste espectáculo de sumisión mental "anti-imperialista". Lo peor del anti-yanquismo no es el complejo mismo, ni la ceguera de nuestros análisis en lo que tiene que ver con el coloso del norte, ni siquiera el hecho de que nos dificulta apreciar los aspectos positivos de la tradición política norteamericana. Lo peor del anti-yanquismo es que nos impide adoptar ante Washington una posición digna y equilibrada, en armonía con nuestros verdaderos intereses, que haga posible un intercambio creador. Una posición que no implique subordinación ni odio, sustentada en la adecuada comprensión de la realidad en que existimos. La posición de Chávez no es digna, ni inteligente; es infantil.
Hugo Chávez no sólo ha estado haciendo todo lo posible por distanciarse de Estados Unidos, por irritarles y provocarles gratuitamente, sino que su actitud le impide a Venezuela sacar provecho de las oportunidades que el nuevo escenario internacional está abriendo para un país petrolero, ubicado en el hemisferio occidental y considerado hasta no hace mucho amigo confiable de Washington. Es precisamente ahora, en momentos en que Estados Unidos empieza a enfrentarse con crudeza a los dilemas y desafíos de sus políticas, alianzas y conflictos en el Oriente Medio, cuando a Venezuela se le ofrece la perspectiva de explorar una alianza a largo plazo, con sentido geopolítico, dirigida a garantizar inversiones, respaldo y buena voluntad norteamericanas hacia nuestro país, y no exclusivamente en el sector petrolero. Podríamos ser mucho más importantes para Washington de lo que somos, y sacar de ello notables ventajas, si entendiésemos nuestros intereses vitales.
No obstante, esa visión geopolítica, que tiene muchísimo sentido para Venezuela, choca contra los prejuicios del izquierdismo anti-yanqui, tan arraigados entre los que nos dirigen, aunque no son compartidos por el pueblo en general, que ve con respeto, simpatía y esperanza a los Estados Unidos y se opone a la absurda y dañina cubanización de nuestra política exterior. El complejo de inferioridad anti-yanqui es un veneno corrosivo, que nos hace creer que ellos no harán otra cosa que explotarnos, a los inocentes y despistados "buenos salvajes", incapaces de asumir con inteligencia y dignidad la promoción de nuestros intereses, sometidos a las barreras autoimpuestas por una larga tradición retórica "anti-imperialista".
Peor para nosotros. Importa sin embargo tener claro lo siguiente: estamos ante un nuevo paradigma en las relaciones internacionales contemporáneas. La guerra en la que Washington se ha comprometido será larga y difícil, habrá derrotas y retrocesos y los costos serán elevados; pero podemos estar seguros de que Estados Unidos prevalecerá. Por lo tanto, un país como Venezuela, en lugar de seguir dando muestras de inmadurez, debería asumir con claridad tanto sus limitaciones como sus potencialidades, y las oportunidades que se le presentan en el nuevo contexto mundial.
(c)* Profesor de ciencia política, Universidad Simón Bolívar.www.aipenet.com

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