El verdadero camino hacia la constituyente
Que nuestro país necesita una nueva constitución es un hecho innegable. Que el proceso que lleve a este resultado deberá ser una constituyente originaria se basa en la idea de que se trata de refundar el país, es decir, en la observación acertada de que el modelo de sociedad que hoy caracteriza a Panamá precisa de un profundo cambio estructural. En otras palabras, dada la crisis general que existe en el país, que se expresa en un modelo de crecimiento económico concentrante y excluyente, en el colapso de los servicios públicos, la creciente inseguridad ciudadana y el deterioro ambiental, resulta fundamental definir y acordar un nuevo modelo de sociedad caracterizado por la defensa de los intereses de la nación, una democracia participativa, deliberativa y con protagonismo de la población, la presencia de la justicia social, así como por el pleno respeto a la naturaleza.
Este camino no solo difiere de las posiciones de los sectores económicamente dominantes, los cuales pretenden confundir la necesidad de la constituyente con un proceso de reformas destinado a consolidar las actuales estructuras que les aseguran su control económico y político. La misma intentaría eliminar cualquier vestigio de lo que este sector dominante considera resabios populistas existentes en la actual Carta Magna.
Los sectores dominantes, en caso de que la idea de la asamblea constituyente tome fuerza, tratarán de disfrazar sus reformas bajo el ropaje de un falso proceso constituyente, con el fin de que la "nueva constitución" se ajuste a sus intereses. Se trata de un cambio para que nada cambie. Este camino, al menos en términos propagandísticos, podría ser utilizado por la partidocracia.
Para quienes buscan la verdadera transformación, el camino hacia la constituyente originaria tendrá que ser trazado y ejecutado con precisión. Para esto debe entenderse que no se trata solo de repetir de manera reiterativa, vacía de contenido y forma, la idea de la necesidad constituyente. Tampoco se trata de entenderla como un simple ejercicio académico – jurídico realizado por un grupo de juristas iluminados. Por el contrario, hace falta entender que el objetivo de colocar al país en una nueva trayectoria es un proceso social, por medio del cual se debe construir una amplia fuerza social para el cambio.
Para comenzar, se tiene que vincular efectivamente los problemas cotidianos de la población con la necesidad de la transformación constitucional. Esto significa un proceso de concienciación que solo se puede dar si quienes proponen la constituyente originaria son capaces de comprometerse con la lucha de cada uno de los sectores afectados por la política neoliberal. Estas luchas, es importante entender, abarcan a los sectores populares, así como a las clases medias, cada día más golpeadas, así como a los productores del campo. Se trata, además, de un proceso que no acepta ni vanguardismos ni sectarismo, los cuales no harían más que dividir la fuerza necesaria. Es de este diálogo democrático y activo de los diversos sectores que sería posible construir un proyecto nacional alternativo, el cual sería plasmado finalmente en la nueva constitución de Panamá. No se trata, desde luego, de una aventura electoral.
Economista