El verdadero carnaval
Todos los nacionales reconocemos que el único carnaval considerado verdaderamente panameño es el que celebramos fuera de los perímetros de la ciudad de Panamá.
Para ser más exacto, todos los atributos que conforman lo que conocemos como "carnaval panameño" surgen, sin temor a equivocarnos, de una región que continúa celebrando las fiestas carnestolendas como nadie lo hace en ningún otro lugar del mundo: la Península de Azuero.
Esa tradición centenaria alcanza sus máximos exponentes en las provincias de Herrera y Los Santos. El origen de tan grande fiesta se le debe a comunidades todavía autóctonas esparcidas por el territorio de la península, cuyos habitantes crearon las bases de esta celebración.
Producto de la evolución de toda tendencia social, son las legendarias ciudades de Las Tablas y Chitré las que ha hecho de la celebración su más lujosa carta de presentación para nacionales y turistas.
El carnaval de Azuero es una fuente de producciones artísticas sin par en el territorio nacional.
Los versos que con aguda perspicacia, adornan la panameñísima música de murgas y tamboritos; las admirables obras estructurales que decoran los carruajes de las reinas y su corte de honor; los vestuarios que demuestran la capacidad de manos nacionales en Haute couture digna de exportarse; el concepto punzante, picaresco que todos conocemos de Calle Arriba y Calle Abajo, no son otra cosa que el espejo desde el que nos miramos como pueblo y que nos hace sonreír orgullosos al percatarnos que: todas las maravillas que desfilan ante nuestros ojos son hechas por panameños igual que tú y que yo.
Si usamos nuestra imaginación y creamos un Panamá sin el tesoro de las creaciones artísticas que nacen del carnaval azuerense, sentiremos un vacío que -a parte de náuseas- lo único que provoca es soledad y pereza.
Los ciudadanos que conforman esta "fábrica" de talento y que -con una noble terquedad- año tras año colaboran de esta manera con la creación de "el ser y sentir panameño" merecen ser tratados con más respeto por el gobierno central.
El crear una identidad sui generis no es el producto de un laboratorio social, ni mucho menos de una facultad de artes en claustros universitarios. Igual que las grandes tendencias sociales forjaron al arte universal en las calles de lo que hoy conocemos como "Europa"; de una manera criolla -pero con igual importancia y valor social- nuestro legado cultural y de identidad tiene su origen en los héroes anónimos que ejecutan de una manera magistral las manifestaciones de nuestro sentir como gremio social. El carnaval de Azuero es uno de estos "semilleros" donde se ha inventado gran parte de nuestra panameñidad.
Compatriota: Te toca a ti decidir en manos de quiénes deben recaer las millonarias partidas que anualmente -y en nuestras propias narices- el gobierno central regala a un carnaval aburrido que solamente exalta y enriquece a un puñado de artistas extranjeros montado en una tarima.
Estimado lector panameño: te sorprenderá saber que el nervio y motor de los mejores carnavales del país -esos que te han hecho reír y saltar- no reciben ni siquiera una fracción del total monetario que equivocadamente recibe el "show" de la ciudad capital de Panamá.
Te sorprenderá saber que los que han contribuido a ese orgullo que tú sientes cuando dices: "soy panameño"; los que desinteresadamente sacan la cara por este terruño con sus creaciones artísticas, no son remunerados en lo mas remoto de sus méritos.
Es hora de que las tunas de Calle Arriba y Calle Abajo reciban su muy merecido reconocimiento monetario para que puedan continuar con su labor socio-cultural enseñándole al mundo -verano tras verano- el derroche de potencial creativo que poseemos. Muchas gracias.