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El verdadero reto


“Revuelvo la mirada y a veces siento espanto cuando no veo el camino…” que se ha de tomar, parafraseando a Ricardo Miró, en “Patria”. Efectivamente nuestro pequeño país, que puede estar más cerca de “el huerto ya sin flores, sin hojas, sin verdor”, por la gran cantidad y complejidad de problemas que le toca enfrentar al nuevo gobierno, padece de un objetivo común, de un plan que camine desde este estado de cosas hacia un Estado moderno, en donde, y sin darle prioridad a ninguno, porque todos lo tienen, justicia, salud, educación, cultura y seguridad, por mencionar algunos, están, como escribió el poeta, con los “senderos retorcidos”.

¿Cómo es posible, por citar un ejemplo, que constitucionalmente está normado que los presupuestos del Organo Judicial y el Ministerio Público, en conjunto, no serán inferiores al 2% de los ingresos corrientes del Gobierno Central (art. 214), y es público y notorio que sólo es del 0.69% o una cifra similar? Es como para que demanden por inconstitucional la Ley del Presupuesto, ¿no les parece? Pero de darse esta alternativa, ¿podrán los magistrados de la Corte sacar un fallo a tiempo para que sea corregida esta distorsión “legislativa”?

Desde las Garantías Fundamentales, y siguiendo con los capítulos de “La Familia”, “El Trabajo”, Cultura Nacional”, “Educación”, y un larguísimo etcétera, la Carta Magna ha servido como un adorno, documento como para contar historias de ficción a los chiquillos, ya que los adultos usan estas páginas para otras cosas (lo dejo a su imaginación).

No se han desarrollado ni ejecutado leyes que castiguen ejemplarmente, no sólo a quienes entran pobres y salen millonarios, sino a todos las autoridades de la República que, por omisión o comisión, se extralimitan en sus funciones, causando daños, muchas veces irreparables, a los ciudadanos panameños.

Desde la expedición de visas irregulares a extranjeros que quitan trabajos a profesionales nacionales, hasta los tardíos fallos que ya no pueden hacer nada por sustracción de materia, que le llaman, tenemos una seria moratoria en el cumplimiento de la Constitución Política.

Ahora bien, por donde se mire el asunto, el grado de corrupción y de alteración en que se encuentra el sistema, como tal, amerita el razonamiento profundo y no político, al menos no como ha sido practicado en este lapso de tiempo. Pienso que han existido dos momentos, circunstanciales e importantes, para que se hubiese convocado a una Constituyente, que de manera tajante corte la gran cantidad de imperfecciones que la actual tiene. Uno, definitivamente, fue post invasión que, a mi juicio, signará por siempre a los tres importantes actores de ese momento; el otro, bien podemos estarlo viviendo ahora.

La estructura en que está planteada el funcionamiento del Estado panameño impide lograr cambios administrativos de manera ágil, como muchos piensan. Aquí cabría el consejo de que todos los nuevos funcionarios que entren a partir de julio próximo, deberían tomar un seminario del cómo y el por qué, ya que desde que se sientan en su nuevo puesto, verán venir el aparato de la burocracia como un medio demoledor de ideas, que no podrán poner en práctica a la velocidad que desean.

Todo esto me lleva a lanzar el verdadero reto, que bien pudiese ser utópico, pero valedero: Hagamos una Constitución nueva y adecuada a los tiempos anárquicos y a la vez modernos que estamos viviendo.

101 años de Panamá América

 
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