El voto a conciencia
"Los pueblos tienen los gobiernos que se merecen". La indolencia, desinterés y poca responsabilidad de los electores al momento de ejercer el sufragio, es la principal causa del clima de corrupción y de mala administración de la cosa pública de la que nos quejamos.
Es que al panameño le gusta votar, pero no sabe hacerlo. No es cuestión de depositar válidamente las papeletas para escoger a los distintos candidatos, sino que no lo sabe hacer a favor de los mejores. Siempre vota por quien le da algo a cambio y ése, de ordinario, es el peor. Una vez nombrado el pariente, abierta la vereda o reparada la tubería de agua, el candidato siente que ya pagó. Después viene el lamento por el presidente, alcalde o representante que nada hace o que hace mal.
Quizás eso explique el por qué de la pasividad y extrema tolerancia del pueblo por los desatinos y abusos de sus gobernantes. En el fondo, él sabe que los puso donde están y que tiene que aguantárselos porque tiene buena parte de la culpa.
Votar es, pues, más que depositar en la urna de cartón la papeleta. Implica escuchar, observar, discutir y meditar lo que plantean los candidatos. No es escoger al que mejor habla ni al más bonito, ni siquiera al más joven o viejo, ni al más pobre, ni "al de uno", ni al que trae orquesta y "guaro", ni al "más sencillo y buena gente", ni al que más propaganda linda pone.
Votar es escoger al mejor dotado para el puesto al que aspira. Sería un disparate hacerlo a favor de algún desconocido o de cuestionables antecedentes.
No tiene sentido ser cuidadoso en designar al mejor banquero que cuide nuestros ahorros, al mejor administrador que maneje nuestros bienes y fondos de retiro, a la mejor compañía que asegure nuestros riesgos, a la mejor escuela o profesor para que nos eduque y, en cambio, sí al primer truhán para que maneje los ocho mil millones de balboas de un presupuesto nacional del Estado nutrido por todos los panameños. Igual cabe para los demás puestos de elección. Si lo hacemos mal o a la ligera, ¡no nos quejemos después!
Por eso, nos parece positiva la campaña del capítulo local de Transparencia Internacional, para concientizar a los electores a usar bien su poder de voto o, como dice si titular, Angélica Maytín, "a que aprenda a ser muy exigente y meticuloso, como lo haría en una empresa familiar", pues "para la administración de este país y de la cosa pública, queremos a los mejores".
Es que al panameño le gusta votar, pero no sabe hacerlo. No es cuestión de depositar válidamente las papeletas para escoger a los distintos candidatos, sino que no lo sabe hacer a favor de los mejores. Siempre vota por quien le da algo a cambio y ése, de ordinario, es el peor. Una vez nombrado el pariente, abierta la vereda o reparada la tubería de agua, el candidato siente que ya pagó. Después viene el lamento por el presidente, alcalde o representante que nada hace o que hace mal.
Quizás eso explique el por qué de la pasividad y extrema tolerancia del pueblo por los desatinos y abusos de sus gobernantes. En el fondo, él sabe que los puso donde están y que tiene que aguantárselos porque tiene buena parte de la culpa.
Votar es, pues, más que depositar en la urna de cartón la papeleta. Implica escuchar, observar, discutir y meditar lo que plantean los candidatos. No es escoger al que mejor habla ni al más bonito, ni siquiera al más joven o viejo, ni al más pobre, ni "al de uno", ni al que trae orquesta y "guaro", ni al "más sencillo y buena gente", ni al que más propaganda linda pone.
Votar es escoger al mejor dotado para el puesto al que aspira. Sería un disparate hacerlo a favor de algún desconocido o de cuestionables antecedentes.
No tiene sentido ser cuidadoso en designar al mejor banquero que cuide nuestros ahorros, al mejor administrador que maneje nuestros bienes y fondos de retiro, a la mejor compañía que asegure nuestros riesgos, a la mejor escuela o profesor para que nos eduque y, en cambio, sí al primer truhán para que maneje los ocho mil millones de balboas de un presupuesto nacional del Estado nutrido por todos los panameños. Igual cabe para los demás puestos de elección. Si lo hacemos mal o a la ligera, ¡no nos quejemos después!
Por eso, nos parece positiva la campaña del capítulo local de Transparencia Internacional, para concientizar a los electores a usar bien su poder de voto o, como dice si titular, Angélica Maytín, "a que aprenda a ser muy exigente y meticuloso, como lo haría en una empresa familiar", pues "para la administración de este país y de la cosa pública, queremos a los mejores".