El voto útil
Hace unos días leí un artículo de mi querido amigo César Pereira Burgos titulado "El Voto Inútil", el cual buscaba sentar argumentos para calificar el voto en favor de Alberto Vallarino como un voto inútil. Sin ánimo de polemizar con alguien a quien aprecio por encima de transitorias posiciones políticas, me permito argumentar en contrario desde mi perspectiva muy personal, la cual justifica mi apoyo a Alberto.
Antes del verano pasado, cuando Alberto no estaba en el escenario político, sentía como ciudadano grandes preocupaciones por el curso que traía la oposición política. En 1997 en CADE, lo expuse con claridad al intentar ensayar algunas ideas en torno a cómo los panameños, juntos, podíamos enfrentar los grandes retos y oportunidades que pronto nos tiene deparado el destino. Esa exposición, aunque difícil para mí, recogía, porque así me lo manifestaron, el sentir de una gran mayoría de dirigentes opositores que aceptaban como crítico el escenario opositor, sobre todo frente a pretensiones reeleccionistas que luego, unidos y con gran sabiduría popular, rechazamos. Aunque parezca poco político, yo no iba a votar por la continuación del tradicionalismo político desgastado que se planteaba entonces, sólo porque un determinado partido, con una determinada candidatura, imponía un criterio en función de su tamaño electoral dentro del grupo opositor, y porque los demás colectivos no tenían otra figura para plantear como alternativa. Tampoco votaría PRD, lo cual me dejaba en la difícil situación de no votar el 2 de mayo de 1999. Para alguien que me conozca, sabe que estas palabras me cuestan, pero son mi verdad.
Me resulta muy difícil justificar en este momento tan trascendental para todos, mi voto en función, simplemente, de oponerme al PRD. Adicionalmente, me resultaría aún más difícil arriesgar mi futuro y el de mis hijos en función de un liderazgo en el que no creo, no por consideraciones personales, que no las tengo, sino por razones de capacidad para dirigir nuestro país. Las recientes presentaciones públicas lo confirman. Pero lo increíble de todo esto es que muchos de los dirigentes y asesores que apoyan esa candidatura lo saben y lo reconocen en privado, lo que me lleva a coincidir con un pensamiento de una gran amiga que le dijo a uno de esos asesores que "no podía entender cómo podían existir panameños que odiaran más al PRD de lo que quieren a su patria".
En función de lo que significa el próximo quinquenio, he apoyado a Alberto desde que salió al escenario nacional. El riesgo, siempre lo he tenido presente. Sabía que no iba a ser fácil. Pero a diferencia de muchos que no lo ven así, muchos panameños no nos identificamos ni con el continuismo ni con el tradicionalismo. Tampoco sentimos que la suerte de todo un país se tenga que definir en función de lo que sucedió a lo interno de un partido del cual no formamos parte. Si por alguna razón la suerte no nos favorece en esta ocasión, hemos iniciado la creación de un movimiento político hacia el futuro, con otra mentalidad, con otros ideales, dejando atrás y para siempre a los que desde hace mucho tiempo ya eran pasado.
El voto para Alberto jamás puede verse como inútil. Es un voto a conciencia, seguro de que estamos sembrando la transformación que este país requiere, con capacidad, con experiencia, sin el desesperado sentimiento, que nubla la razón, de pensar que ésta es la última oportunidad. Panamá requiere y merece mejores días. El 2 de mayo, si lo hacemos bien, saldremos adelante.
Si no, qué duro será labrar nuestro futuro dirigidos por quien no sabe o por quien no puede. Sin embargo, lo que ese día pase, será nuestro merecimiento, porque será la voluntad democrática del pueblo la que se imponga. Sólo los panameños decidiremos nuestro camino. Estemos bien claros respecto de las consecuencias negativas o positivas de nuestro proceder ese día.
Por mi parte, y estoy seguro que por la de los miles de panameños que apoyamos a Alberto, podremos dormir tranquilos y en paz por haber luchado con convicción por lo que creemos. Ese día empezamos. Otros, ese día, terminan.
Votemos a conciencia, sin desesperación. Por primera vez tendremos la oportunidad de escoger al mejor. Hagamos que nuestro voto se convierta en una herramienta democrática útil para transformar a Panamá bajo el liderazgo de un hombre capaz y con experiencia.
Resulta increíble pensar que votar por la mejor opción significa botar el voto. Es nuestro futuro lo que está en juego. Sepamos, pues, definirlo con acierto.
Antes del verano pasado, cuando Alberto no estaba en el escenario político, sentía como ciudadano grandes preocupaciones por el curso que traía la oposición política. En 1997 en CADE, lo expuse con claridad al intentar ensayar algunas ideas en torno a cómo los panameños, juntos, podíamos enfrentar los grandes retos y oportunidades que pronto nos tiene deparado el destino. Esa exposición, aunque difícil para mí, recogía, porque así me lo manifestaron, el sentir de una gran mayoría de dirigentes opositores que aceptaban como crítico el escenario opositor, sobre todo frente a pretensiones reeleccionistas que luego, unidos y con gran sabiduría popular, rechazamos. Aunque parezca poco político, yo no iba a votar por la continuación del tradicionalismo político desgastado que se planteaba entonces, sólo porque un determinado partido, con una determinada candidatura, imponía un criterio en función de su tamaño electoral dentro del grupo opositor, y porque los demás colectivos no tenían otra figura para plantear como alternativa. Tampoco votaría PRD, lo cual me dejaba en la difícil situación de no votar el 2 de mayo de 1999. Para alguien que me conozca, sabe que estas palabras me cuestan, pero son mi verdad.
Me resulta muy difícil justificar en este momento tan trascendental para todos, mi voto en función, simplemente, de oponerme al PRD. Adicionalmente, me resultaría aún más difícil arriesgar mi futuro y el de mis hijos en función de un liderazgo en el que no creo, no por consideraciones personales, que no las tengo, sino por razones de capacidad para dirigir nuestro país. Las recientes presentaciones públicas lo confirman. Pero lo increíble de todo esto es que muchos de los dirigentes y asesores que apoyan esa candidatura lo saben y lo reconocen en privado, lo que me lleva a coincidir con un pensamiento de una gran amiga que le dijo a uno de esos asesores que "no podía entender cómo podían existir panameños que odiaran más al PRD de lo que quieren a su patria".
En función de lo que significa el próximo quinquenio, he apoyado a Alberto desde que salió al escenario nacional. El riesgo, siempre lo he tenido presente. Sabía que no iba a ser fácil. Pero a diferencia de muchos que no lo ven así, muchos panameños no nos identificamos ni con el continuismo ni con el tradicionalismo. Tampoco sentimos que la suerte de todo un país se tenga que definir en función de lo que sucedió a lo interno de un partido del cual no formamos parte. Si por alguna razón la suerte no nos favorece en esta ocasión, hemos iniciado la creación de un movimiento político hacia el futuro, con otra mentalidad, con otros ideales, dejando atrás y para siempre a los que desde hace mucho tiempo ya eran pasado.
El voto para Alberto jamás puede verse como inútil. Es un voto a conciencia, seguro de que estamos sembrando la transformación que este país requiere, con capacidad, con experiencia, sin el desesperado sentimiento, que nubla la razón, de pensar que ésta es la última oportunidad. Panamá requiere y merece mejores días. El 2 de mayo, si lo hacemos bien, saldremos adelante.
Si no, qué duro será labrar nuestro futuro dirigidos por quien no sabe o por quien no puede. Sin embargo, lo que ese día pase, será nuestro merecimiento, porque será la voluntad democrática del pueblo la que se imponga. Sólo los panameños decidiremos nuestro camino. Estemos bien claros respecto de las consecuencias negativas o positivas de nuestro proceder ese día.
Por mi parte, y estoy seguro que por la de los miles de panameños que apoyamos a Alberto, podremos dormir tranquilos y en paz por haber luchado con convicción por lo que creemos. Ese día empezamos. Otros, ese día, terminan.
Votemos a conciencia, sin desesperación. Por primera vez tendremos la oportunidad de escoger al mejor. Hagamos que nuestro voto se convierta en una herramienta democrática útil para transformar a Panamá bajo el liderazgo de un hombre capaz y con experiencia.
Resulta increíble pensar que votar por la mejor opción significa botar el voto. Es nuestro futuro lo que está en juego. Sepamos, pues, definirlo con acierto.