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Elección para defensor del pueblo


El acuerdo legislativo entre el PRD y la democracia- cristiana entregó a este partido el dudoso derecho de nombrar al defensor del pueblo con el respaldo de los votos mayoritarios de la alianza. Los ciudadanos se resisten a admitir que la democracia cristiana nombre a uno de sus militantes, más allá de que alguno de ellos posea méritos para el cargo. Lo que los ciudadanos esperan es que, por sus principios éticos de raigambre cristiana, dicho partido abdique de las aparentes ventajas cuantitativas del acuerdo político y, en sentido contrario al favoritismo partidario, respalde con sus votos a un postulante caracterizado, primero, por su autonomía política, y segundo, por una trayectoria comprobada en defensa de los derechos humanos privados y colectivos.
El criterio que exponemos rige para todas y cada una de las membresías políticas, puesto que se sustenta en la necesidad funcional de procurar el apoliticismo, o apartidismo, del defensor del pueblo, dado que su desvinculación de las fuerzas políticas vigentes garantizarían la integridad de sus posturas y pronunciamientos. No se trata solamente de que el postulante cumpla el requisito mecánico de renunciar al partido que pertenecía para poder optar al cargo, como se exige en otras posiciones burocráticas. Se trata de cumplir con el espíritu de la ley para de esa manera se tenga la seguridad de que el defensor del pueblo es una persona en cuya independencia todos podamos confiar.
Fue, sin duda, un lamentable error que la Defensoría del Pueblo constituyera parte de la negociación del META. Aunque parezca tautológico, hay que enfatizar que se va a elegir al defensor del pueblo, es decir de la totalidad de los panameños, y no el defensor de una parcialidad partidaria. El error político se ha agravado al permitirse que postularan militantes del partido, insistimos, no obstante la capacidad intelectual y la integridad moral que ellos tengan. Afortunadamente estamos a tiempo de corregir el error.
El estilo del doctor Italo Antinori no gusta seguramente a algunas personas. Sin embargo, el estilo del defensor del pueblo se distinguió por su independencia frente a los poderes públicos y especialmente ante funcionarios públicos de alto nivel, empresas privadas y estatales, etc. Al cumplirse el período de su labor, el doctor Antinori deja un legado de autonomía que debemos fortalecer en vez de menoscabarlo, nombrando un sucesor dependiente de quienes lo eligen. Los acuerdos partidarios no pueden ponerse, bajo ninguna circunstancia, por encima de los intereses de la Nación.

101 años de Panamá América

 
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