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Elecciones


La próxima elección  presidencial en Estados Unidos presenta características muy interesantes e inéditas en la historia política de ese maravilloso país. Si se trata de un debate sobre ideas, e Irak acaparara el mismo, aunque después de tantos años ha ganado terreno el escepticismo de los demócratas; todavía hay quienes piensan que, frente a los últimos acontecimientos, las recetas más conservadoras de los republicanos son las más sensatas. No así, si lo que termina acaparando la atención de los norteamericanos es la situación de la economía, la crisis hipotecaria y del mercado de valores, del mismo modo como en 1992 el tema económico acaparó la campaña presidencial frente al  intento fallido de George Bush padre de reelegirse en la presidencia, y el reto del entonces desconocido aspirante de Arkansas, Bill Clinton.

Si la economía se sigue agravando y  creando un manto de desesperanza sobre el norteamericano promedio en relación con su futuro económico inmediato, ello sería definitivo para que salga a votar a favor de los demócratas. Por su parte, cada candidatura aporta también experiencia inédita a la campaña. Por el lado republicano, a pesar del carisma de Mitt Romney y del repunte en el súper martes de Huckabee, luego del 6 de febrero, no queda duda de que, por lo menos, el puntero de ese lado, quien además brilla con su propia luz, es el veterano de la guerra de Vietnam, John McCain.

Del lado demócrata, tengo que admitir que aún favoreciendo las posturas más moderadas de los propios demócratas y hasta más conciliadoras de los republicanos, el sobrio discurso de la senadora Hillary Clinton, y la elegancia y claridad de conceptos de Barack Obama, su atención a los problemas que de verdad importan y sin hacerse eco de las posiciones políticas de los liberales a ultranza, han introducido una fuente enriquecedora de ideas que auguran una renovación de la política norteamericana al margen de los resultados electorales.

101 años de Panamá América

 
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