Elecciones: alas y raíces
El verdadero ganador del proceso electoral es el pueblo panameño, pues confirmó que tenemos la capacidad de cambiar o mantener a los gobernantes por el camino cívico del voto y que podemos dilucidar nuestras diferencias con tolerancia. A fin de siglo y después de 22 contiendas electorales muchas de las cuales fueron manipuladas, intervenidas o golpeadas tanto por civiles, militares o factores foráneos podemos mostrar con orgullo una alta participación electoral, y respeto por los resultados hasta el punto de haber realizado dos referéndum (1992 y 1998) adversos al gobierno de turno y dos elecciones donde ha triunfado la oposición (1994 y 1999).
Claro que queda mucho por hacer para consolidar la democracia panameña, como por ejemplo la urgente necesidad de democratizar los partidos políticos, abrir la participación de la sociedad civil, intensificar los debates políticos, afinar los mecanismos electorales y sobre todo entender y asumir que la democracia es mucho pero mucho más que meter los votos en sus respectivas cajas cada cinco años y que se cuenten bien.
El dos de mayo el pueblo eligió de manera singular, pues situó a Unión por Panamá en el Ejecutivo y a Nueva Nación en el Legislativo, escogió a dos alcaldes de signo contrario en el área metropolitana (Panamá y San Miguelito) y combinó su voto en las municipalidades. En la práctica el electorado envió un mensaje antiautoritario, en la que les presenta a los políticos la única opción posible: deponer las diferencias y a través de un sistema de contrapesos y concertaciones guardar los colores partidarios y trabajar por el pais. Si este mensaje no es recibido y por el contrario imperan los intereses particulares sobre el interés general, estaremos inyectando veneno en las venas de la credibilidad democrática.
Los desafíos están frente a nosotros y son claros, nadie puede decir que no los ve o no lo saben. El ataque implacable a la pobreza a través del impulso del desarrollo económico pero con equidad social y sostenibilidad ambiental. La lucha contra la corrupción y la construcción de un gobierno al servicio de la gente. La capacidad nacional de autodeterminación y de manejar bien nuestros recursos. La desmilitarización y la convivencia democrática. Si el gobierno no sirve eficazmente para responder a estos desafíos, deja de ser parte de la solución para convertirse en parte del problema, y nadie le gusta votar para agrandar problemas sino para abonar a las soluciones.
Una mujer nos representará en la Presidencia y recibirá a nombre de todos(as), la brecha canalera que abrió nuestro territorio a las naves del mundo reafirmando el manejo soberano de nuestro territorio y de nuestra posición geográfica, lo que es señal de reconocimiento de la capacidad femenina cuando hace solo unas décadas se le negaba a la mujer incluso el derecho al voto, y hoy por hoy todavía existen diversos tipos de discriminaciones contra el desempeño de la mujer. También los triunfadores traen propuestas y compromisos adquiridos con la sociedad civil (pactos y acuerdos) que son de todos conocidos. Al mismo tiempo son conscientes de que tendrán que hacer un gobierno compartido con las otras fuerzas políticas y con la sociedad civil si quieren lograr sus metas. Saben que crece una ciudadanía cada vez más critica y vigilante que los observa, y no cesará de pedir no sólo rendiciones de cuentas sino ser tomados en cuenta como sujetos activos de la democracia.
Hodding Carter señaló que las dos cosas que podemos dejarle a nuestros hijos eran raíces y alas. A casi un siglo de ser república tenemos raíces plasmadas en experiencias positivas y significativas que nos permiten madurar las grandes decisiones que tenemos que tomar, de alguna manera la presencia simbólica de líderes como Arnulfo Arias y Torrijos expresan la búsqueda de esas raíces. Pero también necesitamos alas para encontrar el camino para la buena vida que todos y todas nos merecemos.
Panamá tiene oportunidades que no poseen muchos países del mundo, y evaluando sus necesidades y potencialidades es incorrecto e injusto que la mitad de sus habitantes padezca pobreza, que el país se desforeste día a día o que padezcan injusticias de diversos tamaños y grosor que son inadmisibles. Volar es gobernar no sólo para, sino con la gente, con todos(as) y por el bien de todos(as), y desarollar la imaginación y desenvolver las capacidades para potenciar las respuestas integrales y necesarias para avanzar en desarrollo y democracia.
Claro que queda mucho por hacer para consolidar la democracia panameña, como por ejemplo la urgente necesidad de democratizar los partidos políticos, abrir la participación de la sociedad civil, intensificar los debates políticos, afinar los mecanismos electorales y sobre todo entender y asumir que la democracia es mucho pero mucho más que meter los votos en sus respectivas cajas cada cinco años y que se cuenten bien.
El dos de mayo el pueblo eligió de manera singular, pues situó a Unión por Panamá en el Ejecutivo y a Nueva Nación en el Legislativo, escogió a dos alcaldes de signo contrario en el área metropolitana (Panamá y San Miguelito) y combinó su voto en las municipalidades. En la práctica el electorado envió un mensaje antiautoritario, en la que les presenta a los políticos la única opción posible: deponer las diferencias y a través de un sistema de contrapesos y concertaciones guardar los colores partidarios y trabajar por el pais. Si este mensaje no es recibido y por el contrario imperan los intereses particulares sobre el interés general, estaremos inyectando veneno en las venas de la credibilidad democrática.
Los desafíos están frente a nosotros y son claros, nadie puede decir que no los ve o no lo saben. El ataque implacable a la pobreza a través del impulso del desarrollo económico pero con equidad social y sostenibilidad ambiental. La lucha contra la corrupción y la construcción de un gobierno al servicio de la gente. La capacidad nacional de autodeterminación y de manejar bien nuestros recursos. La desmilitarización y la convivencia democrática. Si el gobierno no sirve eficazmente para responder a estos desafíos, deja de ser parte de la solución para convertirse en parte del problema, y nadie le gusta votar para agrandar problemas sino para abonar a las soluciones.
Una mujer nos representará en la Presidencia y recibirá a nombre de todos(as), la brecha canalera que abrió nuestro territorio a las naves del mundo reafirmando el manejo soberano de nuestro territorio y de nuestra posición geográfica, lo que es señal de reconocimiento de la capacidad femenina cuando hace solo unas décadas se le negaba a la mujer incluso el derecho al voto, y hoy por hoy todavía existen diversos tipos de discriminaciones contra el desempeño de la mujer. También los triunfadores traen propuestas y compromisos adquiridos con la sociedad civil (pactos y acuerdos) que son de todos conocidos. Al mismo tiempo son conscientes de que tendrán que hacer un gobierno compartido con las otras fuerzas políticas y con la sociedad civil si quieren lograr sus metas. Saben que crece una ciudadanía cada vez más critica y vigilante que los observa, y no cesará de pedir no sólo rendiciones de cuentas sino ser tomados en cuenta como sujetos activos de la democracia.
Hodding Carter señaló que las dos cosas que podemos dejarle a nuestros hijos eran raíces y alas. A casi un siglo de ser república tenemos raíces plasmadas en experiencias positivas y significativas que nos permiten madurar las grandes decisiones que tenemos que tomar, de alguna manera la presencia simbólica de líderes como Arnulfo Arias y Torrijos expresan la búsqueda de esas raíces. Pero también necesitamos alas para encontrar el camino para la buena vida que todos y todas nos merecemos.
Panamá tiene oportunidades que no poseen muchos países del mundo, y evaluando sus necesidades y potencialidades es incorrecto e injusto que la mitad de sus habitantes padezca pobreza, que el país se desforeste día a día o que padezcan injusticias de diversos tamaños y grosor que son inadmisibles. Volar es gobernar no sólo para, sino con la gente, con todos(as) y por el bien de todos(as), y desarollar la imaginación y desenvolver las capacidades para potenciar las respuestas integrales y necesarias para avanzar en desarrollo y democracia.