default

Elecciones chilenas: que no cunda el pánico


Casi todas las encuestas sugieren una reñida lucha presidencial entre Lagos y Lavín, con una mejoría notoria de la votación del segundo. Este puede ganar, y la prueba más clara de ello es observar cómo cunde el pánico entre los personeros cercanos al primero, tanto de los partidos que lo apoyan como del gobierno. Este no esta respetando la tradición republicana de la no intervención, y hasta el propio presidente Frei, que en general ha gobernado como un gran demócrata buscando consensos amplios, ahora se ha convertido en una suerte de activista.
Es natural que los funcionarios públicos tengan y manifiesten sus preferencias políticas, pero no es correcto que abusen del poder y de sus cargos para apoyar a un candidato, más aún si se considera que se les paga para que trabajen, con el dinero que nos quitan por la fuerza.
El presidente Frei está ensuciando su buen gobierno con un último año electoral en que han proliferado los favores o regalos a grupos de interés y las propuestas efectistas, como el plebiscitazo, que convertiría al Primer Mandatario en un dictador elegido y al Congreso en la nada misma. Tan grave como lo anterior es el intento de aprobar leyes en 10 días.
No, presidente. No es éste el camino que le conviene. Usted ha sido un buen gobernante y podría repetirse los espárragos, pero está deteriorando quizás su principal activo, que es su vocación democrática, tolerante y de amplios entendimientos.
Los democratacristianos experimentan una contradicción vital porque apoyan oficialmente a Lagos, pero se dan cuenta de que su eventual triunfo los va a destrozar como partido u opción política futura. Serían el jamón del sandwich entre un movimiento socialista fuerte y potenciado y una oposición que contaría con un número de votos similar. Los democratacristianos saben que cuando entregan la jefatura a los socialistas terminan hechos polvo, siguiendo el conocido caso italiano. Por eso no extraña que muchos de ellos acaben votando por Lavín, como, por lo demás, se nota en las encuestas. Y no hay que hablar de lo que ahora llaman temas valóricos, donde la contradicción entre el pensamiento cristiano y el socialista es más que evidente. No estamos en los tiempos de las luchas religiosas, pero todos tienen sus creencias y corazoncitos.
La opción de la Democracia Cristiana para gobernar nuevamente, no como comparsa sino como actor principal, se abre si gana Lavín. En este cuadro podrían encabezar una fuerte oposición capaz de triunfar en elecciones futuras, donde el nombre de Frei es una apuesta interesante, siempre que el partido recupere su tradición y se sacuda de las posturas socialistas y de puro poder que lo vienen desperfilando desde el decenio de los 60. Aunque, quizás, el problema no tenga remedio.
En verdad, el social cristianismo, brazo político de los cristianos contra el marxismo, dejó de tener sentido cuando éste colapsó.
Si yo estuviera en el Partido Demócrata Cristiano, tendría un poco de pánico.
Decano de economía de la Universidad Finis Terrae.

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América