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Elecciones en Argentina: Más de lo mismo


Los argentinos tienen derecho a sentirse estupefactos. La máquina del tiempo les está jugando una mala jugarreta. Los candidatos presidenciales que mañana compiten pertenecen a los mismos partidos que llevaron a la nación a la peor crisis económica y social del siglo XX. Algunos han variado los nombres de los grupos que los postulan, pero su ideología es la misma, lo mismo que sus promesas programáticas.
El justicialismo se ha subdividido como consecuencia de los cismas internos de tipo caudillista que diezman al partido fundado por Perón. Por un lado, está el ex presidente Carlos S.
Menem, al que se le atribuye el descalabro de la dolarización y el arranque del desplome del sistema. Menem se presenta como postulante del llamado Frente por la Lealtad, por cierto, una lealtad constreñida a su persona, puesto que su programa de gobierno no explica su deslealtad con los principios de la economía libre, desvirtuados por una corrupción más galopante que una estampida de caballos en las pampas.
El otro candidato justicialista es el representante subterráneo de Eduardo Duhalde, antiguo y encarnizado rival de Menem. Político inclinado a la izquierda, Néstor Kirchner dedicó más tiempo a responder señalamientos políticos que a formular sus propias propuestas. No esconde a los electores que es un seguidor de Duhalde, partidario del estatismo y adversario de la libre economía. Sin embargo, las últimas encuestas lo ubican no muy lejos de Menem y otras indican un empate técnico. Otro justicialista más o menos disfrazado es Adolfo Rodríguez Saa, quien asumió por una semana la presidencia de la república después de la renuncia del expresidente de la Rúa. Complicando más las identidades políticas, se presenta la legisladora Elisa Carrió, peronista ultrista que asume posturas de rescate del obsoleto mensaje justicialista, con promesas de erradicar la inmoralidad de la administración pública. Por el radicalismo, pero con el nombre de Movimiento Federal Recrear, compite Ricardo López, muy cercano al gobierno radical, pero con un mensaje similar a los de Alsogaray y Alemán, economistas partidarios de la empresa privada.
En resumen, el panorama no le presenta nuevas y legítimas opciones gubernamentales a los ciudadanos argentinos. Son escisiones de los partidos tradicionales embozadas con distintos nombres. Es previsible la necesidad de una segunda vuelta para definir al ganador.

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