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Elecciones en Francia: La extrema derecha al poder


La Torre Eiffel osciló como si la agitara un inesperado golpe de viento en el instante en que los medios de comunicación difundieron la noticia de que el ultraderechista enemigo de los inmigrantes africanos Jean Marie Le Pen había conseguido el segundo puesto en la primera ronda de las elecciones presidenciales. Un día antes, las encuestas aseguraban la repetición del duelo entre el Presidente de la República Jacques Chirac y el Primer Ministro Leonel Jospin, en un acto electoral que parecía ganado por una apatía que amenazó convertirse en un alto abstencionismo. Sin embargo, Le Pen surgió como un bólido, desplazando al socialista Jospin y pisándole los talones a Chirac.
¿ Qué le ocurrió a los ciudadanos franceses, tradicionalmente distantes de los extremos a la derecha y a la izquierda del espectro ideológico? Entre las interpretaciones políticas que se abren paso está la que sustenta que el líder del Frente Nacional, que hizo de la xenofobia y del ultranacionalismo su arma favorita de convencimiento de los electores, es el candidato que mejor calza a las necesidades actuales que reclama Francia. Slogans de Le Pen como " los franceses primero" y " mano fuerte contra los delincuentes" han calado hasta en los sectores populares donde el desempleo es una competencia diaria con los inmigrantes de Africa y la inseguridad, delicuencia en las calles amenaza a los galos. En las elecciones presidenciales de 1995 Le Pen alcanzó el 15 % de los votos, pero salió cuarto después de Chirac, Jospin y Balladur.
A los 73 años, el veterano de la guerra de Indochina ha ido ganando espacio progresivamente. Inició su carrera política a los 27 años como el diputado más joven de Francia, apoyado por la Unión y Fraternidad Francesa. En 1972 fundó el Frente Nacional, espacio político en el que convergen los sectores de la extrema derecha tradicionalmente antisemita, racista militante y adversaria radical de la mano de obra originaria del norte de Africa y el Africa subsahariana.
Desde 1972 Le Pen se ha presentado como candidato presidencial del Frente Nacional; un candidato algo anecdótico, pasto de las burlas de los caricaturistas y pretexto de ataques destemplados de la izquierda que no vacila en llamarlo fascistas. Pero, después de las elecciones del 21, obligadamente se le está tomando en serio.
Francia se ha inclinado a la derecha en esta coyuntura electoral. Más por razones de seguridad que por motivos ideológicos. Los socialistas jugaron la carta de la reducción de la jornada de trabajo y de fortalecer la seguridad social dentro del esquema del Estado Beneficencia. Jospin ha hecho un gobierno aceptable, pero es un hombre con un aspecto tan aburrido, que ha logrado el dudoso honor de hundirla en una las peores votaciones de la izquierda. Chirac, heredero del general De Gaulle y del expresidente Pompidou, tratará de captar votos socialistas para derrotar a Le Pen.
La segunda vuelta o ballotage se creó en la Quinta República, según se admite, para atajar las aspiraciones presidenciales de socialistas y comunistas y garantizarle a la derecha el Palacio de Matignon. Sin embargo, Francois Mitterrand rompió las tradiciones de la segunda vuelta. ¿ También las romperá Le Pen? Todo es posible en la dimensión desconocida de la política. Le Pen seguramente cuidará su lenguaje político y evitará los excesos verbales para vender su programa de gobierno, más allá de las etiquetas ideológicas. Chirac garantiza la defensa de los principios de la democracia representativa. Sin embargo, su lenguaje es sustancialmente el mismo de los mensajes de Le Pen. Europa Occidental está escandalizada por el repunte de Le Pen y el naufragio del socialismo. Pero la gente que votará el 5 de mayo es francesa y quiere trabajo y pasear por los Campos Elíseos o Montparnasse sin exponerse a un asalto. Esta es la cuestión.

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