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Elecciones hondureñas


El presidente constitucional depuesto de Honduras Mel Zelaya ha llamado a boicotear las elecciones generales del 29 de noviembre y desiste de querer volver a palacio. Esto implica el fin del acuerdo propuesto por Obama y Arias para encontrar una solución a la crisis hondureña mediante el hecho que Zelaya sea restituido para que él supervisase el traspaso del poder a un derechista que fuese electo en las urnas.

EE.UU. quisiera poder decir que el impasse hondureño empezaría a desbloquearse tras que estos comicios nominasen a un nuevo gobierno. Panamá y otros Estados han de reconocer a quien salga electo en éstos. Sin embargo, muchos países seguirán cuestionando este proceso y, al igual que los zelayista, se negarán a reconocer los resultados de una consulta que ellos indican será hecha por golpistas.

Si las elecciones hondureñas se dan manteniendo a Michelleti en palacio, el objetivo del nuevo gobierno electo (que posiblemente sea el del conservador Lobo) sería tratar de buscar una legitimidad internacional aduciendo que éste surgió de las ánforas y tratando de llegar a algún acuerdo con los liberales que siguen o no siguen a Zelaya. Su meta sería la de ir buscando desgastar a Zelaya y que progresivamente éste vaya perdiendo peso interno e internacional.

La cuestión de fondo es que un gobierno surgido de esta forma siempre tendrá un elemento para ser cuestionado de manera constitucional y ello servirá para azuzar constantes presiones y posibles explosiones sociales.

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